Excitaciones pueriles | El Nuevo Siglo
Martes, 7 de Mayo de 2024

En mi primer viaje a Israel me pidieron que aprendiera a utilizar de inmediato las máscaras antigases. Se temía que, en cualquier momento, Sadam Hussein atacara al país con armas químicas, o biológicas. Tal ataque nunca se produjo; y Hussein ya no existe.

Hace unos días, Irán atacó directamente a Israel.  

Pero el efecto ha sido el mismo: prácticamente insignificante, a pesar de haber utilizado más de 300 proyectiles, simultáneamente.

Sin duda, el sistema “Hetz” (Flecha) ha demostrado tener un sorprendente grado de efectividad, equivalente al 100 %.

Pero no se trata solo de tecnología física y cibernética. Lo cierto es que, ante todo, se trata de un asunto político-estratégico.

Irán pensó que tras los ataques terroristas del 7 de octubre, Jerusalem se limitaría a atacar a sus proxies (los autores materiales), pero no fue así.

Israel propinó un golpe demoledor a los persas, en Damasco, demostrando así que tiene perfectamente claro quién es el autor intelectual de la agresión de octubre.  Y que lo tiene en la mira.

Entonces, obligado a responder más temprano que tarde, Teherán cometió otro error: suponer que Israel enfrentaría la represalia en solitario, presa del aislamiento mundial.

Por el contrario, británicos, norteamericanos y franceses, junto a Jordania, vecino del atacante, actuaron a la par, rompiéndose así el mito de que entre árabes y judíos no puede haber unidad estratégica militar.

En consecuencia, lo único que Teherán consiguió es que los árabes prefieran el equilibrio de poder con los hebreos antes que la sumisión a los persas.

Con todo, Irán cayó en un error adicional, sumamente costoso: el de suponer que, tal como han actuado Washington y Londres con respecto a Kiev, sus aliados relativos, es decir, China y Rusia, les secundarían a ciegas para enfrentar a los occidentales en la retaliación contra Israel, incurriendo, como si fuera algo deleznable, en el riesgo de generar una especie de prolegómeno a “la tercera guerra mundial”.

En resumen, Israel ha recobrado el liderazgo en el uso del derecho a la legítima defensa ampliada y, hoy por hoy, no tiene por qué excitarse tanto como para caer en la puerilidad de represaliar masivamente a Teherán como por instinto, malgastando sus recursos.

Antes bien, podrá calcular con reposo y certeza cómo negarle a Irán el acceso al arma nuclear, que reconsidere la promoción del terrorismo, y que no siga experimentando con las disrupciones en América Latina.

Queda claro que la tarea es diplomáticamente compleja, pero plenamente factible: reconstruir a Gaza de modo multilateral, paralizar a los testaferros de los ayatolás, garantizar el equilibrio desde el Magreb hasta el Shatt-al-Arab, expandir los Acuerdos de Abraham, y conformar una coalición altamente flexible entre los árabes antipersas y el G-7 para quebrar el apetito expansionista iraní. 

vicentetorrijos.com