Ruptura de Petro con Israel | El Nuevo Siglo
Jueves, 2 de Mayo de 2024

* Decisivo acercamiento con Irán

* Velada defensa del terrorismo de Hamás

 

La ruptura de relaciones del gobierno Petro con el Estado de Israel es apenas un eslabón más en la actitud de una administración que desde el comienzo se situó al lado de los terroristas de Hamás, sin nunca condenar el cobarde genocidio que en pocas horas acabó con la vida de más de mil doscientos israelitas. Hecho en el que se produjeron al mismo tiempo más de 240 secuestros, en particular de niños, mujeres y ancianos, muchos de los cuales todavía permanecen injustamente cautivos en la franja de Gaza desde el siete de octubre pasado. Y cuyo “pecado”, bien como motivación de la matanza, bien del infame cautiverio, es precisamente ser judíos, según lo proclamaron desde el principio las hordas racistas de Hamás, desprovistas del más mínimo resquicio de humanidad y actuando de títeres de Irán.

Bajo esa perspectiva no debería ser, pues, una sorpresa que en medio de las celebraciones del Día del Trabajo el presidente Gustavo Petro usará la tribuna cedida por algunos sindicatos en la plaza de Bolívar para oficializar el rompimiento diplomático con Israel. Al fin y al cabo, las relaciones estaban implícitamente rotas desde hace varios meses por cuenta del intempestivo alinderamiento gubernamental cuyo propósito, dizque en favor de la vida, ha sido contemporizar con estos actos sistemáticos de muerte, sangre y terror protagonizados por Hamás. Y que, no por el profundo galimatías mental y las razones esquizoides que se aducen en la Casa de Nariño, siguen mereciendo la condena mundial por ser ampliamente demostrativos del desprecio por el Derecho Internacional Humanitario, el Derecho de los Derechos Humanos y, en suma, el derecho de gentes.

Por supuesto, que los detentadores temporales de las relaciones diplomáticas colombianas hayan procedido en ese sentido no significa, en absoluto, que el pueblo y nuestro país dejen de ser parte de lo que ha sido la política internacional permanente de Colombia: el reconocimiento del Estado de Israel y la creación de un Estado palestino. Sobre lo primero, es claro que aún con las abruptas decisiones gubernamentales de este momento ese reconocimiento se mantiene en toda la línea, pese al debilitamiento político que pretenden los áulicos palaciegos y ministeriales a la zaga de Hamás. Pero, aun rotas las relaciones, la creación del Estado de Israel y su desarrollo autónomo es un hecho irreversible en la política internacional colombiana. Que es precisamente lo que no quiere Hamás, pues su razón de ser es asesinar a los judíos y destruir al Estado de Israel. De manera que no condenar su accionar, y ahora proceder a la ruptura de relaciones colombo-israelíes, es congraciarse con ese esperpento terrorista, atentatorio de toda la legislación mundial en procura de la humanidad y la vida.

Por su parte, la instalación de un Estado palestino, tal y como fue concebido a mediados del siglo pasado por la ONU, no ha sido posible justamente por las descomunales agresiones que ha sufrido Israel a lo largo de estos últimos 70 años, desde la resolución jurídica inicial, conducta que ahora lidera el terrorismo de Hamás, precisamente el principal obstáculo en las pretensiones de lograr un Estado palestino pacífico y desarrollado. Y así ha ocurrido, inclusive llevando al traste con los acuerdos de Oslo que permitieron la instauración de la Autoridad Palestina, con lo cual queda perfectamente claro que también son un gigantesco impedimento para la paz y la concordia.

Ha tocado a Israel asumir, luego de semejante demostración de barbarie llevada a cabo por Hamás, la legítima defensa con el fin de garantizar su supervivencia como Estado y como entidad encargada de amparar y proteger a sus habitantes, por lo que dieron curso a un gobierno de unidad de nacional, en manos de Benjamín Netanyahu, que compromete a todos los sectores políticos que configuran el espectro de la vigorosa y multifacética democracia israelita. Durante la trayectoria de esa legítima defensa el Estado israelí ha aceptado, incluso, proceder en varias ocasiones al intercambio de prisioneros por la liberación de los secuestrados, pero Hamás siempre se guarda algo del inhumano botín. Ha sido ésta, sin duda, una época terrible en la que Israel, para lograr la recuperación de Gaza de manos de los terroristas, se ha encontrado con que estos mismos han utilizado la población palestina de escudo con el fin de refugiarse cobardemente, incluso camuflando sus arsenales en los hospitales y llevando al sacrificio a los propios gazatíes.

Discrepar de Netanyahu puede hacer parte del debate democrático, más cuando éste de algún modo favoreció en su momento el engendro de Hamás con miras de un supuesto apaciguamiento en la zona. Pero de ahí a pensar que acabando con las relaciones colombo-israelíes se favorece alguna salida civilizada frente a la enjundia terrorista y bárbara de ese grupo infamante es por descontado un despropósito, salvo porque se quiera de una vez consolidar el eje con Irán.