INFORME
Abstención, ¿mayor que en otros países?

Foto El Nuevo Siglo - Christian Alvarez
El número de apáticos fue inferior a las legislativa del 2014, pero la tendencia sigue por encima del 50%, tanto para Senado como para Cámara. En Perú o Argentina los ciudadanos votan más, pero son obligados. Nuevamente, el voto obligatorio vuelve a jugar 

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DICEN que, por excelencia, es el derecho ciudadano más importante en una democracia, pero muchos no lo ejercen. En Colombia, nuevamente, el abstencionismo fue muy alto, pese al llamado de muchos partidos a vencer la apatía y castigar en las urnas a los malos congresistas.

La abstención, según la Registraduría Nacional del Estado Civil, con el 99% de mesas informadas, fue del 52,12% para Senado. En el caso de la Cámara de Representantes, con el mismo número de mesas, llegó a 51,3%, números que confirman que más de la mitad de los colombianos que pueden ejercer el derecho al voto en el país no lo hacen, por diferentes motivos.

El abstencionismo es un fenómeno ampliamente estudiado por la Ciencia Política. Académicos como Robert Jackson, después de un análisis comparado, explican que este fenómeno castiga más a los sectores más desfavorecidos y tiende a ser mayor en zonas rurales que en urbanas.

Muchos no votan

En 2014, en Colombia, la Misión de Veeduría Electoral de la Organización de Estados Americanos (MVE/OEA) registró que la abstención llegó al 56%, un número preocupante en comparación con otros países de la región. En comunicado al Gobierno nacional, esa vez recomendó “estudiar los altos niveles de abstención en los comicios y buscar soluciones para superar este fenómeno, que se une además al de los votos nulos, sin marcar y en blanco”.

Los indicadores, cuatro años después, muestran un panorama mejor. La abstención en un universo electoral mayor, bajó casi cuatro puntos porcentuales, pero sigue siendo preocupante.

Algunos han propuesto combatir la apatía con el voto obligatorio, una figura que se emplea en algunas democracias de la región, pero genera una serie de dudas por su carácter impositivo y el tipo de sanciones que debe imponer.

En 2014, el senador conservador, Heriberto Sanabria, propuso un proyecto de ley para que en Colombia el voto fuera obligatorio. “El voto es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento por el ciudadano. Aquellos ciudadanos que no cumplan el deber de votar serán sancionados con la prestación de servicio comunitario regulado por el gobierno nacional”, decía el texto preliminar.

Este, como otros proyectos, se hundió en el Congreso, sea por desinterés del legislativo o por falta de apoyo de los parlamentarios. ¿La figura no es conveniente para sus intereses? ¿No es legítimo, desde el punto de vista democrático, obligar al ciudadano a votar?

Experiencia comparada latina

En algunos países del mundo, el voto es facultativo, mientras que en otros es obligatorio. En Perú, según el artículo 31 de la Constitución  de 1993, el voto es “personal, igual, libre y obligatorio hasta los setenta años. Es facultativo después de esa edad”. Debido a esta condición, se asume que hay un menor nivel de abstencionismo con el fin de asegurar que quienes sean elegidos cuenten con un alto número de votos. En las últimas elecciones presidenciales en Perú, en 2016, de acuerdo con cifras de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), hubo un total de 81,8% de participación y solo un 18,2% de abstencionismo a pesar de las multas impuestas al no acudir a las urnas.

Lo mismo ocurre en Ecuador. Citando la Constitución de este país, en su artículo 62, se establece que las personas pueden ejercer su derecho al voto “bajo la disposición que será obligatorio para las personas mayores de 18 años”. Así, como en el caso peruano se puede evidenciar que dada esta disposición de la Constitución se presentó una participación importante en las elecciones presidenciales de 2017. De acuerdo con cifras del Consejo Nacional Electoral de Ecuador, para la primera vuelta la participación fue del 81,7% y para la segunda de un 83%.

¿Voto obligatorio? Una vez más

En una análisis comparativo, José Fernando Flórez, investigador colombiano, explicó en su texto “abstencionismo, composición del electorado activo y perspectivas del voto obligatorio en Colombia” (2015) que la abstención es una figura explicada tanto por las características del voto como por las del sistema político.

En Latinoamérica, para combatir este fenómeno, se han planteado diferentes fórmulas. Perú y Argentina, de diferentes maneras, han establecido sanciones pecuniarias, que van desde un salario mínimo hasta los diez salarios. En México, como en algunos países europeos, no hay sanciones, pero sí existe un llamado institucional para que se cumpla obligatoriamente el ejercicio al voto.

Sin o con voto obligatorio, Latinoamérica intenta incentivar y combatir el abstencionismo. Pero esta figura, de lejos, es la más usada, frente a la apatía electoral y las dificultades institucionales.

Según Flórez, en el mundo una quinta parte de las democracias tenían voto obligatorio en 2015. “40 países aplicaron leyes de VO en el pasado y 27 continúan haciéndolo en al menos alguna de sus unidades administrativas (International IDEA, 2011)”.

Expertos como Pippa Norris, politólogo, cuentan que el voto obligatorio tiene efectos distintos en democracias “viejas” y “nuevas”. En las primeras, “el 14.2% induce al incremento de la participación”, mientras que en las segundas sólo tiene un aumento del 2%.

En este marco, Colombia está ubicada dentro de las democracias “nuevas”. Su andamiaje institucional, además de la conciencia de sus electores, permite decir que el ejercicio de voto se ve torpedeado por falta de organización, como en el caso de los tarjetones de las consultas interpartidistas, dificultades geográficas (sobre todo en área rurales) y apatía de los ciudadanos.

La abstención sigue siendo preocupante en la población y no hay indicios que demuestren que, en otras oportunidades, la tendencia va a cambiar.