Chile: faro de la democracia

  • Piñera, sinónimo de desarrollo
  • Retos del nuevo gobierno

 

Mañana se posesiona el presidente de Chile Sebastián Piñera, que sucede a Michelle Bachelet, de la izquierda  socialista, quien, a su vez, había recibido el poder años atrás del hoy nuevo Jefe de Estado. Y este, antes, de la ahora saliente mandataria. Una alternación producto de elecciones libres que muestran como la democracia austral continúa  siendo una de las más estables de la región, incluso mediante la llamada ‘ley del péndulo’ político. La madurez institucional de este pueblo es proverbial y ya lo había pronosticado el Libertador Simón Bolívar, en los albores de la Independencia: “Chile está madura para ser libre”. Y así lo ha demostrado a lo largo de la historia. Incluso el golpe de estado perpetrado por el general Augusto Pinochet intentó justificarse en su hora con el pretexto de impedir que el gobernante Salvador Allende virara, con el apoyo del líder cubano Fidel Castro, a un régimen autoritario de corte socialista como el que imperaba en la isla. Quince años después, finalmente, sucedió lo impredecible: el dictador, un 5 de octubre de 1988 convocó  a un plebiscito sobre su permanencia en el poder. Un 55,9 por ciento de los chilenos optó por el "No" a Pinochet y un 44 por el "Sí". El régimen militar, ante el dictamen, renunció y dio paso a un mandato civil. Muy distinto a lo que pasó recientemente en Colombia -que se proclama como la democracia más estable del continente-, en donde se convocó a un plebiscito refrendatorio del acuerdo de paz, el mismo que perdió el Gobierno, pero este hizo caso omiso a las mayorías populares. Algo muy similar, es decir desconocer la voluntad popular, hizo en su momento el presidente Hugo Chávez, al consultar a los venezolanos sobre su reelección. Aunque perdió la votación, por medio de una polémica “ley habilitante” trasgredió la voluntad popular y siguió aferrado al cargo.

Michelle Bachelet, hija de un general acusado de tener nexos con la izquierda y que resultó defenestrado en prisión durante el gobierno de Pinochet, también conoció las mazmorras de la dictadura y la persecución de las fuerzas de seguridad en tiempos de la dura represión militar. Lo que no impidió que mantuviese una firme postura democrática y respetuosa de los contrarios. A su turno, Piñera se cuenta entre los empresarios que mantuvieron comunicaciones con el gobierno militar para ayudar a restaurar la economía y, posteriormente, retornar a la democracia. Como su antecesora, el nuevo mandatario es respetuoso de las reglas de juego institucionales y aboga para que se cumpla a rajatabla la Constitución Política.

En Chile el recuerdo de la desastrosa política económica de extrema izquierda de Allende, con la persecución a los propietarios agrícolas y los industriales, que llevó el país a la bancarrota, ha determinado que el electorado no caiga en la tentación de apoyar a la izquierda populista. Lo mismo que la extrema derecha no cuenta con el apoyo de las mayorías, en tanto que en los cuarteles los pronunciamientos políticos han sido abolidos y la Fuerza Pública es hoy por hoy defensora y garante de primera línea de la estabilidad democrática y el imperio de la ley.

Por todo ese trasegar histórico y caracterización política es que Chile se cuenta como una de las democracias más estables de Hispanoamérica, comparable con la de países europeos.

En un cambio de gobierno sin traumatismos y con los escarceos de la campaña electoral ya en el pasado, Piñera asume el poder comprometido a llevar a cabo una transformación del país. Para ello seleccionó un equipo de colaboradores expertos. Quiere aplicar un programa de activación económica por 14 mil millones de dólares que impactará 35 grandes sectores y su plan de desarrollo es el más progresista de las últimas dos décadas.

Piñera entra a ser parte de una poderosa alianza de gobiernos democráticos que están contra el populismo desafiante de la izquierda y del llamado “socialismo del siglo XXI” que tanto daño le han hecho a Latinoamérica, al llevar a la quiebra económica, la inestabilidad política y la crisis social a no pocas naciones. Su elección confirma que el continente está virando de nuevo a la centroderecha.

El nuevo gobernante de Chile, al igual que Bachelet, es un gran amigo de Colombia y partidario de fortalecer las relaciones comerciales y culturales. Su llegada al poder es una muestra de cómo los pueblos valoran la experiencia y las capacidades de estadista, vocación por el progreso y el fortalecimiento de la democracia de sus líderes.