RELEVO
El indestronable Tillerson se va

Foto Xinhua
Salió de la secretaría de Estado luego de presuntas diferencias con el Presidente sobre las negociaciones con Corea del Norte, y otros temas. En su reemplazo llega Mike Pompeo, exdirector de la CIA, conocido por sus posiciones nacionalistas
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ERA UNO de los intocables. Nadie creía que, como James Comey y Michael Flynn, fuera echado por un tuit. “You are fire”. Pero la relación con Trump ya no daba para más. Su distancia era incuestionable. Rex Tillerson, el destituido secretario de Estado, siempre mantuvo diferencias con el actual gobierno, a tal punto que le costaron su puesto.

Las apariencias engañan, sobre todo en política. Trump y Tillerson aparentaban ser buenos amigos. Cómplice del otro, el ex secretario de Estado parecía un hombre moderado y calculador, que sopesaba los arranques del Presidente, acostumbrado –aparentemente- a hablar en caliente.

Despido instantáneo

Las diferencias entre los dos vienen de hace tiempo, según CNN. “Decidí despedir a Tillerson porque no estábamos de acuerdo con la estrategia en áreas clave de política exterior”, como el acuerdo nuclear con Irán, firmado en 2015 por Barack Obama y, sorprendentemente, por el tono “de la diplomacia norteamericana”, dijo Trump, ayer.

Nuevamente, las formas de Trump quedaron entredichas. No las relativas a su manera de hablar, sino a los medios como les comunica a sus funcionarios que, “you are fire”, están despedidos.

Según Tillerson, Trump lo llamó ayer (martes) al mediodía, tres horas después de que saliera en los medios, para anunciarle que había sido removido del Departamento de Estado, reportó The Washington Post.

Luego de agradecerle a todo el cuerpo diplomático “por su honestidad e integridad” y a los norteamericanos, además de al secretario de Defensa Jim Mattis, una de las pocas fichas que siguen al lado del Presidente desde que asumió, Tillerson no dijo una sola palabra sobre su jefe. Trump no le significó nada.

En la misma declaración, visiblemente afectado, hizo énfasis en la falta de resultados contundentes sobre la injerencia rusa, el tema que ha puesto a tambalear al gobierno del que hará parte hasta el 31 de diciembre, cuando le entregue el mando de la diplomacia norteamericana a Mike Pompeo.

Junto a Tillerson, Steve Goldstein, subsecretario de Estado para la diplomacia pública y asuntos públicos, también fue despedido. Este había dicho que “el secretario (Tillerson) tenía toda la intención de quedarse debido al progreso tangible logrado en cuestiones críticas de seguridad nacional”.

Goldstein desmintió la primera versión que el jefe de personal de la Casa Blanca, John Kelly, había dado. Según ésta, el mismo Kelly había llamado el sábado en la mañana, momento en que Tillerson cumplía con su gira por África, para avisarle que había sido despedido. Ayer, Goldstein dijo que sólo hasta el martes se había comunicado la decisión, versión que se contradice con lo dicho por la Casa Blanca.

Por varios meses

Aparentemente Trump y Tillerson eran buenos amigos, coincidían en los males que aquejaba a la política exterior norteamericana y creían que viniendo del sector privado  -empresario de hotelería y petróleo- podían enrumbar a Estados Unidos en el mundo. Pero lo anterior no es cierto.

El Presidente explicó que “por mucho” había pensado en destituir a Tillerson, situación que parecía impensable ante los escándalos que rodean a la actual administración por la presunta “colisión” con funcionarios del Kremlin durante la campaña presidencial 2016.

La voluntad de Trump se hizo efectiva después de múltiples diferencias. “En realidad me llevé bien con Rex, pero teníamos una forma de pensar diferente, un pensamiento diferente”, dijo  ayer, y agregó, “cuando miras el tratado con Irán, creo que es terrible. Supongo que pensó que estaba bien. . . . Entonces, realmente no estábamos pensando lo mismo. Con Mike, Mike Pompeo, tenemos un proceso de pensamiento muy similar. Creo que va a ir muy bien”.

Ahora queda claro que Trump siempre pensó que su Secretario de Estado pertenecía al “establecimiento”, con el que ha peleado desde antes de asumir la Presidencia, tanto con republicanos como demócratas.

El fondo del asunto fue el manejo  que se dio al diálogo con Corea del Norte. Según TIME, Tillerson se molestó al saber que Trump había manejado las conversaciones secretas con el régimen comunista unilateralmente, mientras que él viaja en una gira por África.

Estas negociaciones fueron el foco de la agenda de Tillerson, que, al pie de la letra, había manejado la crisis de misiles con Kim Jong bajo criterios disuasivos en un tire y afloje que dio resultado, al menos ahora.

Pero Tillerson es un hombre de carácter. Un petrolero que, sin estar en ejercicio de un cargo diplomático, negoció la salida de Exxon de Venezuela con Hugo Chávez, hizo amistad con varios regímenes autocráticos en Medio Oriente y era un consentido de Vladimir Putin, quien, antes de asumir, lo llamaba habitualmente, según The New York Times.

Esa experiencia, acompañada de, ahora sí, una línea política distinta, hicieron que él, hasta el 31 de marzo Secretario de Estado, siempre dudara de su jefe. Una vez, en un mitin en noviembre del año pasado, reportó NBC que Tillerson llamó a Trump “imbécil”. Al ser preguntado por el tema, no negó lo dicho.

En su reemplazo, llega Mike Pompeo, nacionalista y militarista, que encargado por Trump había dirigido la CIA con mano dura. “Mike Pompeo, director de la CIA, se convertirá en nuestro nuevo secretario de Estado. ¡Hará un trabajo fantástico!”, tuiteó Trump. Tras la salida de Pompeo, Gina Haspel, primera mujer elegida para el cargo, se convertirá en la directora de la CIA.

La destitución de Tillerson es un mal anuncio para Latinoamérica. En Colombia y Venezuela, especialmente, el secretario de Estado había vivido varios años, conformando una amistad importante que serviría eventualmente para acercamientos bilaterales, más teniendo en cuenta que Trump viene al país en abril.