CRÓNICA
De la añoranza al primer voto

Foto Cristian Álvarez/ El Nuevo Siglo
Mientras algunos añoraron los años en que el índice quedaba marcado con la tinta y no había “compra de sufragios”, otros estaban ansiosos  por acudir por primera vez a las urnas, esperando “verdaderos cambios"

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Un dejo de tristeza acompañaba a quienes por años han acudido a las urnas porque, entre otras cosas, ya no pueden demostrar que votaron debido a que “ya no salimos con el dedo pintado de tinta”, mientras que otros lo hicieron con la esperanza de que su primer sufragio ayude a cambiar la política del país.

Los jóvenes, los que por primera vez llegaron a una mesa, exhibieron con orgullo sus cédulas relucientes, recién sacadas ‘del horno’ porque acaban de cumplir la mayoría de edad.

Pero esa alegría de participar en la política iba acompañada de temor e incertidumbre por saber si estaban tomando la decisión correcta al escoger a uno u otro candidato.

La experiencia de cada uno de los ‘novatos’ también es única. Es así como por ejemplo, Alejandra hizo la fila, pero, tal vez por los nervios, olvidó cómo debía marcar los tarjetones y debió pedir ayuda: ¿Cómo hago para que no me anulen el voto?, ¿debo marcar solo el partido o el candidato?

Tras la presentación de la cédula a los jurados y recibir los tarjetones, camina emocionada hacia el cubículo donde se demora unos minutos, regresa con los talonarios doblados en cuatro. Una de las mujeres de la mesa la guía hacia las urnas. Alejandra se acerca e introduce las papeletas.

Luego indicó: “puedo decir que esta experiencia es totalmente nueva y pues que ella tiene el conocimiento de lo que previamente se ha informado”. Agrega que “creo que los jóvenes no deberíamos involucrarnos tanto en esto, porque todavía somos muy inmaduros y nos podemos dejar llevar por las decisiones y opiniones de otros. Todavía no tenemos la capacidad para tomar estas decisiones de gran magnitud que afectan a todo el mundo”.

En otra parte de la ciudad, Nicolás Niño, un joven de 20 años, expresó todo lo contrario: “creo que los jóvenes deberían involucrarse más en esta clase de temas; para nadie es un secreto que es el futuro de nuestro país. Como consejo les digo, antes de votar por una persona, estudien, investiguen por quién van a votar y tengan fundamentos de por qué lo eligen”.

En el Colsubsidio de Mazurén, Gilberto Álvarez, un joven votante que aunque dejó el título de primerizo hace unos años aseguró que “es importante votar porque elegimos a la personas que nos van a representar y que nos gobernarán durante los próximos años”.

Del otro lado estaban los adultos, o los de la tercera edad, que llegaron desde las 7 de la mañana, por aquello de que “al que madruga Dios lo ayuda”, para cumplir con el deber y con la esperanza de contribuir a dejarle a los niños y jóvenes un mejor mañana, puesto que “nosotros ya perdimos la esperanza en esta Colombia que cayó en la corrupción”.

Es por ello que a pesar del frio de la mañana, Roselia llegó muy puntual para ser la primera en votar en su barrio San Francisco al sur de Bogotá.

A ella la atormentan problemas como la falta de oportunidades laborales, la delincuencia y el consumo de droga en zonas verdes. “Voy a votar a ver si puedo ver un nuevo amanecer antes de morirme”.

En su mente están frescos los recuerdos que vivió en su finca, ubicada en una vereda de Vélez, Santander, por no acceder a vender su voto como los demás, dice ella. Obligada por aquella situación no tuvo otra opción que migrar a la capital, donde libremente pudo votar, pero donde asegura que no hay mucha diferencia para las personas de tercera edad.

Así mismo en Palmiras, un puesto de votación en el barrio Patio Bonito, Víctor Torres, ejerció su derecho al voto, aunque antes lo dudó, pensó en si depositar el tarjetón o mejor romperlo. “No más corrupción, no más injusticia” es lo que quiere. Sus dudas radican en que los candidatos de este año, no se han pronunciado con planes y programas para la tercera edad. “Nosotros todavía tenemos que ofrecerle a Colombia”, dijo.

En cambio Alejo, a sus 72 años, recuerda que el día de las elecciones hace 30 años, era totalmente diferente a lo que es ahora. “Soy campesino. Recuerdo que cuando uno tenía que votar, utilizaba una tinta roja para marcar su huella; en ese entonces los candidatos ofrecían almuerzos, incluso daban aguardiente, por eso que no existía lo que ahora llaman ley seca”.

Y, repitió aquello de que “los tiempos de antes siempre serán mejores que los de ahora. Las personas elegidas sí trabajan para el pueblo y no tenían la necesidad de robarse la plata, incluso celebraban con el pueblo lanzando pólvora, ahora todo es corrupción”, por eso mi voto fue en blanco.