Metro de Bogotá toma ritmo

  • Compra de predios, proceso delicado
  • Urge concentrarse en las megaobras
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Si bien es cierto que en la larga y fallida historia de los proyectos para construir un sistema Metro en la capital del país no en pocas ocasiones las administraciones distritales que adoptaron medidas en ese sentido las catalogaron como “la primera piedra” de la obra, bien se puede decir que este paso, finalmente, se concretó la semana pasada.

Lo anterior porque la empresa Metro de Bogotá dio inicio al mecanismo para la adquisición de 1.242 predios que son necesarios para construir la primera línea del sistema que, como se sabe, ya tiene la financiación aprobada, tanto por cuenta de la Nación como del Distrito Capital. Ese proceso de compra estará acompañado de un completo plan de apoyos y garantías para los dueños de las viviendas y demás inmuebles que serán afectadas por la construcción de la obra.

Este es, sin duda, uno de los pasos más delicados en el proceso para la construcción de este sistema de transporte masivo, toda vez que se trata de entrar en contacto directo con la población que tendrá que dejar sus casas, negocios y demás inmuebles para darle espacio al Metro. Adquirir semejante cantidad de predios no es fácil pues requiere, de un lado, la mayor transparencia a la hora de cuantificar el valor justo de las propiedades y, de otro, una vigilancia extrema para evitar que los ‘avivatos’ traten de hacer de las suyas.

La compra de los predios ya es posible porque los modelos técnicos permiten saber el trazado de esa primera línea que irá desde el Portal Américas hasta la estación de la calle 72, es decir un tramo de 24 kilómetros. Ya también está definido que será un viaducto elevado en su totalidad, a más 13 metros de altura y un ancho de 10 metros, sobre el cual se moverán trenes con tecnología de punta.

A la par de lo anterior, la Administración Distrital ya había indicado que con el fin de acelerar las obras del Metro, este año se iniciaría el traslado anticipado de redes que puedan afectar los tiempos de la construcción. Se tiene previsto, por ejemplo, mover 23 kilómetros del sistema de acueducto y alcantarillado.

También se espera que la Empresa Metro, que tiene aprobado desde finales del año pasado un plan de endeudamiento hasta por $10.85 billones de pesos, avance en los trámites para obtener los créditos correspondientes.

De igual manera, según el cronograma definido en noviembre pasado, cuando la Nación y Distrito firmaron el convenio de cofinanciación para iniciar la construcción del Metro, se tiene previsto que en este mes arranque el proceso licitatorio, con la publicación de los prepliegos por parte de la Empresa Metro. Si se cumplen los plazos, la apertura de licitación sería en mayo con la publicación de los pliegos finales.

Por ahora, parece que los cronogramas van avanzando según lo previsto y el Metro debería, entonces, en 2023 empezar a rodar para pruebas técnicas y que un año después entre en operación comercial, con capacidad para mover 72 mil  pasajeros por hora en cada sentido.

Como en varias ocasiones se ha recalcado en estas páginas, lo importante es que tanto la administración distrital como la ciudadanía en general se concentren en la necesidad de impulsar las megaobras que se están adelantando a lo largo y ancho de la capital del país. Afortunadamente ya se alejó la posibilidad de una citación a las urnas para que los bogotanos decidieran sobre si revocaban o no el mandato del alcalde Enrique Peñalosa. Habíamos insistido en que no es momento para ejercicios electorales de esa índole, no sólo porque al actual burgomaestre ya le restan menos de 22 meses de gestión, sino porque el grueso del Plan de Desarrollo está, ahora sí, en plena ejecución. Estabilidad en el rumbo de la urbe es lo que más se necesita en estos momentos, más aún porque estamos a pocos meses de que se opere el relevo en la Casa de Nariño y será necesario acompasar el ritmo de la ciudad al tono y proyectos del nuevo gobierno nacional.

Como ya se dijo, la “primera piedra” de la ruta del Metro ya se puso y es hora de acelerar el paso para hacer realidad una de las más sentidas, y fallidas, necesidades de los capitalinos para superar el caos de movilidad vial que hoy se sufre.