¿Nueva ‘guerra fría’?

  • Aumenta tensión Rusia-Reino Unido
  • El espionaje de vieja y nueva data

 

Por las tensiones que se están produciendo entre las  potencias por cuenta de las operaciones cruzadas de  espionaje y las continuas controversias por las actuaciones de sus respectivos servicios secretos, algunos analistas sostienen que el mundo pareciera enrutarse a nueva “guerra fría”. Otros, por el contrario, sostienen que esta nunca terminó y menos por la caída de la Unión Soviética. Como se sabe, el mismo presidente ruso Vladimir Putin reconoce que cuando estuvo en la KGB se ocupaba de la inteligencia ilegal, tema que le apasiona. A su vez, los Estados Unidos mantienen el espíritu de los tiempos de la “guerra fría” entre sus servicios secretos, que siempre están en alerta frente a sus rivales nuevos y también los más históricos. Los tiempos cambian, así como los gobiernos, mas la preocupación por conocer los planes del “otro” no termina nunca. Qué piensa el “amigo” y el “enemigo” son la obsesión de los expertos en seguridad de cualquier país.

Los servicios de inteligencia y contrainteligencia de las potencias no duermen, y menos aún en estas épocas decisivas en la que así como se libran pulsos geopolíticos y guerras físicas, también hay una puja por el dominio del ciberespacio que no parece tener límites. Para nadie es un secreto que Rusia sostiene una pugna dramática con Occidente, desde Estados Unidos hasta la Unión Europea, por hacer prevalecer en el universo del internet sus respectivos intereses. Los ciberespías vigilan, infiltran y manipulan cuanta tecnología digital sea posible. No es extraño, entonces, que así como años atrás estalló todo el escándalo de “Wikileaks” por las operaciones de espionaje físico y virtual estadounidense en todo el mundo, más recientemente priman las acusaciones al Kremlin por intentar penetrar la red de tráfico de información y contenidos en Occidente. Es más, Moscú está señalado de intervenir, mediante un ‘ejército’ de hackers, en las elecciones de Estados Unidos para favorecer a Donald Trump.

El último capítulo de esta nueva o vieja “guerra fría” es el fuerte conflicto político y diplomático entre el  Reino Unido y Rusia por acusaciones mutuas de espionaje e injerencia de sus servicios secretos. El caso puntual tiene que ver con Sergei Skripal, un valioso y antiguo espía ruso al servicio de Inglaterra, que fue liberado por Moscú tiempo atrás, en un intercambio de prisioneros, y que pasó a residir en el Reino Unido. Allí, a comienzos de este mes, fue blanco de un mortal ataque con un agente nervioso letal, junto a su hija.

Skripal, al parecer, fue reclutado por el Reino Unido, en los años 90 y por el rango que tenía en los servicios soviéticos de entonces, consiguió pasar información clasificada  a Occidente. Lo que aduce ahora Londres, es que al refugiarse en Inglaterra, el ex espía gozaba de las mismas garantías de los súbditos ingleses. Por tanto, al intentar asesinarlo en ese país,  los agentes rusos que pudieron participar en ese crimen, también cometieron  una agresión contra Reino Unido y su soberanía. De allí que el gobierno de Theresa May haya adoptado sanciones fuertes, como expulsar a 23 funcionarios de cuerpo diplomático moscovita acreditado en Londres.

La ya de por sí preocupante situación se complicó aún más al conocerse que otro antiguo refugiado ruso, comprometido en varios escándalos financieros en su país, Nicolau Glushkov, también pudo haber sido asesinado, este 12 de marzo y que la orden de eliminarlo provino del mismo Putin, que lo consideraba un enemigo peligroso. Es obvio que para que un funcionario policial atribuya la comisión de un crimen a un gobierno extranjero se requiere el visto bueno del Ejecutivo local. Es más, May no se limitó a denunciar la trasgresión del gobierno ruso a la soberanía y seguridad inglesas, sino que trasladó el asunto a sus aliados y les pidió solidaridad -que obtuvo-, dado que a este tipo de ataques están expuestas todas las naciones de Occidente.

Y la cuestión no paró ahí. El Reino Unido anunció que se abstendría de enviar una delegación oficial al Mundial de Fútbol en Rusia, lo mismo que ningún miembro de la familia real asistirá a la inauguración. Aun así la selección sí competirá.

Es claro que con las investigaciones penales, aun en etapa preliminar y con Putin a escasos días de ser reelecto, Moscú se mueve con precaución en este caso, aunque alcanzó a replicar que no acepta amenazas. También insistió en que responderá, como corresponde, a las sanciones diplomáticas por los que considera infundios sobre esos crímenes, en lo que niega cualesquier participación.

Como se ve, todo esto parece un capítulo más de los tantos que vieron décadas atrás por las tramas de espionaje entre las potencias. Tramas propias de la “guerra fría”, esa que algunos dicen que está renaciendo, pero otros consideran que siempre ha estado vigente.