UNA NUEVA DINÁMICA DE COMPRA Y VENTA
Un novato en una subasta

Foto El Nuevo Siglo - Claudia Beltrán

DE la curiosidad al miedo y de allí a la emoción. Son tres sentimientos que se experimentan desde el momento en que se decide ir a una casa de subastas para conocer lo que se hace en ese lugar y entender las razones que motivan a un público, cada vez más creciente, de asistir a estos eventos.

Lotes, paletas, martillo, precio base y puja son los términos usuales en el ambiente de las subastas pero para un novato resultan muy desconocidos. Con la curiosidad propia de un debutante en un evento se mezcla con la gente que poco a poco empieza a llenar el lugar con la ilusión de adquirir una o más piezas de las que esa noche ofertarán y que, generalmente de antemano conocen por haber visto el catálogo que se publica para tal fin o, en esta era tecnológica, el internet.

La vívida experiencia del novato se registra en Bogotá Auctions, la casa de subastas que lleva varios años dedicada a este arte de buscar, cotizar y poner en venta cientos y variadas colecciones. Así han llevado “a remate” desde libros, juguetes, vinos, documentos históricos (mapas, grabados, etc) hasta obras de arte.

El novato decide ingresar a este mundo, para él tan extraño como poco apasionante, en un plan de “desparche”. La fría noche bogotana le hace apurar el paso y entrar rápidamente a la casa donde será la subasta. Su primera y grata sorpresa es ver que contrario a lo que se imaginaba los asistentes no son todos adultos o mayores. Es una mezcla de éstos con jóvenes como él. Ello hizo que su primer sentimiento, el miedo, comenzara a desaparecer, porque se desvirtuó la posibilidad de que se viera como “un bicho raro”.

El sentimiento que casi de inmediato invadió al novato fue la curiosidad. Así, ya en el segundo piso de esta amplia casa del norte de Bogotá tuvo la posibilidad de conocer y escrutar los lotes, compuestos algunos de una sola pieza, que se iban a subastar. Se sorprendió al encontrar antiguos libros con mapas históricos de algunas ciudades como Cartagena, colecciones de escritos sobre varios temas, entre ellos de derecho; primeras ediciones de algunos otros y, entre ellos, la considerada estrella de la noche: María de Jorge Isaacs, en un perfecto estado de conservación. Al igual se “topó” con un poema de Rafael Pombo, que aunque famoso por sus cuentos y fábulas, también dejó un legado de rima y prosa.

Tan absorto como sorprendido por lo que encontraba en las mesas perfectamente dispuestas con los lotes a vender, el novato no alcanzó a escuchar el “vamos a comenzar” con el que la anfitriona de Bogotá Auctions invitaba a los asistentes a ir a la sala. Por ello fue el último en tomar asiento y asir con su mano derecha la paleta que previamente le habían otorgado con un número, que sería su identificación en el evento.

A su lado apreciaba las personas concentradas en el catálogo y en espera de que lo que buscaban saliera a oferta. Una voz fuerte y un duro golpe sobre la madera, fueron como un “llamado de atención” para el novato. La subasta comenzaba. Muy atento y curioso observaba a su alrededor. Presumía que había coleccionistas, anticuarios pero también personas como él, que también serían debutantes esa noche.

Uno a uno se puso en venta los lotes, algunos más atractivos que otros. Y al igual que recordaba en alguna película de cine, en su más tierna infancia, el novato veía cómo se daba la llamada puja. “Arrancamos en $10.000  por este mapa antiguo de Cartagena. ¿Quién da más?, decía la mujer que con martillo en mano identificó el novato como el subastador y que minutos más tarde se enteró de que se le llamaba el martillo.

El ambiente era formal y los interesados comenzaban a levantar sus paletas mejorando la oferta de otro postor. El precio base iba subiendo de tanto en tanto hasta que, de acuerdo con el lote y el interés de los compradores, se llegaba a uno por el que finalmente se vendía y el golpe del martillo sobre la madera marcaba el fin de la transacción.

El miedo y la curiosidad del novato, a estas alturas, eran cosa del pasado ya que estaba experimentando la emoción y hasta la adrenalina que experimentan los compradores cuando con paleta en mano pujan para quedarse con aquello que les interesa. La escena, que se repetía con los lotes en venta, entusiasmó tanto al novato,  al punto de que se hizo partícipe en ella, y en un determinado momento ofertó para adquirir un grabado, a un precio asequible, pero filas más adelante hubo un mejor postor.

No hubo desilusión, ni tristeza ni frustración en el novato. Por el contrario, el ambiente que continuaba siendo formal estaba impregnado de la emoción que cada quien, a su modo, vive en una subasta. “Tal vez es el mismo que se siente cuando se participa en un juego de azar”, comentó a EL NUEVO SIGLO este joven que al culminar el evento se enfiló en preguntas contra los organizadores.

¿Cada cuánto hacen subastas? ¿Venden solo lotes como los que vimos esta noche? ¿Hay algún tipo de objetos o colecciones que eventualmente ustedes traigan a ofertar? Esas fueron solo algunas de sus preguntas que al encontrar respuesta lo dejaron más atónito y entusiasmado que nunca.

Agradecido porque le disiparon sus dudas y todavía con la paleta en la mano el novato abandonó la casa, no sin antes prometerse no sólo que volvería, sino que diría a amigos y conocidos que una subasta no es lo que se imaginan: que está reservada para gente mayor, de gran poder adquisitivo y que no sólo se ofertan y venden obras de arte.

Creando cultura

Los gestores de Bogotá Auctions señalan que con las subastas quieren crear una cultura y demostrar que éstas son para cualquier persona. Además que son una experiencia enriquecedora porque es un encuentro con el arte y la historia.

Hernando Castro, no de los participantes esa noche en que el novato acudió a Bogotá Auctions describe el evento como  “un lugar en donde se puede apreciar la oferta y la demanda de las distintas obras y libros. Es interesante ver que es lo que está pidiendo la sociedad”. Y agrega que “cada subasta tiene su encanto. Las primeras  fueron libros, luego primeras ediciones y cada día se van transformado, abarcando diferentes temáticas, lo que las hace más atractivas”.

Otra de las compradoras de la noche, Marina Téllez, invita a las personas a participar en estas subastas. “Generalmente se tiene miedo o desinterés por desconocimiento. Sin embargo éstas son una nueva dinámica de compra y venta, así como una forma de encontrar cosas o documentos que uno creía perdidos”.