¡Vote y decida!

  • Un nuevo Congreso con múltiples retos
  • Hay candidatos para todos los gustos

 

Si bien es cierto que todas las citas a las urnas son importantes, no solo por los cargos y decisiones que se ponen a consideración de la voluntad popular, sino porque ratifican el vigor de la democracia en Colombia, los comicios parlamentarios que se llevan a cabo hoy apuntan a marcar un punto de inflexión en el devenir nacional. A diferencia de las tres últimas contiendas por los escaños del Senado y la Cámara de Representantes, en la actual no está presente la sombra de la reelección presidencial, el grueso de las Farc se desmovilizó y convirtió en un partido político que participa de las elecciones, hay un amplio consenso en torno a romper la negociación con el Eln y optar por acabarlo militarmente y, por último pero no menos importante, el país atraviesa una crisis de confianza y credibilidad institucional sin precedentes, en gran parte por los escándalos de corrupción que llegaron hasta las más altas esferas de los tres poderes públicos. A todo ello debe sumarse que la economía atraviesa una difícil coyuntura, el narcotráfico se encuentra en auge, la oleada migratoria venezolana se volvió un problema de índole nacional, los picos de inseguridad urbana se disparan, en tanto que las disidencias armadas de las Farc y las bandas criminales están generando un rebrote de la violencia en muchas zonas del país, en donde la llamada era del posconflicto es apenas un espejismo de un acuerdo de paz que mantiene polarizada a la opinión pública e involuciona en un proceso de implementación a cual más accidentado y trabado.

Ante semejante escenario de crisis de viejo y nuevo cuño es claro que el Congreso que hoy se elija deberá tener un papel preponderante en las medidas para tratar de solucionarlas de forma parcial o definitiva. Hay un cúmulo de reformas legales y constitucionales que los salientes Ejecutivo y Legislativo fallaron en sacar adelante, pese a la urgencia que las caracterizaba. De allí la importancia crucial de las elecciones parlamentarias de hoy y las presidenciales que tendrán en mayo su primera citación a las urnas.

En medio de un verdadero alud de candidatos al Senado y la Cámara, y sin perder de vista que muchos de los vicios politiqueros persisten tanto a nivel nacional como regional y local, es claro que en la mayoría de las listas de los partidos y movimientos políticos hay algunos perfiles muy interesantes para cumplir con la tarea de rencauzamiento nacional que se impone a partir de los próximos 20 de julio y 7 de agosto. Sin entrar en la desgastante y macartista diferenciación entre aspirantes tradicionales o nuevos, de maquinaria o de opinión, respaldados en estructuras partidistas o en movimientos políticos alternativos, es evidente que la ciudadanía tiene un amplio menú de perfiles y propuestas para escoger.

Si bien es claro que la campaña no se distinguió por un debate programático muy amplio y que se impuso la quisquillosidad de las reacciones por las redes sociales, hubo un grupo de aspirantes que sí expuso ideas y posturas interesantes, inteligentes y serias. Lo importante es que cada ciudadano analice bien a cada candidato, sea del partido o movimiento que sea, y vote a conciencia. Para corromper al votante se necesitan dos: el que paga por la trampa y el que se deja comprar. Sin embargo, a estas alturas del siglo XXI la persistencia de prácticas tan burdas y anacrónicas como el trasteo de electores, la compra y venta de votos y otras modalidades de corrupción al sufragante ya parecen desuetas. Hoy la ciudadanía debe y tiene una mayor conciencia política y es más activa para hacer valer sus derechos, incluido el de elegir y ser elegido. Si cada persona actúa en consecuencia, los politiqueros de oficio perderán terreno.

Por lo mismo, en un país con índices de abstención que bordean el 50 por ciento es urgente que la ciudadanía no sólo vote, sino que lo haga a conciencia. Abstenerse de ir a las urnas, no marcar el tarjetón o anular intencionalmente el voto, sólo le sirve a las castas políticas de siempre que, al tenor de la evidencia, tienen el país en la crisis que hoy arrastra en múltiples flancos.

Como se dijo, en el maremagno de aspirantes al Congreso hay buenos e interesantes perfiles. Los hay dentro de los parlamentarios que aspiran a la reelección, otros que quieren saltar de Cámara a Senado, aquellos que se postulan por primera vez y también en las fórmulas de opinión que buscan implementar una nueva forma de hacer política. Por ejemplo, como todo el mundo sabe el conservatismo necesita un rescate interno que lo vuelva a poner a tono con las necesidades del país. Para ello la fórmula de opinión más precisa es la de Miguel Gómez Martínez para Senado y María Elisa Uribe Vegalara a la Cámara por Bogotá.

El llamado, entonces, es a asistir a las urnas hoy. En manos de cada ciudadano está la posibilidad de redirigir el rumbo del país y no se puede ser inferior a ese derecho y deber. ¡Hay que votar! ¡Hay que decidir!