La amenaza invernal

  • Gran parte del país en estado de alerta
  • A prueba Sistema Nacional de Gestión del Riesgo

La temporada invernal está arreciando en todo el país. La intensidad de las lluvias y de otros fenómenos asociados como tormentas eléctricas, bajas temperaturas, inundaciones y deslaves, tienen prendidas las alertas. Lo más preocupante es que, según el Ideam, en lo que resta de abril la pluviosidad será aún mayor, razón por la cual todos los colombianos deben prepararse para un segundo trimestre pasado por agua. Afortunadamente los reportes de las últimas semanas indican que el número de víctimas mortales, heridos, damnificados y pérdidas materiales por el invierno no es tan crítico como el del año pasado, cuando grandes tragedias como las que azotaron a Mocoa y Manizales pusieron el saldo fatal cerca a las 400 pérdidas humanas.

Sin duda alguna la actual temporada de lluvias es una prueba de fuego para el Sistema Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, cuya estructuración y financiación ha venido mejorando de forma progresiva a partir de la tragedia invernal registrada entre 2010 y 2011, cuando la presencia  del fenómeno climático de “La Niña” generó una de las más graves emergencias de los últimos años que exigió inversiones en materia de atención, mitigación, rehabilitación y reconstrucción por más de 10 billones de pesos, ya que más del 80 por ciento del territorio se vio afectado por la intensa ola invernal que dejó más de 2,4 millones de damnificados y 400 fallecidos. Entre viviendas y edificaciones institucionales fueron más de 4.000 las estructuras afectadas.

Esa costosa tragedia le dejó al país una serie de lecciones sobre la urgencia de contar con un sistema de atención y prevención de emergencias más eficiente y estructurado. También fue el primer gran campanazo sobre el alto grado de vulnerabilidad de Colombia a las lesivas consecuencias del calentamiento global. No en vano desde entonces el Fondo de Adaptación al Cambio Climático empezó a ser considerado como una pieza fundamental dentro de la política de desarrollo sostenible en nuestro país. Por igual, el Ideam direccionó parte de su esfuerzo no sólo al pronóstico meteorológico sino a estudios sobre riesgos de inundación, índices de deforestación, situación de los glaciares, impacto del clima en la salud, informes sobre residuos peligrosos y calidad de aire. En cuanto al cambio climático hoy se cuenta con un inventario nacional de gases de efecto invernadero a escala regional y local, mapas de riesgo muy detallados, un primer estudio de “Cienciometría de Cambio Climático” así como una encuesta de percepción pública al respecto y hasta un documento sobre Políticas Públicas y Cambio Climático…

Todo lo anterior es lo que hoy le permite al país conocer que el 100 por ciento de los municipios tiene algún grado de riesgo por cambio climático; que el 40 por ciento del territorio sufre de niveles de erosión; que cerca de 12 millones de habitantes están en riesgo por amenaza de inundación; que se redujo la generación de residuos peligrosos en un 25 por ciento; que el 12 por ciento de los suelos del área continental e insular presenta algún grado de degradación por salinización; que 620 municipios podrían presentar problemas de desabastecimiento de agua asociados a las temporadas de lluvia…

Sin embargo, como en varias ocasiones lo hemos recalcado, si bien en el país hay cada día una mayor conciencia sobre los riesgos climáticos y las medidas de contingencia que se deben aplicar a corto, mediano y largo plazos para disminuir los efectos de la naturaleza, se requiere una mayor coordinación entre los niveles gubernamentales del orden central, regional y local. Por igual debe fortalecerse la capacidad operativa y de reacción de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, sobre todo porque a cada tanto se le agregan más funciones y responsabilidades. Por igual, los entes de control tienen que redoblar su vigilancia sobre los ministros, altos funcionarios, gobernadores y alcaldías, así como sobre las corporaciones autónomas regionales para que su accionar en materia de prevención y gestión de emergencias sea eficaz y oportuno.

Como se dijo, la fuerte temporada invernal que está afrontado el país es una prueba de fuego para medir qué tanto ha avanzado el funcionamiento interinstitucional y transversal del Sistema Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres. Ya hay buena parte de los departamentos puestos en alerta y las emergencias crecen día tras día. Los pronósticos, como se dijo, sostienen que en lo resta de abril y comienzos de mayo los aguaceros estarán a la orden del día en muchas zonas, obligando a un monitoreo permanente de las amenazas ya advertidas región por región, y municipio por municipio. Si bien la naturaleza es impredecible, es claro que hay margen para prevenir y atender emergencias. Descuidarse en este objetivo se paga, lamentablemente, en pérdida de vidas.