Le llegaron los males al sector cafetero

Foto AFP
La situación del sector cafetero es difícil. Se conjugan varias causas como la baja producción, poca rentabilidad, precios bajos tanto en el país como en el exterior, programas de renovación en marcha y los pocos recursos que hay para su apoyo por parte del Gobierno

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El sector cafetero colombiano se enfrenta a la tormenta perfecta: caída en la producción, bajos precios internos y una revaluación que ya llega al 9% en lo corrido del año, lo que hace que la actividad pierda la rentabilidad que se tenía en otros tiempos.

Por lo anterior, el sector no la está pasando nada bien ya que está recibiendo una lánguida remuneración gracias a los precios internacionales del grano que cotizan por lo bajo en la bolsa de Nueva York.

Para Asoexpórt-Analdex, la alianza gremial que representa a los exportadores de  café de Colombia, la situación del sector en estos momentos no es nada fácil.

El presidente de Analdex, Javier Díaz Molina sostuvo que con este nuevo entorno de revaluación, la caficultura resulta muy afectada por cuanto no solamente los precios del café han estado a la baja sino que ahora la tasa de cambio se suma a una precaria situación que debe concitar el interés y la mirada de propios y extraños, en vista de que la actividad está amenazada por la disminución del grano quedando las procesadoras sin margen de maniobra.

 

Sin rentabilidad

Díaz precisó que nuevamente se ve un sector cafetero endeble, que no percibe la rentabilidad necesaria para seguir adelante porque los costos de producción son mucho más elevados que los ingresos, y en la medida en que se tiene que fertilizar y renovar, habrá inconvenientes y un gran interrogante, porque el tema de renovación implica destinar recursos y lo grave es que la plata del cafetero no le alcanza ni siquiera para pagar los costos de su cultivo. Por lo tanto, será supremamente difícil que invierta en transformación o modificación de siembras.

“Eso para el futuro es fundamental porque ya lo vimos en el pasado cuando Colombia bajó sus niveles de producción, básicamente por eso. En los últimos años, gracias a la tasa de cambio y a unos mejores precios vino una recuperación en la producción que permitió volver a los catorce millones de sacos en promedio, pero con estos líos, el futuro de la caficultura y de la economía se torna con interrogantes”, apuntó Díaz Molina.

 

Revaluación

Esa valorización del peso frente al dólar tiende a volverse todo un dolor de cabeza, porque generalmente cuando un empresario es exportador por sus dólares recibe a cambio menos pesos con el agravante de que su estructura de costos sigue en moneda local, pero con menores ingresos en términos de pesos.

“Allí, en ese sector hay todo un drama”. La situación es incómoda y ello obliga a tomar medidas muy necesarias en vista de que parte de todo lo que se ha hablado en los últimos años, apunta a tener unos fondos de estabilización para que los picos que se dan en los precios de los productos básicos lleguen a esos fondos, evitando así las volatilidades y todo lo que ello conlleva. La idea es que esos ingresos no lleguen plenos a la economía sino que se puedan dosificar.

Hay una realidad. El contexto actual de la tasa de cambio, indicó Díaz, demostró que los seguros cambiarios no eran un capricho o un simple producto en el portafolio de las firmas aseguradoras. Ya hablar de los seguros o de los forward, hoy, aseveró, es tarde porque “después del ojo afuera, no hay Santa Lucía que valga”.

Esa situación demuestra que en materia de prevención y cobertura hay que crear toda una cultura porque luego de que se cae la tasa de cambio, no hay absolutamente nada que hacer ya que las coberturas debieron tomarse con anterioridad.

El tufillo de positivismo por una eventual recuperación fue desmoronándose paulatinamente porque como asegura Analdex, el tema de las exportaciones, particularmente, es muy complicado para los empresarios sin negar que la coyuntura le ayuda al Gobierno en sus cuentas fiscales, advirtiendo que los efectos sobre el aparato productivo serán muy negativos, principalmente sobre ese producto que compite con importaciones, dejando ver que habrá inconvenientes en la parte agrícola en donde el impacto será demasiado fuerte, lo cual es deplorable porque ese sector venía con muy buen desempeño.

Sobre el papel del Gobierno en la actual situación, Díaz dijo que así la deuda externa se abarate y las cuentas del Estado puedan mejorar, lo cierto es que hay que tener unos mecanismos de ahorro de los recursos en divisa para que no se moneticen totalmente, evitando así golpes y efectos adversos sobre la economía.

Dejó claro que buena parte de los recursos en dólares hacen parte del trabajo y la ganancia del sector privado, lo cual invita a crear una forma que permita ahorrar y no convertir esos dólares en pesos.

La preocupación no es mínima si se tiene en cuenta que Colombia salió de una revaluación que duró diez años, década en la que la economía perdió dinamismo y en donde los saldos fueron tan terribles que se reflejaron en quiebras, pérdida de empleo y de retroceso industrial. Tan solo ganaron las agencias de viajes, las firmas de tarjetas de crédito, los concesionarios de autos y las tiendas que comercializan ropa importada, electrodomésticos y artículos para el hogar así como alimentos procesados.

Cabe indicar que la pesadilla de la revaluación inició, para el caso más reciente, a comienzos de febrero de 2003 cuando un dólar valía $2.968,88, un precio sin precedentes en la historia económica; lamentablemente, y luego de subidas y bajadas, además de una inestabilidad sin igual, la divisa se cotizó a valores de $1.178 en febrero de 2013, una revaluación del 64,5 %. Esa situación generó múltiples reacciones porque ayudó a muchos, principalmente a importadores que hicieron la fiesta, pero afectó a los empresarios y al campo que vio caer sus utilidades y el factor renta por una larga década.