Memoria colectiva y 9 de abril

  • Gaitán, fascismo e izquierda
  • Contradictorio, caudillo y demócrata

Al  leer los diversos artículos que se han publicado sobre Jorge Eliécer Gaitán, en ocasión del 70 aniversario del “Bogotazo”, pareciera que en la mayoría de los casos prevalece el impacto de su trágica muerte. Algunos escriben, muy al estilo de la novela “Ulises” de James Joyce, como si toda su gesta hubiese transcurrido en un día. En realidad Gaitán se inició en la carrera política dentro de un partido tradicional como el Liberal, intentando subir y moverse peldaño a peldaño, dentro de su enmarañada organización. Se destacó desde muy joven como impetuoso orador, que comunicaba a los auditorios la emotividad y la fuerza de su pasión política. Lo distinguió la voluntad de convertirse en uno de los mejores penalistas del país, lo que le permitió tener un conocimiento científico de los individuos y de la  psicología de masas, tema que le interesaba mucho. La profesión de abogado, formado en la Universidad Nacional, marcó su carácter, en tiempos en los cuales tener conocimientos sólidos del Derecho generaba prestigio, puesto que se consideraba que podían servir para defender causas justas. Si bien defendió Gaitán causas justas, como cualquier otro profesional atendió clientes de toda condición y diversos grados de culpa. Aun así los jurados y los jueces solían rendirse ante su persuasiva elocuencia. Lo mismo pasaba con su dedicación a la cátedra, en la que se destacó como uno de los mejores expositores.

Al conocer a sus contemporáneos más eminentes, como al debatir con sus contrarios y sentir la popularidad que le daban sus fogosos debates en el Congreso, como aquel sobre lo ocurrido en “las bananeras”, comprendió el dirigente liberal que podía dominar a las multitudes y rivalizar con cualquier político de la época. Esa confianza en sí mismo marcó su carrera. En el citado debate se dejó llevar por la emotividad y denunció una incuantificable masacre, a sabiendas de que los muertos no pasaron de la docena, en hechos en los cuales las tropas actuaron en defensa propia y del orden frente a las turbas incentivadas por agitadores socialistas. La veracidad histórica de los hechos poco importó, lo fundamental fue que sus denuncias le generaron una gran popularidad y salió de los debates en hombros de sus fervientes admiradores, en tiempos en los cuales languidecía la denominada “Hegemonía conservadora” bajo el gobierno de un respetuoso demócrata y jurista como Miguel Abadía Méndez, quien daba clases de Derecho constitucional en el despacho presidencial y, como en la Grecia antigua, ofrecía todo tipo de garantías a sus opositores políticos.

No sería su paso por el Ministerio de Trabajo ni por el de Educación ni como Alcalde de Bogotá lo que lo identifica a Gaitán como un burócrata, puesto que se considera que esos apenas eran peldaños para avanzar a una gesta propia que marcara la historia nacional. Se estima que sus estudios en Italia, bajo la guía del gran maestro Ferri, como su contacto con el fascismo de Mussolini, marcaron su juventud en procura de liderazgo de un hombre de su tiempo, que pensaba que con una organización política y un pueblo que lo siguiera fielmente podría cambiar la historia.

Pero su convicción socialista-fascista no combinaba con el liberalismo colombiano, como tampoco su formación republicana en el Derecho con el fascismo. Son contradicciones que marcan su trayectoria pública. Tampoco en un país dividido entre conservadores y liberales, un tanto atrasado políticamente, se daba el espacio para un fascismo de izquierda. Así que funda un partido de corte y organización fascista en torno a su sugestivo caudillismo. La “JEGA” debería permitirle organizar, como Mussolini, la marcha sobre Bogotá y tomarse el poder. Mas su respeto por el Derecho le impide finalmente dar la orden de tomarse el poder por la fuerza de las masas, al estilo de la de Roma de Mussolini. Gaitán siempre fue un legalista, no un revolucionario. Así proponga diversas reformas sociales.

Lo cierto es que parte de la carrera del dirigente se centró en procurar el bienestar social de la población, como en hacer oposición a los gobiernos liberales, contra los que acuñó aquel recordado lema: “por la restauración moral de la República, a la carga”. Y otras sentencias al estilo de Mussolini. Precisamente, por cuenta de la división liberal, llegó al poder Mariano Ospina Pérez, con el que, inicialmente, colaboró Gaitán y le dio una gran cuota de poder. Respaldó la lucha de Ospina contra la chicha y la búsqueda de mejoras sociales de toda índole. Mas la convicción de que para llegar al poder debía irse a la otra orilla, llevó a Gaitán a romper con Ospina y se lanzó a la feroz oposición callejera, en la que se convierte en jefe único del liberalismo. Como caudillo emergente remplazó a las antiguas y nuevas estrellas del partido y su asesinato el 9 de abril lo consagró para la historia.