La Generación sin Nombre: vigencia de la prosa nacida en los 60’s

Foto cortesía BLAA

EL VALOR e impacto que con sus palabras y versos generaron a finales de los años 60’s un grupo de literatos colombianos se mantiene y es por ello que se les rendirá un nuevo tributo.

A finales de los años 60, en pleno auge del hippismo, de Mayo del 68, de los Beatles y los Rolling Stone, de la Revolución Cubana, del Frente Nacional y del boom de la literatura latinoamericana, en Bogotá afloró una generación de poetas -entonces muy jóvenes, con edades entre los 27 y los 37 años-, que logró renovar la prosa colombiana con la construcción de un “yo íntimo” y la recuperación del lirismo que perdía.

A esta Generación sin Nombre, como se conoció a este grupo y cuyo valor e impacto se mantiene hasta nuestros días, le rendirá homenaje la Biblioteca Luis Ángel Arango, BLAA, la Universidad Central y el Gimnasio Moderno durante este mes con una programación especial que incluye sesiones de lectura, un recital poético, una conferencia y el lanzamiento de una antología, actividades que contarán con la participación de varios de los poetas que hicieron parte de este grupo.

La programación tributo arranca mañana con una sesión del Café Literario de la Casa Gómez Campuzano, la sede norte de la BLAA, a las 5:30 p.m.

Continuará en la tarde del próximo 23 donde el acto central será un recital poético en homenaje a la Generación sin Nombre y la lectura, a cargo de varios miembros de este grupo literario de varias de sus obras.

De igual forma tendrá lugar la presentación de Una antología, libro editado por la Universidad Central con el apoyo del Gimnasio Moderno y el Banco de la República.

Al día siguiente, a las 5 de la tarde, Martha Canfield, poeta y crítica literaria, miembro del emblemático grupo literario ofrecerá la conferencia “Retrospectiva de una Generación sin Nombre”.

También en espacios como la oficina de Letras Nacionales, revista fundada por el escritor Manuel Zapata Olivella, y en casa de Juan Gustavo Cobo Borda, donde los nuevos escritores e intelectuales mantenían conversaciones sobre libros, películas y música, se desarrollarían los primeros contactos del grupo. Fue de esta manera, entre amigos y conversaciones, se conformó un grupo integrado por los poetas Álvaro Miranda Hernández, Augusto Pinilla, Darío Jaramillo Agudelo, David Bonells Rovira, Elkin Restrepo, Giovanni Quessep, Henry Luque Muñoz, Jaime García Maffla, José Luis Díaz-Granados, Juan Gustavo Cobo Borda, María Mercedes Carranza, Martha Canfield y Miguel Méndez Camacho, que fue bautizado como los “sin nombre” por Álvaro Burgos Palacios, entonces redactor cultural de El Tiempo y al que se le auguró ser “el nuevo mapa de la poesía colombiana”.

“Cada uno de ellos representaba una voz aislada, pero mostraban al mismo tiempo un afán común: devolverle a la poesía el lirismo que perdía, al asumir conciencia ante la palabra sugestiva, ensimismada y musical; recuperar la tradición intimista, en unos casos, y en otros dar al lenguaje poético la posibilidad de moldearse con todas las formas y direcciones posibles: desde la poesía que cuenta y canta, pasando por la ironía satírica, el epigrama, la frase sentenciosa, la dubitativa, y la autoreflexiva”, explica  la  poeta y literata Mary Luz Vallejo.

Las formas y los temas de la Generación sin Nombre fueros diversos y extensos, cada miembro desarrolló una voz y una preocupación particular y propia que apenas tuvo unas cosas en común con las de sus colegas; sin embargo, si algo los cobijó por igual fue su actitud crítica frente a la escritura y a la tradición poética, todos vivían cierto desencanto frente a la realidad y se empeñaron por devolverle a la palabra su musicalidad, al tiempo que buscaron romper las estructuras tradicionales. 

“Este grupo amplió las posibilidades literarias del país y a su vez profundizó su impacto social. Ya fuera como investigadores, gestores culturales, editores o activistas, los integrantes del grupo jugaron y siguen jugando un papel esencial en el desarrollo cultural de Colombia. Y esa es, precisamente, la intención que tiene la Biblioteca Luis Ángel Arango al realizar este homenaje, reconocer el gran aporte que cada uno de estos autores ha hecho a la poesía colombiana y a su divulgación”, explica Sergio Sarmiento, profesional de la BLAA.