Sistema electoral blindado

  • Denuncias gratuitas y sin pruebas
  • Aceptar los dictámenes democráticos

 

El sistema electoral colombiano es, sin duda, uno de los más confiables a nivel latinoamericano. Por lo mismo, poner en duda su transparencia exige, primordialmente, exhibir pruebas fehacientes de posibles trampas y vulnerabilidades. Y eso, precisamente, es lo que no ha ocurrido en las recientes denuncias sobre presuntas inconsistencias y riesgos de fraude. Se ha dicho de todo: que hay una especie de ‘cartel’ de pulula alrededor de los escrutinios de la votación de Congreso emitida el pasado 11 de marzo que, a cambio de fuertes sumas de dinero, es capaz de modificar los volúmenes de sufragios de tal o cual candidato para que clasifique o asegure curul en el Senado o la Cámara. También se indicó que en Barranquilla se detectó un sistema a través del cual se direcciona la escogencia de los jurados de votación mediante la conformación de decenas de empresas de fachada que envían sus listados de presuntos empleados a la organización electoral y esta los selecciona para estar en las mesas el día de las urnas. Y no menos grave es que un candidato presidencial alertó de un posible fraude por presuntas debilidades en el software que utilizará la Registraduría en los comicios de este domingo así como por la falta de experticia informática de la delegación que la Unión Europea enviará al país como veedora de la cita electoral de primera vuelta…

Es cierto que no hay sistema de transmisión de resultados electorales cien por ciento invulnerable, ni en Colombia como tampoco en otra parte del mundo, y menos en una época en que los hackers más audaces son capaces de infiltrarse hasta en los sitios informáticos más protegidos del planeta. También lo es que casos recientes, como el fallo del Consejo de Estado que le devolvió a un partido político tres curules en el Senado cuando apenas si faltaban noventa días  para finalizar el cuatrienio legislativo, han generado dudas sobre la fiabilidad del mecanismo de conteo y escrutinio de los votos.

Sin embargo, la Registraduría ha sido enfática en asegurar que para estos comicios, tanto los ya surtidos de Congreso como los presidenciales, todo el sistema se volvió  a revisar y se adoptaron los más exigentes filtros para evitar cualquier intento de infiltración, saboteo o adulteración del dictamen popular. Igualmente, como medida adicional de transparencia, se permitió a los auditores de sistemas e ingenieros informáticos de las distintas campañas políticas revisar todos los detalles del software que se utilizará para el preconteo, el escrutinio y la digitalización de los formularios de escrutinio de mesa E-14 este domingo. Ello se hizo en presencia de la Procuraduría General, la Misión de Observación Electoral y del Consejo Nacional Electoral. También se les hizo partícipes de los simulacros y reuniones técnicas al respecto para que todos pudieran verificar la funcionalidad y seguridad del sistema.

Así las cosas, resulta altamente arriesgado e irresponsable hacer señalamientos contra el sistema electoral sin tener pruebas  contundentes a la mano de las posibles irregularidades. Como también lo es llamar anticipadamente a las masas de parciales para que se movilicen este domingo en la tarde bajo la hipótesis de que si no se clasifica a segunda vuelta es porque hubo fraude y no porque otros candidatos tuvieron más apoyo popular. Igualmente, generar de forma gratuita y a priori un ambiente de incertidumbre y sospecha sobre la transparencia de los resultados a reportar, le hace un flaco favor a la democracia, sobre todo en un país en el que los índices de abstención bordean el 50 por ciento y se corre el riesgo de que muchos ciudadanos hagan eco a estos señalamientos peregrinos sobre presuntas trampas y dejen de asistir a las urnas.

A los candidatos presidenciales les caben responsabilidades de primer nivel. Una de ellas, la principal, aceptar los resultados de la contienda democrática. Otra, no menos importante, medir cada una de sus proclamas y denuncias, ya que pueden generar alteraciones del orden público con saldo imprevisible en medio del apasionamiento proselitista.

Aun así, es claro que el alud de denuncias de las últimas semanas, todas descartadas por la Registraduría de manera puntual y detallada, permitirá que los comicios estén supervigilados desde todos los flancos y por esa vía la transparencia democrática estará aún más blindada.