Viernes, 10 de Septiembre de 2010 00:00
La advertencia de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en torno de que México “se está pareciendo cada vez más a Colombia hace 20 años, cuando los narcotraficantes controlaban ciertas partes del país”, causó toda clase de reacciones.
La principal y más importante, sin duda alguna, fue la rectificación de la Casa Blanca a las palabras de quien cumple las funciones de canciller del considerado país más poderoso del planeta. El presidente Barack Obama fue enfático: “México es democracia amplia y progresiva, con una economía creciente y como consecuencia no puedes comparar lo que está pasando en México con lo que ocurrió en Colombia hace 20 años”. A ello se sumó que el subsecretario de Estado para América Latina, Arturo Valenzuela, dijo que no podía confundirse la guerra del narcotráfico en la vecina nación con las guerrillas colombianas, en tanto que el zar antidroga de E.U., Gil Kerlikowske, se apresuró a precisar que el hecho de que en el país centroamericano se ataque con carros-bomba no significa automáticamente que haya insurgencia.
Pocas veces en la reciente historia estadounidense se había producido una rectificación tan taxativa a una Secretaria de Estado, y menos aún tratándose de un tema tan cercano y conocido para las autoridades y opinión pública norteamericana, como lo son las coyunturas de la nación vecina.
Y si eso pasó en Washington, en México, obviamente, las palabras de la señora Clinton fueron rechazadas de manera más enfática. Hubo desmentidos desde el gobierno Calderón para abajo. Incluso, el sector privado advirtió sobre el negativo coletazo que esa clase de comparaciones con la Colombia de hace dos décadas podría traer para la confianza inversionista en el país manito.