Lunes, 06 de Septiembre de 2010 00:00
Autor: JOSÉ FÉLIX LAFAURIE RIVERA
PONER los elementos sobre la mesa es un buen comienzo para entender cómo encajan las piezas de una actividad productiva, su funcionamiento y las relaciones e intereses de los actores que intervienen en dicha actividad.
Se trata, a la final, de entender su estructura para optimizar los recursos de una economía. Me atrevería a decir que la nueva administración gubernamental, por el talante que ya la caracteriza, abordaría de esta manera el análisis de la producción, transformación y comercialización de la leche en Colombia.
En Colombia existen cerca de 500 mil predios en donde se produce carne y leche. El 46% de estos predios (231.000) contiene menos de 10 bovinos; y el 22% (109.000 predios) entre 11 y 25 animales. Estos dos grupos constituyen una importante economía campesina de pequeños ganaderos dedicados a lo que se denomina el doble propósito (lo cual no significa que otros grupos no tengan la misma orientación de la producción), es decir, a la producción de carne y leche generalmente con animales comerciales (no de raza). Y lo hacen así porque la leche les sirve de sustento e ingreso diario y la carne como un producto de renovación de su capital. Su producción puede estar en promedio en 3 litros de leche al día por vaca, cuyo precio está por fuera del mínimo establecido por el Gobierno, oscilando entre 400 y 600 pesos por litro.
Cerrando el grupo de pequeños ganaderos está el segmento de los que tienen entre 26 y 50 animales (el 13.3% de los predios). Este segmento puede alcanzar a tener 15 vacas en producción/día, con capacidad de ordeño superior a 60 litros, lo cual le genera ingresos de $ 1.400.000/mes, que no dejan libre un salario mínimo.
Esa es la condición económica de 406.000 ganaderos y de sus familias. Tienen limitaciones para absorber tecnologías y sus costos gran peso. Conforman el 81% de los productores, sin capacidad de negociación y deben enfrentar dos fuertes compradores: el acopiador-procesador y el acopiador informal o crudero. Desde luego que existen productores de leche con ganaderías especializadas, quienes han realizado inversiones en infraestructura, en bienes de capital en donde se incluye la vaca de raza, y en tanques de enfriamiento, con importantes volúmenes de producción. Aquí ya se les reconoce la calidad de la leche y por tanto, pagos con bonificaciones y dentro de las normas legales, aunque los compradores han afinado los instrumentos para evadirlas.
Todos estos ganaderos producen al año alrededor de 6.440 millones de litros de leche (2009). Una cantidad suficiente para abastecer, teóricamente, a la población colombiana con un buen nivel de consumo por persona de 139 litros al año, cuando el requerimiento señalado por la FAO se ubica en 170 litros.
En el eslabón siguiente encontramos al segmento acopiador formal -que en general procesa la leche- y al acopiador informal. El procesador industrial adquiere menos de la mitad de la producción nacional (aproximadamente 3.000 millones de litros al año) que utiliza para producir las diferentes clases de leche y los derivados lácteos (yogures, quesos, etc.). Si bien el número de empresas transformadoras es importante, su estructura opera como un oligopolio, pues las 5 más grandes empresas procesadoras concentran poco más del 55% del acopio formal, y las 25 más importantes, el 79%. Este elevado nivel de concentración en el acopio de leche fresca les otorga alto poder de negociación.
Desde el punto de vista productivo, disponen de una capacidad instalada de acopio de 15.5 millones de litros/día, que utilizan al 51%, y de capacidad de procesamiento de 13.3 millones de lts/día que utilizan al 60%. El segmento informal, por su parte, comercializa el 43% de la producción (2.827 millones de litros, 2009), lo cual lo relega a jugar un papel de amortiguador de la oferta de leche y, por tanto, de sus precios.
Paralelamente inciden en la oferta de leche, las importaciones de leche en polvo que, una vez reconvertidas, aumentan la oferta de leche líquida, y los lactosueros, sobre los cuales comentaré más adelante.
Hasta aquí, estos elementos conforman una estructura productiva de la cadena, que se caracteriza por dos aspectos. De una parte, mucha leche y poca industrialización, y de otra, por la existencia de muchos oferentes (ganaderos) y pocos compradores (industriales). Esto configura unas fuerzas de poder en la cadena láctea, que indefectiblemente obran en contra del productor de leche. Gajes de la asimetría con la que se recibe la entrada en vigencia de los Tratados de Libre Comercio.