VARIOS HABITANTES FUERON VÍCTIMAS DEL CONFLICTO ARMADO
Palma amazónica, una alternativa a la coca en el Putumayo

Foto Anadolu.

Un grupo de campesinos en el departamento amazónico del Putumayo, que colinda con Ecuador y Perú, le están apostado al palmito como una alternativa productiva que los aleja de los cultivos de coca y de la violencia ocasionada por el narcotráfico.

Carlos Antonio Cunchác es uno de ellos. Él recuerda que cuando empezó, hace unos 20 años, muchos de sus vecinos advertían que no era rentable y que quebraría.

Corría la década de los 90 y decenas de familias campesinas del Valle del Guamuez, el municipio donde Carlos tiene su finca en el suroeste del país, veían la coca como único cultivo viable para hacerle frente a la pobreza extrema y al olvido estatal.

La actividad ilícita los ponía en la mira de los grupos armados, tanto legales como ilegales, y aumentaba su vulnerabilidad ante el conflicto armado que vivía Colombia.

El Bloque Sur de las Farc y los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) se enfrentaban a sangre y fuego para proteger los cultivos de coca y el control de las zonas fronterizas con Ecuador y Perú. El Ejército respondía con ofensivas militares y aspersiones aéreas para contrarrestar la expansión de cultivos ilícitos.

La violencia en la región afectó con especial saña a la población civil. De los casi 400.000 habitantes que tiene el departamento, 173.000 han sido registrados como víctimas del conflicto.

Cuando empezaron a erradicar la coca y agencias de cooperación internacional ofrecieron el proyecto productivo de 'palmito' como alternativa, Carlos vio en él una oportunidad de alejarse de la economía de la guerra.

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En busca de soluciones reales

Aunque Carlos creyó en el proyecto y cambió su coca por palma, la organización encargada de comercializar el producto quebró. “No le veíamos rentabilidad al cultivo”, recuerda.

El Valle del Guamuez tiene todas las características para cultivar la palma de chontaduro, planta de la que se saca el palmito. La palma es nativa de la Amazonía, entonces crece sin dificultad. Los cultivadores solo necesitan podarla y abonarla, pero el proyecto tenía serias dificultades por falta de mercados.

A principios de los 2000, el palmito parecía haber entrado en la lista de proyectos de sustitución fallidos.

“Cuando tomamos la empresa estaba muy endeudada. Nadie creía en el palmito, se decía que había sido un fracaso”, cuenta Edgar Montenegro, gerente de Corpocampo, una empresa que nació en 2003 y se dedica al aprovechamiento del palmito y el açaí (fruto amazónico).

Edgar pudo analizar la producción desde otro punto de vista. Él, como oriundo del Putumayo, conoce bien las dificultades que hay en la zona para transportar los productos, así como la importancia de tener en cuenta la vocación del suelo antes de empezar a cultivar.

“Me di cuenta de que el proyecto no había estado bien estructurado así que volvimos a empezar”, explica.

Uno de los primeros desafíos fue volver a ganarse la confianza de los campesinos. Llegaron a tres acuerdos con los productores: les comprarían todo el palmito que produjeran, mantendrían un mismo precio sin importar los vaivenes del mercado y les pagarían semanalmente.

“Yo de niño fui campesino. Si salíamos al pueblo y no vendíamos los huevos o las gallinas que teníamos, esa semana no había mercado, así de simple. Entiendo la necesidad y por eso todos los sábados los productores tienen su dinero para hacer el mercado los domingos y cubrir sus demás necesidades”, explica.

Lograr que la empresa pagara la producción de contado fue un reto mayúsculo porque el proceso de comercialización puede demorar hasta dos meses.

“Lo duro es iniciar porque nadie te cree, nadie te quiere prestar plata. Muchas veces nos tocó financiar con los clientes y arreglábamos anticipos para poder pagar a los productores”, recuerda Montenegro.

El otro reto fue crear la infraestructura para comprar toda la cosecha a los campesinos durante todo el año.

Crearon una planta para enlatar el palmito, de esa manera dura hasta cinco años. Así empezaron a abrir mercados para el palmito fresco y para el producto enlatado.

Lentamente encontraron compradores en Europa, México y Chile, y empezaron a venderlo en supermercados y restaurantes de las grandes ciudades colombianas.

 

Del campo a la mesa

Paradójicamente los frutos amazónicos y otros productos endémicos colombianos no son muy conocidos dentro de Colombia. Chefs en Bogotá, Medellín y otras ciudades del país buscan cambiar eso.

Uno de ellos es Harry Sasson, quien figura entre los 50 mejores chefs de Latinaomérica y se autodenomina “un enamorado del palmito”. Él ha encontrado en los productos amazónicos una importante fuente de sabores y texturas para su cocina.

“Cuando el cocinero se vuelve maduro y se da cuenta de que todos estamos trabajando para recuperar el campo es cuando nacen esas sinergias y uniones entre productores y cocineros”, explica Harry.

Él, junto con otros chefs como los hermanos Jorge y Mark Rausch, están creando menús en los que se privilegian productos autóctonos colombianos. “Los hermanos Rausch han hecho cosas interesantes con el pez león, los quesos del Caquetá y nosotros más con frutos del Putumayo”, explica Sasson.

El palmito fresco del Putumayo se puede encontrar en los menús de todos los restaurantes de Harry Sasson. Él, además, organiza eventos con chefs de otras partes del mundo que también se enamoran del producto y lo incorporan a sus recetas.

“La gastronomía colombiana es tan variada como nuestros pisos térmicos... Somos la próxima alacena del mundo y debemos concentrarnos en eso. Los palmitos son un producto increíble”, añade Sasson. La industria agrícola, un reto a futuro

Recuperar el campo en el Putumayo es vital para que ese departamento fronterizo supere la violencia. Cientos de campesinos le están apostando al palmito, el chontaduro, el sacha inchi, el açaí, la piscicultura y otros proyectos agrícolas como alternativas a la coca, pero hace falta infraestructura agroindustrial y carreteras.

La gobernadora del departamento, Sorrel Aroca, afirma que invertirán COP 26.000 millones en vías terciarias en los 13 municipios del departamento. Pero en total hay unos 1750 kilómetros de vías terciarias sin intervenir en el Putumayo. “Se necesitaría cerca de 1 billón y medio de pesos para esas obras. Ese es el SOS que le estamos enviando al país”, explica Aroca.

Esas vías son necesarias para que los camiones refrigerados puedan llegar a los cultivos de Carlos y otros campesinos para poder exportar el producto fresco.

Los productores de palmito esperan ampliar la producción a varios cientos de hectáreas, y tener tractores para repartir abono y recoger las cosechas. Hasta imaginan un sistema de drones que recorra los cultivos y comuniquen las necesidades a una central.

“El campo tiene que tecnificarse para que se vuelva atractivo para los jóvenes, los hijos de las mismas asociaciones de campesinos”, explica Montenegro.

La coca sigue siendo una competencia fuerte ante los cultivos legales y varias bandas criminales se pelean por el lucrativo negocio. Pero cada vez son más los campesinos que prefieren una alternativa legal que les de tranquilidad y los aleje de la violencia.

“Hemos sufrido historias de muerte y sufrimiento y creo que eso también ha creado en nosotros esa capacidad de soñar e imaginar nuevos mundos. Nos merecemos esa esperanza”, concluye la gobernadora Aroca.