Los naturales ritmos políticos

  • Ilógico debate por rendimiento legislativo
  • Congreso es la base de las presidenciales

Para nadie es un secreto que el último tramo de la legislatura parlamentaria con que cierra cada cuatrienio legislativo suele ser de muy baja productividad en materia de discusión y aprobación de proyectos, así como en debates de control político. Como tampoco resulta novedad que la causa de esa desaceleración en la gestión de Senado y Cámara sea que los parlamentarios dedican gran parte de su tiempo a la recta final de la campaña presidencial. Incluso no es la primera vez que ante esta circunstancia surgen voces que plantean modificar el calendario de sesiones del Congreso con el fin de que este cumpla con su deber sin distraerse en las actividades proselitistas.

En la edición de ayer de este Diario se consultó con varios voceros de bancada y destacados senadores y Representantes respecto a si era necesaria dicha modificación en el calendario legislativo, siendo evidente que desde el pasado 16 de marzo, cuando el Parlamento reanudó labores para sus últimos tres meses en este mandato, es muy poco lo hecho en las comisiones y plenarias. Incluso proyectos importantes que se habían anunciado por parte del Gobierno, relacionados con la implementación del acuerdo de paz así como con otras materias políticas, económicas y sociales prioritarias, simple y llanamente no fueron radicados. Algunos otros que sí, han tenido un lento trámite pese a tener mensajes de urgencia e insistencia a bordo.

Si bien varios senadores y Representantes se mostraron partidarios de que el último tramo de la legislatura en un año de elecciones presidenciales se pudiera realizar entre enero y febrero, y no de marzo a junio, lo cierto es que esa no sería la solución, ya que en ese primer bimestre se desarrolla, precisamente, la campaña para los comicios parlamentarios que, por obvias razones, demanda más tiempo de los congresistas en sus respectivas regiones y fortines pues se están jugando su futuro político.

¿Entonces? Para varios congresistas el problema no radica en cambiar el calendario de sesiones. Por el contrario, son de la opinión de mantenerlo y aplicar, en cambio, con la suficiente drasticidad la legislación para castigar el ausentismo parlamentario, que incluso ya es causal de pérdida de investidura, como se constató en una reciente sentencia del Consejo de Estado.

Sin embargo, en esa discusión se está desconociendo que la política tiene unos ritmos naturales, propios de los regímenes en donde prima la democracia representativa, tanto en materia de elección popular de cuerpos colegiados como de titulares de cargos uninominales. Ritmos naturales en donde es de simple lógica que quienes buscan el apoyo popular dediquen tiempo y esfuerzo a conquistar la ciudadanía. Ritmos en los que es apenas natural que dos campañas electorales, como la parlamentaria y la presidencial, que se desarrollan de forma paralela, con apenas unas semanas de diferencia en cuanto a cita a las urnas, estén profundamente interconectadas. Trazar una línea de separación entre ambas falta a la lógica política y electoral, pues la mayoría de los aspirantes a la Casa de Nariño son postulados o tienen el apoyo de los principales  partidos y formaciones con representación en el Legislativo. Por ende, una vez definida la integración del Senado y la Cámara es apenas natural que elegidos y no elegidos sigan en la actividad proselitista para decidir la sucesión presidencial.

Colombia no es el único país en donde este ocurre y no se ve en esas otras naciones discusiones un poco bizantinas  en torno a cambiar las fechas de funcionamiento parlamentario o proceder a aplicar drásticas sanciones por un menor dinamismo en la producción normativa. Simplemente hay que priorizar la agenda legislativa, tanto en materia de trámite de proyectos como de debates de control político, de forma tal que la productividad parlamentaria se focalice en lo importante y el resto del tiempo los congresistas puedan participar libre y activamente de la campaña presidencial.

Como se dijo, la política tiene unos ritmos naturales y lo importante es que las instituciones que son producto de la misma, como el Congreso, adecuen sus tiempos para cumplir, de un lado, con su deber misional y, de otro, ser protagonista principal de la escogencia del jefe del Ejecutivo. Total, a más coherencia entre las mayorías parlamentarias y el gobierno entrante, los programas de unas y otro tendrán mayor oportunidad de concretarse y cumplir el mandato que la ciudadanía les dio en las urnas. Gajes propios de la democracia.