Viernes, Septiembre 10, 2010

 

Por William Calderón

Anulando contratos. En el pasado reciente, mientras el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez le decía a su ministro de Transporte Andrés Carriel Gallego: “Ministro, a-Nule todos los contratos”, el presidente Juan Manuel Santos le dijo al debutante Superintendente de Sociedades: “Luis Guillermo, Nule ponga peros y liquide”. El nuevo Supersociedades –que es mitad paisa y mitad yaguareño (de Yaguará, Huila)– entró pisando más duro que un panzer alemán o que una aplanadora y ordenó desmontar toda la maquinaria de los otrora brillantes y emprendedores muchachos Nule. Y lo hizo tan rápido como se derrite un quesillo de su tierra opita.

 

El cazador de casta. Luis Guillermo Vélez Cabrera, salido de la tecnocracia que no le teme al confuso y estresante mundo estatal, tiene el temple de su desaparecido padre –el senador estrella de los temas de Hacienda Pública– y el notable sentido humano de su madre, integrante de la discreta y generosa familia de médicos Cabrera. A este nuevo Superintendente de Sociedades le tocó pasar de cazador profesional, con fieras reales, a vigilante de fieras empresariales, algunas con uñas más afiladas que las del tigre y otras más astutas que un zorro.

 

Guardián de la heredad. Quienes lo conocen a fondo, admiten que el nuevo vigilante de las empresas colombianas tiene sin ninguna duda el perfil adecuado para dirigir cualquier multinacional, pero le apostó al menudeo nacional, atendiendo el reto del nuevo gobierno. Es egresado del famoso claustro de Georgetown, Estados Unidos, la misma universidad donde le preparan tomates al ex presidente Uribe; muy joven le tocó lidiar, como viceministro de Defensa, a mediados de los años 90, y más maduro asumir las riendas de la sólida herencia moral, política y profesional que le dejó su querido padre, el senador Vélez Trujillo.