Alertan sobre aumento en deuda pública

Foto archivo Xinhua

El incremento de la deuda pública del país como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) ha despertado las señales para algunos mercados. En efecto, un análisis del Banco de Colombia indica que la reducción de la renta petrolera y la depreciación del peso que tuvieron lugar a raíz del desplome en la cotización del crudo llevaron a que el saldo de la deuda del Gobierno nacional creciera hasta un poco más del 50% del PIB en 2015, su máximo registro histórico.

Indican los analistas que a pesar de la corrección que se ha visto en este indicador desde ese momento (el FMI proyecta que para este año se ubicará en 48,7%), tal disminución resulta insuficiente. 

De hecho, Colombia presenta en este momento un stock de deuda a cargo de la Administración central muy superior a la mediana de los demás emisores soberanos con calificación BBB, cuyo valor está en torno al 40% del PIB. La métrica de nuestro país es incluso mayor que la medida central de las naciones que tienen calificación BB (47,9% del PIB).

La brecha

Además, la evolución del endeudamiento a lo largo de los últimos años ha puesto de manifiesto una brecha cada vez más amplia entre la visión que tenían las autoridades y lo que en realidad ha ocurrido. Por ejemplo, en el Marco Fiscal de Mediano Plazo de 2014, que se publicó justo antes de que los precios del petróleo empezaran a desplomarse, se proyectaba un descenso paulatino de la deuda del Gobierno nacional, de modo que para 2018 estaría por debajo del 35% del PIB. Esto quiere decir que el endeudamiento hoy supera en casi 14 puntos del PIB al valor que se pronosticó hace apenas cuatro años.

Según el Banco de la República, en octubre de 2018 la deuda externa del país se ubicó en US$129.206 millones, cifra 4,25% superior a la registrada en el mismo mes de 2017.

Sin embargo, como porcentaje del PIB nacional, la deuda externa colombiana se redujo de 39,4% en octubre de 2017 a 38% en el mismo mes de 2018.

Por su parte, en el décimo mes del año pasado, la deuda externa pública llegó a los US$73.391 millones, monto superior en 2% frente a los registrados en octubre de 2017.

Asimismo, la deuda externa del sector privado llegó a los US$55.815 millones que, frente a lo registrado en octubre de 2017, representa un aumento de 7,38%.

Sostienen los economistas que “aparte del efecto de la devaluación, esta divergencia se explica porque desde 2013 el balance efectivo del Gobierno nacional ha sido más deficitario que el estructural, por cuenta de la existencia de un componente de déficit cíclico. Este ha permitido suavizar el ajuste fiscal y limitar sus efectos adversos sobre la actividad productiva. Pero el costo de dicha gradualidad es que la deuda llegó a unos registros mucho mayores a los que se apuntaban cuando se formuló la regla fiscal”.

De otro lado, es necesario agregar que la deuda pública medida como proporción del PIB también se ha mantenido en niveles elevados por cuenta del lento crecimiento económico. El fin del auge minero-energético no solo desencadenó una desaceleración cíclica que apenas ha empezado a revertirse en el último año. Por cuenta de un menor ritmo de acumulación de capital, lo anterior también generó una reducción en el crecimiento potencial a una tasa que hoy en día no supera el 3,5%.

Asegura el informe que “en el año que acaba de terminar comprobamos que la incertidumbre económica a nivel global llegó para quedarse por un largo tiempo. Los fenómenos que despiertan más inquietud sobre la salud futura de la economía mundial son la alta volatilidad de los mercados financieros, las reiteradas disputas comerciales entre las grandes potencias, la inestabilidad en los precios de las materias primas, los desequilibrios macrofinancieros en China y los temores de una desaceleración marcada en el crecimiento, en particular en EU”. 

Dicen los expertos que “en una economía pequeña y abierta, como es la colombiana, los choques externos son uno de los factores que más altera el ciclo productivo y el desempeño de los activos financieros. A pesar de esta importancia, es imposible anticipar cuál será el próximo acontecimiento mundial que tendrá la intensidad suficiente para alterar el rumbo de nuestra economía”.