Cibercrimen en auge

  • Más de 30 mil denuncias el año pasado
  • Debe extremarse blindaje en la red

 

Los delitos informáticos se han convertido hoy por hoy en una de las conductas ilegales más recurrentes en Colombia, tal y como quedó evidenciado en la entrevista dominical publicada por este Diario con el director de la Interpol-Sijin de la Policía Nacional. Según el alto oficial el año pasado se presentaron casi 29 mil estafas a través de los medios electrónicos. Una modalidad criminal que viene aumentando no solamente en nuestro país sino también a nivel mundial, a tal punto que genera pérdidas económicas por más de 10 mil millones de dólares.

El cibercrímen, entonces, se puede considerar hoy un delito de alto impacto ya que a través del Internet y otros medios de tráficos de datos y contenidos electrónicos se está victimizando a personas naturales, comerciantes, usuarios bancarios, empresas e instituciones públicas por cuantías cada vez más altas en Colombia. Según los datos de la Policía, mientras que en 2017 se presentaron casi 16 mil denuncias por delitos cometidos a través de la red, el año pasado hubo más de 21 mil, lo que significa que se incrementó en más de un 30% esta actividad delincuencial. Las conductas de mayor ocurrencia fueron el hurto a través de medios electrónicos, la violación de datos personales, acceso abusivo a un sistema informático, trasferencia no consentida de activos y pornografía con menores de edad.

A medida que la tecnología ha ido avanzando, también han mutado los delitos que se cometen en la red. Hay nuevas modalidades, como el llamado “Cryptohacking” a través del cual los hackers ‘secuestran’ computadores y otros terminales electrónicos para hacer negocios especulativos e ilegales con las monedas virtuales. También se ha detectado un creciente accionar criminal con el llamado “Internet de las cosas” que se traduce principalmente en ataques generalizados a determinados sitios web con el fin de bloquearlos o infiltrar su funcionamiento, obviamente con ánimo doloso. Igualmente está creciendo lo relativo a los casos en que los delincuentes secuestran la información de algunos usuarios de la red y cobran recompensa para liberarla. Así mismo hay una amplia gama de delitos que se están cometiendo a través de las redes sociales, que van desde la extorsión hasta pornografía infantil, entre muchas modalidades.

Si bien es cierto que las autoridades han avanzado de manera sustancial en el combate al cibercrimen, debe tenerse en cuenta que lo principal para no caer en las garras de estas redes de hackers, cada vez más especialidades y expertas en encontrar vulnerabilidades en la red, es la concientización de las ciudadanía en general así como de las empresas e instituciones públicas y privadas para adoptar mecanismos y sistemas de seguridad en su actividades en Internet y demás medio electrónicos. Esta es una responsabilidad compartida de doble vía tanto para el usuario de la red como para los proveedores de servicios de Internet así como de los propios administradores de los navegadores y páginas web. Si alguno de esos actores del tráfico de datos e información incurre en prácticas vulnerables simple y llanamente deja expuesta toda la cadena de emisores y receptores.

Un ejemplo de la importancia de esto último es lo que ocurre con los llamados “retos virales” que se toman a cada tanto las redes sociales, algunas veces con desafíos si se quieren inocentes y sin mayor trascendencia ni riesgo para quienes deciden participar de los mismos pero que en otras ocasiones implican la incitación a incurrir en conductas que ponen en peligro la vida de los cibernautas o los llevan a cometer delitos o infracciones con alto costo.

El año pasado, por ejemplo, a diferencia de lo ocurrido con el llamado reto de la ‘ballena azul’, que llegó incluso a promover suicidios, los actores en la red lograron neutralizar en países como Colombia que se masificara el desafío denominado como ‘momo’, que fue clasificado por las autoridades como muy peligroso.

Como se ve, los ciberdelincuentes son una de las grandes amenazas de la sociedad moderna, que no solo victimiza de manera recurrente a los más incautos en la red, sino que ponen en grave peligro a nuestros niños y adolescentes, que deben ser especialmente protegidos, dada la prevalencia de sus derechos. Afortunadamente, no sin mediar grandes debates sobre la privacidad en el trafico virtual de datos y contenidos, poco a poco se ha ido tomando conciencia mundial de este riesgo y avanzando en materia de prevención y vigilancia en Internet y demás medios electrónicos. Colombia está especializando constantemente las herramientas de las autoridades para rastrear y detectar a este tipo de delincuentes pero, como se dijo, es obligatorio que todos los usuarios de la red pongan de su parte también para, como se dice popularmente, “no dar papaya”.