Francisco vuelve a América

  • El Papa hablará con jóvenes en Panamá
  • Migración y solidaridad, un tema clave

 

No en pocas ocasiones se ha reiterado que América Latina es el subcontinente de la esperanza para la religión católica, apostólica y romana. Una premisa que ha tomado mayor fuerza desde que un cardenal argentino fue designado, por primera vez en la historia, como Papa cinco años atrás. Desde entonces el Pontífice ha visitado en varias ocasiones esta región, con giras por Brasil, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Cuba, Colombia, Chile y Perú. Ahora el turno es para Panamá, en donde el papa Francisco estará entre el 23 y 27 de enero próximos para participar de una versión más de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Se reafirma así el especial cariño que el titular del Vaticano tiene por esta región, cuya idiosincrasia, realidades y problemáticas conoce muy de cerca por su amplia experiencia pastoral en la misma. Paradójicamente, uno de los pocos países que no ha visitado es su tierra natal, pero en Buenos Aires saben que más temprano que tarde la tan anhelada gira se concretará.

La expectativa en Panamá ante la inminencia de la llegada del Pontífice es total. Miles de jóvenes de todo el mundo se darán cita en la nación del istmo para un encuentro cercano con un Papa que ha demostrado tener una especial sensibilidad por la juventud, a la que constantemente llama a vivir dentro de los valores cristianos, no resignarse ante la adversidad y, sobre todo, “volar alto”, como lo indicara en uno de sus memorables mensajes en la Plaza de Bolívar de Bogotá, durante su visita en septiembre de 2017.

Tras las celebradas en Rio de Janeiro, en 2013, y luego en Polonia, en 2016, la Jornada Mundial de la Juventud en el país canalero estará centrada en desatar lo que el mismo Pontífice llama la “revolución del servicio”, bajo la tesis de que “hay muchos jóvenes, creyentes o no, que al final de una etapa de estudios muestran su deseo de ayudar a otros, de hacer algo por los que sufren. Esta es la fuerza de los jóvenes, la fuerza de todos ustedes, la que puede cambiar el mundo… Esa es la revolución que puede desbaratar los grandes poderes de este mundo: la revolución del servicio”. Para el Papa Francisco “ponerse al servicio de los demás no significa solamente estar listos para la acción, sino que también hay que ponerse en diálogo con Dios, en actitud de escucha, como lo hizo María”.

Sin embargo, es claro que el titular del Vaticano aprovechará su visita a la nación centroamericana para pronunciarse sobre crisis muy puntuales en esa región continental, como las oleadas migratorias, tanto la producida por el régimen dictatorial venezolano como las que marchan hacia Estados Unidos y se han estrellado con la postura inflexible del gobierno de Donald Trump. Narcotráfico, exclusión social, situación de los pueblos indígenas y los retos de la Iglesia en naciones con un alto número de feligreses católicos, también harán parte de la agenda. Este último tema, por ejemplo, será clave en la reunión que sostendrá con no menos de 70 obispos de Centroamérica.

Como se dijo, el asunto migratorio será central, e incluso no pocos recuerdan que cuando el Pontífice visitó Estados Unidos en 2015, participando del Encuentro Mundial de las Familias e interviniendo ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, fue enfático en defender los derechos de los migrantes, señalándose como uno de ellos. Incluso en medio de la reciente tensión generada por las marchas de miles de personas de Honduras y otras naciones a la frontera sur de Estados Unidos, y las medidas ordenadas por la Casa Blanca para contenerlas allí, el Vaticano se ha pronunciado en repetidas ocasiones pidiendo un trato digno y humanitario con quienes buscan refugio, en especial los niños y las mujeres.

Los estimativos de la asistencia de fieles a la gira papal son muy altos. Se habla de multitudes en cada uno de los actos programados, que van desde eucaristías al aire libre, una visita a un centro de detención juvenil, vigilias y otros. No menos de 300 mil jóvenes de toda América Latina esperan recibir del Papa un renovado mensaje de esperanza así como un llamado y regaño cariñoso para que dejen atrás el conformismo y apuesten por grandes metas.

El Papa, entonces, vuelve a su continente. Y lo hace en un momento crucial, en donde hay mucho en juego desde el punto de vista político, económico, social, institucional y, claro, espiritual. Estamos seguros que sus palabras basadas en el perdón, la solidaridad, los valores cristianos y la esperanza, una vez más retumbarán en América.