Con encerrona, El Juli cerró la Feria de Manizales

Foto cortesía

Con muchos deseos de agradar a esta afición que tanto le quiere, llegó Julián López ‘El Juli’ a la Monumental de Manizales, para cumplir su compromiso de cerrar la feria taurina con su actuación en solitario ante astados de la ganadería de Ernesto Gutiérrez Arango.

El resultado del festejo no fue lo que todos anhelábamos, aunque en un sector de la afición había descontento al considerar que ver seis faenas ejecutadas por un mismo torero a toros de una misma ganadería, no era mayor atractivo. Sin embargo, había que acomodarse en los tendidos.

Pues nos acomodamos en los tendidos y esto fue lo que vimos:

Al primero no le vimos nada. El torete llegó rajado a la plaza; sólo que lo evidenció después de la primera tanda de muletazos. Salvo una bellísima serie de verónicas, rematada por fregolina, y un quite por gaoneras, nos libraron de irnos sin saborear algo. Espadazo de efecto pronto. Silencio.

Con Villancico, toro de 522 kilos, las cosas fueron de otro tenor. El diestro español aprovechó las superiores posibilidades que ofrecía el ejemplar e instrumentó dos tantas de muletazos con el sello de su arte, que llevaron emoción a la concurrencia. Una pena fue no verlo emplearse con más insistencia con la izquierda.

El toro terminó entablerado después de cursar su carta de renuncia. Mala suerte con la espada privó al diestro de lo que pudo ser la primera oreja de la tarde. Silencio.

En tercer lugar, con la parroquia no muy esperanzada, salió Diplomático, número 221 de 444 kilos. Aquí El Juli sudó la gota gorda pero fue muy poco lo rescatable, por cuenta de la falta de transmisión del toro. Se salva un quite por zapopinas o lopecinas. Pinchazo y estocada en lo alto. Para variar, silencio.

Estábamos pensando que la corrida iba a terminar a las 5:30, cuando comenzó a moverse Guacamote, un zaíno de media tonelada que, gracias a la Providencia, rompió el letargo en que venía la corrida. Julián estuvo a gusto exhibiendo sus mejores galas con el paño. Derechazos templados, pases en redondo y el forzado de pecho. El toro tuvo gas para buen rato y la faena fue creciendo y agradando a medida que avanzaba. Estocada entera, trasera y descabello. ¡Por fin! Primera oreja de la tarde.

Otro que se movió fue Flautista, el quinto. No con ánimo de aguar la labor ajustada de El Juli a esa condición, es lamentable que esa movilidad no haya sido por bravura del toro, sino por la acción del torero que no desistió en su decisión de someterlo.

Al toro le faltó la clase que tuvo El Juli para construir una faena a base de los muletazos de emoción que necesitaba la corrida. Estoconazo algo trasero y tendido. Dos orejas.

El último toro de la corrida y de la Feria se llamó Barbazul. Durante su lidia, para corresponder al afecto y petición del público, el madrileño puso banderillas, recordando también sus viejas épocas.

El toro acudió con fijeza y prontitud al inicio de la faena. El Juli dio buena cuenta de esa potabilidad para bordar pases de factura y alegrar a los tendidos. No ahorró esfuerzo y aprovechó al toro hasta que a éste se le acabó la gasolina. Pinchazo y estocada. Palmas.

Concluyó así la 65ª. versión de nuestra amada Feria de Manizales, que este año brilló esplendorosamente por los casi llenos de todas sus tardes; por su extraordinaria y creciente afición, por el lujo de organización y por su indescriptible facilidad para hinchar el alma de felicidad. ¡Dios bendiga a Colombia!