¿Cómo atajar el desempleo?

  • Reactivación económica, única vía objetiva
  • Tarda impacto de alivio tributario a empresas

 

Con una economía creciendo a un promedio de 2,5 por ciento anual es muy difícil que se pueda aspirar a un repunte en la generación de puestos de trabajo. Esa premisa es clave al analizar por qué la tasa de desempleo en Colombia aumentó durante el año pasado, cerrando en 9,7 por ciento, cada vez más cerca de volver a los dos dígitos, indicador que se tornó en el ‘coco’ laboral de los últimos gobiernos.

De hecho, según se desprende del informe del Dane, ese 9,7 por ciento no se veía desde 2013, cuando la tasa fue de 9,6 por ciento. Antes de ello estuvo por encima del 10 por ciento, incluso de un 12 por ciento en 2009. Para hacerse una idea de lo preocupante de la coyuntura, baste con señalar que el año pasado en ciudades como Quibdó, Cúcuta y Armenia el índice de desempleo superó el 15 por ciento, en tanto que en todo el país aumentó el subempleo y el llamado ‘rebusque’.

Para algunos analistas el alza del desempleo era de esperarse, no solo por la tendencia negativa del mercado laboral en los últimos meses, sino porque el aparato productivo tuvo un 2018 de regular desempeño, afectado por la incertidumbre política, el efecto de la Ley de Garantías Electorales así como por la cautela empresarial y de los inversionistas para emprender grandes proyectos. Todo ello en medio de una advertida estrechez fiscal local y una economía global con muchos altibajos. En ese orden de ideas, cerrar el año con casi 2,5 millones de personas sin trabajo así como con retrocesos en las tasas de participación y ocupación laborales no resultó una sorpresa, e incluso hay analistas que consideran que la cuestión pudo ser peor.

Lo importante, ahora, es evaluar cómo la economía colombiana puede revertir la tendencia creciente del desempleo. En principio habría que decir que no será nada fácil hacerlo. Indicadores clave como la tasa de consumo de los hogares así como los de la industria y el comercio no están repuntando lo suficiente como para llevar a una generación de nuevas plazas de trabajo de forma sustancial. También hay que ser realistas en torno a que si bien en la llamada “Ley de financiamiento” o de reforma tributaria, aprobada por el Congreso en diciembre, se dio vía libre a una disminución de la carga impositiva a las empresas para que puedan recuperar dinamismo productivo y ampliar sus plantas de personal, el efecto de ese alivio será gradual y no inmediato en el mercado laboral interno. Igual puede decirse de las metas del Plan Nacional de Desarrollo, cuya ley apenas si comenzará a discutirse en el Congreso la próxima semana. Allí se contempla que la estrategia de reactivación económica debe llevar a generar 1,6 millones de empleos durante el cuatrienio, pero ello está planteado a mediano y largo plazos. De otro lado, aunque para el Presidente de la República la informalidad es uno de los problemas más graves del país, corregirlo exige una gran cantidad de medidas transversales y multidisciplinarias en el campo tributario, laboral, de seguridad social, de emprendimiento económico y de regulación del sector privado, que requieren tiempo para aterrizarse y dar frutos.  

Por igual es ingenuo desconocer que mientras no se aboquen reformas profundas como la pensional o la laboral -que ya se anunció no irán al Congreso este año-, será muy difícil crear un ambiente sólido para generar empleo de calidad. La propia agenda del Ministerio de Trabajo para este año es muy compleja pues comprende retos de amplio calado que van desde impulsar la formalización y el trabajo decente, pasando por modernizar la normatividad sobre reparación colectiva y tercerización, para terminar en el ajuste a las cajas de compensación familiar, la estabilidad laboral reforzada e incapacidades, entre otros asuntos. Incluso hay que esperar si la nueva metodología de la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, en donde tienen asiento Gobierno, empleados y sindicatos, puede acordar y activar una política proactiva para crear puestos de trabajo. Para ello será determinante avanzar en asuntos tales como la resolución de los estándares mínimos de seguridad y salud o en el decreto de la tabla de clasificación de actividades económicas para el sistema general de riesgos laborales. No menos clave será afinar el sistema de autorización y normalización de trabajadores extranjeros, sobre todo ante el auge de mano de obra, calificada y no calificada, venezolana.

Como se ve, el panorama laboral no está despejado y revertir la tasa de desempleo será difícil en el corto plazo, pues hay causas estructurales que requieren tiempo y medidas de fondo para neutralizarse o, al menos, disminuir su incidencia. Sin embargo, por encima de todo ello, como se dijo al comienzo, mientras Colombia no crezca más allá del mediocre 3 por ciento planteado para este año, un despegue efectivo del mercado laboral será más pensar con el deseo.