La Misión de Sabios

  • Urge política de ciencia, tecnología e innovación
  • Aterrizar hoja de ruta para el nuevo ministerio

 

 

Mañana arranca una de las apuestas  más importantes del país en las últimas décadas. El Gobierno nacional instalará la Misión Internacional de Sabios que tendrá como principal objetivo sentar las bases para la construcción e implementación de la política pública de educación, ciencia, tecnología e innovación, a corto, mediano y largo plazos.

Compuesta por 43 expertos en distintas áreas del conocimiento, la Misión debe ayudar a trazar una ruta integral para que Colombia supere el atraso en estos campos de valor agregado que son, precisamente, los que marcan la diferencia entre los países con alto nivel de desarrollo productivo, progreso en estándares de calidad de vida y alta competitividad  comercial, y  aquellos condenados al anacronismo económico, porcentajes alarmantes de exclusión social y modelos empresariales inerciales, de sobrevivencia y sustentados en la mera producción de materias primas.

En ese orden de ideas, la Misión Internacional de Sabios convoca a científicos, académicos, intelectuales, investigadores y desarrolladores para que en un periodo de nueve meses, trabajando ad honorem, confeccionen un documento base sobre las estrategias que el sector público y privado en Colombia deben poner en práctica sobre la materia. Un documento base que no está llamado a quedarse en el papel sino que el Gobierno, como principal brazo ejecutor del Estado, se compromete a implementar de forma decidida y convocante para que la ciencia, tecnología e innovación en nuestro país se aterricen en programas de incentivo y resultados concretos, medibles y eficaces.

El atraso colombiano en esos tres campos quedó más que patente en el segundo semestre del año pasado, en el marco de los debates en el Congreso para la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, cuya ley respectiva, la 1951, fue sancionada por el Presidente de la República el pasado 24 de enero. Desde ese día comenzó a correr el plazo de un año para activar la nueva cartera, que tendrá como base la estructura administrativa, funcional y presupuestal de Colciencias. Entre los objetivos de ese nuevo ministerio está, precisamente, establecer estrategias de transferencia y apropiación social de la ciencia, la tecnología, la innovación y el emprendimiento para la consolidación de una sociedad basada en el conocimiento, con aprendizaje permanente, cuyos desarrollos investigativos impulsen definitivamente el sector productivo y favorezcan la competitividad, al convertirse en ejes transversales de la política económica y social del país.

El gran desafío, sin duda alguna, es que las recomendaciones de esta Misión Internacional de Sabios no corran el mismo destino que misiones anteriores en otras materias, como política, electoral, judicial, de educación, estructura tributaria, pensiones… Todas ellas proyectaron sendos informes con múltiples recomendaciones para ser traducidas en políticas públicas con vocación de largo plazo. Sin embargo, en la mayoría de los casos el ejercicio de los expertos se quedó en el papel o simple y llanamente se difuminó por escasez presupuestal, otras prioridades sobrevinientes de los gobiernos de turno o porque los congresos que debían normativizar ese conjunto de medidas fallaron en su implementación o cedieron ante distintos sectores y factores de poder a los que no les convenían dichas reformas.

Para nadie es un secreto que el porcentaje del PIB que se destina en Colombia para el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación (que no alcanza el 1%) está muy por debajo de los estándares de las naciones más desarrolladas. Tampoco que los grupos de investigación en instituciones públicas y privadas trabajan con las uñas en la mayoría de los casos. Por igual, hay deficiencia de profesionales con doctorados, especializaciones y maestrías. Incluso es sabido que si bien un 10 por ciento del billonario presupuesto de las regalías debe ser invertido en la financiación de proyectos regionales y locales con propósitos científicos, tecnológicos e innovadores, buena parte de los recursos permanece congelado ante la ausencia de iniciativas de gran calado o, por el contrario, se han dilapidado en programas de poca monta, que tienen tras de sí a redes de politiquería y corrupción.

El año pasado el Congreso aprobó la reforma al Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías. Igualmente ya está en vigencia la ley que crea el Ministerio del ramo. Y ahora se convoca una Misión Internacional de Sabios que debe sentar las bases de la nueva política pública al respecto. Bases que el Gobierno se compromete a implementar en el corto plazo, no solo en el marco del Plan Nacional de Desarrollo -radicado ayer-, sino fiel a su premisa transversal de impulsar la economía naranja como nuevo norte productivo y de generación de valor agregado, conocimiento y competitividad. Se diría que todas piezas para construir y arrancar esa estrategia están sobre la mesa. El desafío es que se estructuren y se vuelvan una realidad.