Nayib Bukele: un nuevo Salvador

Foto archivo AFP

EL DOMINGO pasado los salvadoreños acudieron a las urnas con el sueño de poder cambiar el rumbo de su país. Y parece que ya empezó con la elección de Nayib Bukele de 37 años, el mandatario más joven de América Latina, quien rompió con 30 años de gobiernos bipartidistas, al presentarse por medio de la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) de tendencia conservadora. Hijo de inmigrantes árabe-palestinos, Bukele ya había sido alcalde de San Salvador y es recordado por su carisma. Fue elegido en primera vuelta con el 53% de los votos, superando ampliamente a su contrincante, Carlos Callejas, candidato del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), uno de los más tradicionales de El Salvador.

Los retos del nuevo gobierno no serán menores y están enfocados principalmente en reducir la violencia perpetrada por bandas criminales, fomentar la educación, luchar contra la corrupción y la pobreza. Pero el reto no será fácil pues la situación de inseguridad no es reciente y ha causado que el 24% de los salvadoreños vivan hoy en el exterior.

La cuestión está en si Bukele puede afrontar estos retos, teniendo una Asamblea con una mayoría compuesta por partidos tradicionales. Tendrá que buscar formas de concertar alianzas que le permitan gobernar y generar estabilidad en este país centroamericano a nivel interno y externo.

Más seguridad, menos emigración

San Salvador es la decimoséptima ciudad más insegura del mundo, de acuerdo a los últimas estadísticas de 2018. Pero esto no es reciente. Luego de una década de guerra civil entre el gobierno salvadoreño y de la guerrilla de izquierda liderada por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), en 1992 ambas partes firmaron un acuerdo de paz aclamado en su momento por la comunidad internacional, pero que no logró detener la violencia. Por el contrario, varios de los miembros de la guerrilla no se acogieron a los acuerdos y se consolidaron en pequeñas pandillas criminales dedicadas también al tráfico de personas y de droga.

Con el tiempo, estas organizaciones tomaron más fuerza por causa de la pobreza, la desigualdad y el poco acceso a oportunidades. “Ante la amenaza que representan las pandillas, el Estado respondió inicialmente con un enfoque de mano dura. Esta estrategia, sin embargo, no produjo los resultados esperados, y por el contrario sirvió para marginalizar aún más a la juventud del país, estimular el reclutamiento en las pandillas y duplicar la población carcelaria”, afirma InSight Crime. Hoy en día la cifra de homicidios es de 51 por cada 100.000 habitantes.

No es extraño, entonces, que las caravanas de migrantes centroamericanos estén compuestas por personas principalmente provenientes de lo que se conoce como el Triángulo del Norte: El Salvador, Honduras y Guatemala, donde hay un amplio número de pandillas dedicadas a extorsionar negocios y personas. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), encontró que el 79,8% de los migrantes buscan mejores condiciones de vida y el 45,7% salen de su país por inseguridad y violencia.

En este sentido, dentro de su plan de gobierno con el nombre de “Cuscatlán”, Nayib Bukele estableció cinco pilares principales que buscan reducir los índices de violencia y la percepción de inseguridad. Para ello, propuso que para combatir la delincuencia es necesario modernizar los equipos de la policía. “No es posible que tengamos patrullas de los años 90 y que los agentes no tengan ni siquiera un radio de comunicación, como también que trabajen en condiciones paupérrimas”, enfatizó Bukele.

Para lograr esto, también deberá abordar otras situaciones inquietantes como la pobreza, la desigualdad y reactivar algunos sectores de la economía. De acuerdo con los resultados de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples de 2017, el 29,2% de la población está en condiciones de pobreza y existe una amplia brecha entre los ingresos de zonas rurales y urbanas. Dentro del Plan Cuscatlán, se busca prestar más atención a la Franja del Norte, 23 municipios donde se concentra el 75% de la pobreza extrema y que han sido olvidados por los gobiernos anteriores. Esto se hará mediante la reactivación económica con el uso de mayor tecnología para la agricultura, apoyo en la comercialización de los cultivos y con el aumento la prestación de servicios básicos.

Además de los retos mencionados previamente, Bukele se enfrenta a una Asamblea de mayoría opositora, liderada por el partido Arena, hecho que podría truncar algunos de sus proyectos. No obstante, este triunfo marca un nuevo comienzo para El Salvador. Más allá de lograr desbancar a los partidos tradicionales, Bukele hizo campaña a través de las redes sociales, con un estilo joven y sencillo, buscando renovar este país centroamericano mediante herramientas como el big data y la tecnología, para avanzar en términos económicos y luchar contra la corrupción. Su triunfo ya es histórico, pero si este Presidente logra abordar los retos propuestos, especialmente en reducir la violencia, podría ser considerado como dicen algunos periodistas, el salvador de El Salvador.

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(*) Internacionalista