Reingeniería productiva

  • Campanazo de OCDE a Colombia
  • No engavetar las recomendaciones

 

 

Si entrar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) fue difícil para Colombia y el proceso para cumplir con los estándares mínimos tardó varios años, e incluso en algunas políticas sectoriales quedaron asuntos pendientes de ajustar a corto y mediano plazos, será aún más complicado mantenerse en este exclusivo club de 36 naciones que aplican las mejores políticas de gobierno para aumentar la eficiencia institucional en pos del bienestar económico y social sus habitantes.

Una prueba de esto último son los campanazos que están contenidos en el informe de Revisión de la Política de Transformación Productiva de Colombia, dado a conocer esta semana por el Departamento Nacional de Planeación.

Dicho análisis advierte que el país necesita acelerar la transformación productiva para aprovechar su avance socioeconómico. Una estrategia integral que debe ser transversal en el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, radicado días atrás por el Gobierno en el Congreso para ser discutido y aprobado en las sesiones extraordinarias.

Lo primero que hay que recalcar es que no se trata de un diagnóstico más. Todo lo contrario, es un estudio a fondo a cargo del Centro de Desarrollo de la OCDE, en colaboración con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (Cepal), la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) y la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi). Es claro, entonces, que es un análisis muy serio y objetivo, que no puede ni debe ser desestimado ni mucho menos engavetado.

Tras resaltar que entre los años 2000 y 2017 el país duplicó el PIB per cápita, la economía creció a un ritmo promedio del 4,3 por ciento, el índice de pobreza descendió del 50 al 28 por ciento y que la entrada de inversión extranjera directa alcanzó un 59 por ciento -por encima de la media de la OCDE-, el informe alerta que el sistema productivo sigue presentando carencias estructurales que dificultan avances más sustanciales.

Esas carencias son tan graves como difíciles de superar en el corto plazo, empezando porque la economía local continúa dependiendo en mayor medida del rubro de los hidrocarburos y la minería. Prueba de ello es que en 2017 representó un 80 por ciento de las exportaciones, 10 por ciento más que en 1991. A ello su suma que el sector manufacturero sigue perdiendo importancia y competitividad, con el agravante de que, dentro de los 36 países de la OCDE, Colombia tiene la segunda mayor brecha en cuanto a productividad laboral entre regiones. No menos lesivo es que la inversión en ciencia, innovación, investigación y desarrollo es apenas de un 0,25 por ciento del PIB, porcentaje que es 15 veces inferior al promedio de la Organización.

Visto lo anterior resulta evidente que Colombia debe acelerar su política de reingeniería productiva para resolver sus carencias estructurales y acelerar la transformación económica. Un buen punto de partida para ello, de acuerdo con los redactores del informe, es la Política de Desarrollo Productivo (PDP) para el período 2016-2025, que fue elaborada por Planeación en cooperación con varios ministerios y organismos, con el fin de incrementar las exportaciones y la productividad en esa década. Al analizar dicha estrategia, la OCDE y las tres agencias de la ONU detectaron varias debilidades que es necesario corregir. Recomiendan, por ejemplo, fortalecer las capacidades de planificación y de previsión gubernamentales para dejar de centrar sus esfuerzos en la redacción de documentos y destinarlos mejor a conseguir un compromiso común de dotación presupuestaria y aplicación de las políticas. Igualmente es prioritario materializar el potencial de todas las regiones en cuanto a productividad, actuando para ello en la simplificación de los trámites burocráticos, la mejora de la infraestructura de comunicación, la innovación y diversificación exportadora así como pasar de la adopción de tecnología a la creación de la misma. Y, por último, se considera necesario activar mecanismos para aprovechar al máximo el comercio y las inversiones, acudiendo a la ampliación de la integración regional, una mejor participación en las cadenas globales de valor así como integrar de manera más eficaz las políticas en materia de desarrollo industrial, comercio e inversión.

Convendría que el Ejecutivo asumiera el estudio de este importante informe y le diera una respuesta en el corto plazo, no tanto para confirmar o replicar el diagnóstico, sino para indicar cómo se están aplicando, desde el propio Plan Nacional de Desarrollo y las demás políticas sectoriales, los ajustes que la OCDE está recomendando. De lo contrario, qué sentido tendría haber realizado semejante esfuerzo para entrar a ese club de países con buenas prácticas de gobierno.