Barrios se apropian del Código de Policía

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Como una forma de solucionar los conflictos que a diario se presentan en la ciudad por diferentes motivos, varios barrios de la Bogotá están utilizando el Código de Policía para mejorar la convivencia.

En la actualidad se están realizando 170 talleres para fortalecer el conocimiento de esta normatividad en las localidades de Suba, Engativá, Kennedy, Santa Fe, Ciudad Bolívar, Tunjuelito, Rafael Uribe Uribe, San Cristóbal, Bosa y Fontibón.

Se trata de una actividad conjunta entre la Escuela de Justicia Comunitaria de la Universidad Nacional de Colombia (Ejcun) y la Subsecretaría de Gestión Local de la Secretaría Distrital de Gobierno, que busca que las comunidades se apropien de las herramientas del Código Nacional de Policía y Convivencia y sus normas concordantes en un ejercicio pedagógico de resolución de conflictos comunitarios y sus entornos.

Hasta el momento se ha reflexionado sobre los conflictos relacionados con el uso inadecuado de zonas comunes en propiedad horizontal y la relación con el Código Nacional de Policía y Convivencia, el consumo de sustancias psicoactivas en espacio público, las riñas, el manejo inadecuado de basuras, las ventas ambulantes, los grafitis, las construcciones, los daños a los inmuebles vecinos, las invasiones y la tenencia de mascotas.

 

Participación

En los encuentros han participado Juntas de Acción Comunal (JAC), madres comunitarias, jóvenes y conciliadores de equidad, comunidades indígenas murui y misak, y propiedad horizontal, entre otros actores.

 

Socialización

Para cumplir con el propósito de información se realizarán talleres de socialización y sensibilización centrados en dos dimensiones: una social, que abarca la comprensión de los conflictos desarrollados en los territorios; y otra jurídica, que implica un abordaje desmitificador de algunos imaginarios sobre la norma de convivencia que se basan en los comportamientos contrarios a esta, que más afectan a Bogotá y en consonancia a sus entornos locales, las autoridades de Policía y el proceso pertinente.

A raíz de este trabajo se espera construir una agenda local para la gestión de conflictos, la cual servirá como mecanismo para direccionar aquellos que se presentan en las comunidades, o prevenir que se continúen desarrollando negativamente.

El profesor Édgar Ardila Amaya, director de la EJCUN, afirma que la significación de esta estrategia está asociada con una necesidad que se tiene como ciudad: “en los últimos 25 años Bogotá ha reducido de manera sustancial los problemas tanto de convivencia como de seguridad. Esto tiene que ver con un dato estadístico importantísimo, que es haber pasado de 82 homicidios a 12,5. Ese resultado se ha alcanzado por los procesos de convivencia relacionados con el manejo consensual de los conflictos y con el respeto a las normas, entre otros temas. Este programa avanza de manera sustancial hacia esa dirección”, subraya.

Ana María Echavarría, lideresa de la localidad de Tunjuelito y participante en uno de los talleres formativos del proyecto, establece que dichos espacios son importantes porque “primero, se aprende; segundo, lo que se aprende se puede replicar; y tercero, se empieza a ser un mediador de conflictos, es decir un gestor de paz entre las entidades policivas y la comunidad (…) Por eso es muy bueno ser un mediador, indicarle a la gente cómo funciona el Código, cuáles son sus derechos y límites, y los del policía para con la comunidad”.

Iván Casas, subsecretario de Gestión Local, señala que “nuestro propósito –más que hacer un ejercicio de formación académica en derecho y en la norma que deben cumplir los ciudadanos en relación con el Código Nacional de Policía y Convivencia– es impactar a estas comunidades y generar mejores entornos de convivencia. En ese sentido la multa y la disuasión como herramienta pasan a un segundo plano, pues lo fundamental es ser buenos ciudadanos y comportarnos bien frente a la convivencia que impacta en la vida en comunidad”.

La cooperación entre la Ejcun y el Distrito surge de entender a Bogotá como un espacio en el que confluyen distintas formas de ver el mundo y de estar en él, y que guarda en su seno diferentes oportunidades para la construcción de convivencia que, entrelazadas con las herramientas del Código Nacional de Policía y Convivencia, previenen malos comportamientos o conflictos y a su vez dan la oportunidad de transformar positivamente estos hechos producto de las confrontaciones o roces interpersonales.