El libro de De la Calle

  • La accidentada génesis de la JEP
  • El momento crítico del plebiscito

 

 

Interesante y particularmente revelador el testimonio de Humberto De la Calle, jefe negociador del proceso con las Farc, en su compacto libro recién publicado sobre ese tramo fundamental de la historia reciente del país. Pudo el ex vicepresidente haber escrito un volumen largo y anecdótico, pero el mérito inicial radica, precisamente, en la labor de síntesis y el uso prudente y sincero de la primera persona en una prosa diáfana.

Hay en el volumen, asimismo, un uso adecuado y profesional de las fuentes primarias, tanto nacionales como internacionales, así como de fuentes secundarias significativas y bien traídas a cuento. En particular, llama la atención el análisis del contexto que le da al documento un estilo serio a la vez que ameno, con connotaciones periodísticas e históricas, por demás sin esquivar en ningún momento los elementos confidenciales de interés básico, en tratándose de una vivencia compleja, así como de su situación personal ante las diferentes posibilidades que se llevaron a cabo no siempre acorde con su criterio jurídico o político.

En principio, vale decir que la promesa de la primera frase, según la cual “esta es una narración absolutamente veraz”, se cumple a lo largo del texto o al menos esa es la sensación que queda en el lector al final. Por fortuna, no fue este un libro asociado con su campaña presidencial, una vez firmado el pacto con la guerrilla, ni tiene pretensión alguna de proselitismo. Desde luego, reparte beneplácitos, propios de un trabajo en grupo en la Mesa, pero va mucho más allá y deja entrever que el proceso tomó uno u otro rumbo, en buena medida a partir de subcomisiones que no siempre estuvieron a tono con lo que pensaba el comité de plenipotenciarios del gobierno, ni con él como jefe negociador.

Eso es bastante claro, por ejemplo, en cuanto a la llamada comisión de juristas a la que De la Calle cita en varios acápites y cuya negociación derivó en la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) que, aun tantos años después, pervive en el ojo del huracán. De acuerdo con el autor, las Farc siempre quisieron dividir la acción gubernamental en la Mesa y esta sería una de las ocasiones en que lo lograron. En efecto, pese a esas advertencias, se dio vía libre a la citada comisión, en primera instancia, como asesora. Pero a poco, las Farc desestimaron ese carácter y le dieron capacidad negociadora plena.  “Lo cierto -dice De la Calle- es que los juristas se reunieron y comenzaron a trabajar sobre una matriz conceptual bien diferente de la presentada por nosotros en ese mes de enero del 2015”. Con ello se llegó, en 75 puntos, a un enfoque bastante diferente al que se presuponía. Y en esa dirección se apeló, en la configuración de los delitos, a una tipificación internacional; se dejó de lado la idea de los máximos responsables sobre la que venía trabajando el gobierno, tratando de individualizar a cada uno; y en fin se cambió el criterio de las penas por el de las sanciones a partir de una formulación hasta entonces no discutida de la justicia transicional. “Una línea roja para nosotros era, pues, que cualquiera que fuera la decisión final, de carácter transicional, con penas alternativas, ni era posible la amnistía general ni bastaba el esquema de justicia únicamente restaurativa que pregonaban las Farc. Era imprescindible algún tipo de sanción retributiva”. De alguna manera en el libro queda claro, entonces, que el proceso tomó un rumbo inédito, con canales diferentes a los prestablecidos, sobre lo cual el mismo De la Calle mantiene las dudas de por qué se le dejó adquirir un carácter decisorio a la comisión y por qué se dejó que la mesa formal se desgastara durante meses cuando el daño ya era irreparable. Y es ahí, en ese episodio, donde el mismo De la Calle se pregunta si no está la génesis de los problemas posteriores. 

De otra parte, en el libro hay un sinnúmero de situaciones, no por pequeñas, desconocidas. Pero en una importante, narra De la Calle, por ejemplo, que fue él mismo quien le pidió al presidente Juan Manuel Santos no seguir las negociaciones con el No, luego del fallido plebiscito, mientras éste estaba con el expresidente Álvaro Uribe en Rionegro, cerrando esa posibilidad del consenso -en que nunca creyó-, pues por una llamada furtiva, en un jardín de la sede negociadora en La Habana, entrevió que las Farc darían por finiquitado el proceso. Y así se acabó el tema y se perdió la posibilidad de acabar con la polarización. Por lo aquí dicho y por otras cosas es un libro que vale la pena leer.