La reingeniería de la OEA

  • Retos de próxima asamblea en Medellín
  • Una Carta Democrática fuerte y aplicable

 

Un hecho sin duda significativo que Medellín haya sido confirmada como la sede de la 49ª Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), que se realizará en la capital antioqueña del 26 al 28 de junio próximos.

Desde ya es obvio que la asamblea del máximo ente continental se llevará a cabo en medio de una coyuntura geopolítica muy importante, sobre todo por la forma en que se vienen desarrollando los acontecimientos en Venezuela y el progreso de los esfuerzos de la comunidad internacional, con la OEA a la cabeza, para sacar del poder al régimen dictatorial de Nicolás Maduro.

De igual manera, cada vez es más evidente el fracaso de los entes subregionales que el chavismo y el bloque de países tomados por la izquierda populista trataron de posicionar en la última década como alternativa a la OEA. Hoy es claro que la Unasur, el Alba y la Celac, entre los principales intentos, sufren un acelerado proceso de marchitamiento geopolítico, sin mayor poder de convocatoria,  representatividad ni influencia.

Como lo hemos reiterado en estas páginas, ante las nuevas realidades políticas globales y el retroceso de la izquierda populista en la mayoría de las naciones latinoamericanas, la OEA debe plantearse nuevas metas para fortalecer su rol, en especial en cuanto a los mecanismos para aplicar de forma efectiva y contundente la Carta Democrática, que se constituye en el principal eje de acción continental para actuar en los países en donde se rompe el hilo constitucional legítimo o las autoridades patrocinan o toleran la violación sistemática de los derechos humanos y las garantías más fundamentales.

En ese orden de ideas resulta trascendental que el lema de la Asamblea a realizarse en Colombia sea, precisamente, el de “Innovando para fortalecer el multilateralismo hemisférico”, según se confirmó el miércoles pasado durante una sesión del Consejo Permanente de la Organización en Washington. El objetivo, según se precisó por parte de la Cancillería colombiana, es dimensionar el papel clave que tiene el Sistema Interamericano en los países del hemisferio y la necesidad de adaptarse a los desafíos del siglo XXI.

Para no pocos tratadistas y analistas es inocultable que la crisis venezolana y la forma en que el régimen dictatorial se ha mantenido en el poder, acudiendo para ello a la represión violenta, la anulación de los poderes públicos adversos al chavismo, el saqueo generalizado de la riqueza petrolera e incluso el sometimiento de la población a la peor crisis política, económica, social e institucional de su historia, ponen en evidencia que la OEA necesita más margen de acción para poder intervenir de forma efectiva frente a esta clase de debacles de la democracia y tragedias humanitarias.

Es imperativo, entonces, un análisis de fondo sobre cómo dotar al Sistema Interamericano de un marco de multilateralismo más eficaz. Un marco que, respetando todos los cánones del derecho público internacional y los principios de soberanía y autodeterminación de los pueblos, sirva para tomar medidas eficaces y aplicar, como se dijo, la Carta Democrática en toda su dimensión.

Así las cosas, la Asamblea de la OEA a realizarse en Medellín tiene la obligación de ir más allá de lo meramente protocolario y definir la hoja de ruta para una reingeniería en todos los aspectos en que actúa en el continente, no solo como ente rector del tracto democrático sino en los campos de impulso al desarrollo, políticas de seguridad, superación de la pobreza y la desigualdad, inclusión de minorías, garantía de derechos humanos, fortalecimiento institucional y otros campos igualmente importantes.

Para Colombia, de otra parte, ser la próxima sede del cónclave del principal ente continental es una oportunidad de revalidar su importancia geopolítica en el continente, sobre todo en momentos en que el péndulo de poder se vuelve a situar en el centro y la centro derecha en la mayoría de los países americanos. Y, claro, también será una oportunidad para evidenciar ante el mundo los cambios positivos que ha experimentado el país en muchas materias, desde el orden público hasta la economía.

Así las cosas, es necesario empezar a prepararse para el reto que implica ser sede de la Asamblea de la OEA. Si bien no es la primera vez que el país alberga el magno evento -ya lo hizo en 2008 y 1985-, es claro que en esas ocasiones la coyuntura geopolítica no tenía la dimensión actual.