Menos homicidios en Bogotá

  • Afinar medidas contra reincidencia criminal
  • Más incentivo a colaboración de ciudadanía

 

 

Contrario a lo que está sucediendo en otras ciudades capitales, en gran parte por la ocurrencia de casos de sicariato, vendettas entre grupos delincuenciales y hasta masacres, la tasa de homicidios este año en Bogotá continúa a la baja. Se trata, sin duda, de una buena noticia que valida la estrategia de seguridad que ha venido implementando tanto la Administración Distrital como la Policía Metropolitana, la Fiscalía, el Ejército, otros organismos de la Fuerza Pública y el rol cada vez más activo de la comunidad en su colaboración con las autoridades para prevenir el crimen o denunciar rápidamente su ocurrencia.

Según el reporte de la Secretaría de Seguridad, Convivencia y Justicia, en febrero se registró una reducción de 34 por ciento en los homicidios, lo que se constituye en la cifra más baja en los últimos nueve años en la capital del país. En total el mes pasado se reportaron 57 casos de homicidio, sustancialmente menos que los 87 en el mismo lapso del año pasado.

Lo más importante no es la rebaja en este tipo de muertes el mes pasado, sino que la misma hace parte de una tendencia. La propia Administración recalca que mientras en 2015 la tasa de homicidios era de 17.4 por ciento, en 2018 se redujo a 12.8 por ciento. Esto último es clave si se tiene en cuenta que a nivel nacional el año pasado los homicidios volvieron a aumentar después de un periodo de cinco años a la baja.

Es prioritario mantener esta tendencia, más aún porque la meta de la alcaldía de Enrique Peñalosa para este año, cuando finaliza su mandato, es bajar la tasa de homicidios al 12 por ciento, lo que implicaría menos de mil de este tipo de muertes violentas al año.

Es claro que dentro de esta reducción ha sido clave no solo el trabajo dedicado y efectivo de la Fuerza Pública y los organismos judiciales, sino también que se ha fortalecido la operatividad y el equipamiento de los uniformados.

En desarrollo de ello el Distrito ha entregado en los últimos tres años 94 mil millones de pesos para la renovación de vehículos en la Policía, un moderno edificio a la Brigada XIII del Ejército y a la Seccional de la Fiscalía General equipos destinados a labores de inteligencia e investigación criminal. También se ha fortalecido la seguridad barrial con videocámaras de vigilancia.

Es claro que la disminución de los homicidios no es un fenómeno aislado del combate efectivo a otros delitos de menor gravedad pero que, por sus propias circunstancias de modo, tiempo y lugar, suelen llevar a asesinatos, como es el caso del microtráfico, los fleteos, los robos de celulares, el pandillismo, las riñas callejeras y otras actividades ilegales de alto impacto.

Sin embargo, para lograr una caída más efectiva en materia de homicidios es necesario profundizar en otros frentes. Por ejemplo, los alcaldes de las ciudades capitales han venido insistiendo en que es necesaria una reforma a los códigos Penal y de Procedimiento Penal que evite que una porción importante de los delincuentes que son capturados en flagrancia terminen siendo liberados en cuestión de días, semanas o pocos meses. Las estadísticas son impactantes en torno a redomados ladrones que tienen múltiples entradas y salidas de prisión. Igualmente es necesario aplicar una reingeniería al sistema de la casa por cárcel, ya que cada vez es más frecuente la detención de personas que, se supone, debían estar internadas en su domicilio cumpliendo medidas de prisión domiciliaria. No menos prioritario es que se analice lo que está pasando con el creciente número de adolescentes que terminan siendo procesados penalmente. Los centros de detención y resocialización de los mismos también están generando muchos problemas últimamente.

De otro lado, si bien se avanzó en cuanto a la prohibición de la venta libre de armas blancas, todavía son altos los índices de personas y heridas con cuchillos. Por igual deben redoblarse los operativos y retenes de las autoridades policiales y militares para confiscar una gran cantidad de armas de fuego ilegales en manos de delincuentes comunes y bandas criminales organizadas.

No menos clave es que se profundicen las campañas para incentivar la colaboración ciudadana no solo en la denuncia de los delincuentes, sino en la organización, a través de las juntas comunales, de sistemas de disuasión y prevención de las actividades criminales, especialmente con la instalación de cámaras de vigilancia y coordinación con los cuadrantes policiales. Igual tienen que ahondarse las campañas contra la intolerancia, que es una de las principales causas de los homicidios en la ciudad.

Como se dijo, disminuir la tasa de homicidios no es una tarea fácil. En Bogotá hay un camino avanzado y lo importante es redoblar esfuerzos.