Cambios que se avecinan | El Nuevo Siglo
Lunes, 26 de Abril de 2021

La crisis del coronavirus nos ha puesto al tiempo ante muchas realidades que abarcan casi todas las esferas de la vida social. Sacando nuestras mejores emociones y también las peores, desde la solidaridad hasta el más crudo egoísmo. Es como si de pronto se hubiesen intensificado los problemas y las dificultades. Y no se puede desconocer el sufrimiento de miles de personas, especialmente por la muerte de sus seres queridos.

Es inevitable que se generen también desánimo y pérdida de confianza que se suman a la lista de las cosas por recuperar como sociedad. La respuesta global con la vacunación es signo de esperanza. Y las limitaciones para acceso rápido por millones de personas expresa la dura realidad de la desigualdad.

De otro lado, está el desafío de la urgente respuesta a los problemas socioeconómicos y sanitarios que se demanda de los Estados. La crisis también nos ha puesto ante la importancia de verificar los resultados concretos de las decisiones y la acción de los gobiernos. El foco se volvió a centrar con mayor atención sobre la importancia y la acción del Estado a través de los gobiernos, demandando y monitoreando resultados casi que en tiempo real. Es una situación relativamente nueva en una época de globalización, grandes corporaciones y TIC, donde su papel para muchos parecía secundario.

Según la encuesta sobre confianza, Colombia es el cuarto país entre 28 en que más se desconfía del gobierno, registra 33 puntos y está 20 por debajo del promedio global. En 2019 estaba en 37. Y la confianza en los líderes disminuye cada vez más -Ejemplo, 24 puntos en funcionarios públicos-. Además, las personas consideran que los líderes son sospechoso de mentir y desinformar: líderes gubernamentales 72% y líderes empresariales 66%. (Edelman Trust Barometer/2021). Y la última encuesta Invamer (Abril/21) muestra un creciente desaprobación del desempeño del presidente 63,2% y el 77,5% creen que las cosas en el país van por mal camino. Es decir, hay una clara insatisfacción con el manejo y los resultados.

El proceso electoral del 2022 para elegir Congreso y Presidente no será ajeno a lo arriba señalado -recientes ejemplos en otras partes así lo muestran- y eso le imprime una dinámica distinta. La intención de voto muestra una abultada ventaja de la izquierda en cabeza de Gustavo Petro, en ambas vueltas y quien capta significativos votantes en todo el péndulo ideológico. Seguido del centro con Sergio Fajardo, y mucho más atrás por la candidata de la derecha Marta Lucía Ramírez que se muestra como la más destacada entre 15 nombres de ese sector (Invamer/21).

Si bien, las últimas campañas electorales en el país han estado enmarcados en la polarización ideológica que simplifica y tiende a restarle importancia al debate sobre propuestas y resultados. Es creciente la presión para mejorar la efectividad de las políticas, contar con gobiernos de mayor liderazgo y mejorar confianza en las instituciones democráticas. La competencia electoral está en las previas, pero apurando. ¿Será que la crisis aceleró la necesidad de cambios y a la vez nos dirigimos hacia un proceso electoral menos ideologizado?

@Fer_GuzmanR