Argentina, futuro incierto

  • Faltan cuatro meses para elecciones presidenciales
  • Gobierno y oposición emproblemados al máximo

 

 

El presidente Mauricio Macri recibió una Argentina subsidiada y quebrada por el populismo de su antecesora, Cristina Kirchner. Una nación sacudida por los escándalos de corrupción y sumida en el pesimismo económico extremo. Para solventar la situación el nuevo Mandatario le pidió a la población que se sacrificara y se lanzó a cumplir con un implacable plan de ajuste bendecido por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Al acabar los subsidios de un solo tajo las clases más necesitadas sintieron que las condenaban a la pobreza eterna, en tanto las empresas que recibían subvenciones empezaron a hacer agua.

El Gobierno se esforzó por explicar que de no sanear la economía el país caería al abismo. Se promovieron, entonces, grandes programas de inversión en el sector agro, pero cuando se empezaron a recoger las primeras cosechas se encontró que había sobreoferta en el mercado internacional y bajos precios, generando así una calamidad para los exportadores, el gobierno y la extendida clase campesina.

Esa situación no amilanó al gobernante, que no solo lideraba una cruzada contra la corrupción sino que empezó a desmontar las medidas restrictivas a la economía. Un apretón que, como decía Churchill en la Segunda Guerra Mundial, demandaría sangre, sudor y lágrimas para salir de la crisis financiera. Mientras el Ejecutivo intensificó sus denuncias en torno a que el fisco estaba quebrado por cuenta de la política errada y los negociados del gobierno anterior, la justicia actuó contra algunos exfuncionarios de Kirchner y ella misma, deteniendo a varios por escándalos relacionados con sobornos, tráfico de influencias, testaferrato y otras anomalías graves. Se conocieron impactantes testimonios sobre bolsas de dinero que eran entregadas al entorno presidencial anterior, ministros y otros altos cargos. Por un tiempo, la opinión pública seguía con interés la trama de los desfalcos del anterior gobierno, en tanto el kirchnerismo alegaba una persecución política y judicial. Pero pronto, el foco mediático se desplazó al inconformismo de las mayorías por el duro apretón económico.

Macri insistió en su receta neoliberal pero no consiguió reactivar la economía. Por el contrario, ofreció profundizar el ajuste. Lo más complicado es que las afugias fiscales aumentaron, por lo que se vio en la necesidad de acudir a una millonaria línea de crédito del FMI, un asunto que impactó sobremanera a los argentinos dados los infaustos antecedentes de sus deudas con la banca multilateral décadas atrás. Los informes sobre la marcha económica son alarmantes: en 2018 el 32% de la población urbana argentina quedó bajo el umbral de la miseria. Como se frenó el crecimiento y aumentó la inflación, pese a los sacrificios del pueblo argentino, se retornó al mismo escenario de estancamiento y penurias en el que languideció el segundo mandato de Cristina Kirchner.

Para los economistas ortodoxos la situación es crítica. El aumento del costo de vida se mantiene imparable. El frente cambiario está igualmente complicado. El desempleo reconocido va por el 9% y afecta ya a 4 millones de personas. En el último trimestre de 2018, el Producto Interior Bruto gaucho cayó un 3,5%. Todo ello a la par de una mortificante y acelerada caída en la calidad de vida y un incremento de la inseguridad urbana y rural. Lo más desalentador es que cerca del 65% de los pobres son niños y adultos menores de 30 años. La cuestión ha llegado a tal punto que el jueves pasado se anunció la reducción de los almuerzos para los niños de escasos recursos en el gran Buenos Aires.

En medio de la crisis el gobierno intenta profundizar el control de precios y un paternalismo financiero, que linda con las mismas medidas criticadas a los justicialistas que condujeron la economía al desastre.

El coletazo político era inesquivable. Hace apenas tres semanas la provincia de Córdoba fue a elecciones y allí se vio un verdadero pulso entre el gobierno y la oposición. Los resultados fueron desastrosos para el oficialismo porque perdió la capital del país, lo que nunca había ocurrido antes en esa región conservadora por naturaleza.

En octubre se llevarán a cabo los comicios presidenciales. Macri buscará la reelección y la exmandataria, campeona del populismo chavista que entró en crisis en todo el continente, también quiere competir de nuevo, pese a que si bien ha logrado esquivar ser enviada a la cárcel por distintos procesos que se le siguen por los escándalos de corrupción, esta semana recibió un duro golpe por la decisión de la Corte Suprema de enjuiciarla, tema que está sujeto a numerosos recursos de la defensa y que depende, finalmente, de que sea desaforada por un Congreso en que tiene mayorías que lo impedirían.

El panorama argentino no podía ser más complicado. La incertidumbre política, económica, social e institucional es imperante y no se ve una salida potable a corto plazo.