La paz en Kempis. | El Nuevo Siglo
Lunes, 11 de Mayo de 2020

“La necesidad de conocer y practicar que el bien”

Señalaba en 1952 el doctor Julio César García, que la paz interior de que cada uno disfrute, le permitiría comunicar este don de Dios en las personas que lo rodeen, en el hogar y con el círculo de sus dependientes y superiores, allegados y amigos, primero por el respeto que infunde el hombre bueno, después por el afecto y el estímulo del ejemplo.

Como es bien sabido, García Valencia siempre llevaba en sus bolsillos en libro “La imitación de Cristo”, del Beato Tomás de Kempis y así, quiso extractar de allí un catálogo de principios de lo que debería ser una persona buena:

 

  • Considera lo que deben hacer los demás y descuida el cumplimiento de sus propios deberes.
  • Dice muchas veces lo que debería callar, y no hace lo que más le convendría.
  • El que más sabe padecer tendrá mayor paz.” Este es el vencedor de sí mismo y señor del mundo, amigo de Cristo y heredero del cielo”.
  • El que vive en paz, de nadie sospecha mal; el que está disgustado o mal humorado es atormentado por las sospechas, ni él está tranquilo, ni deja sosegar a los demás.
  • Más justo sería te acusases a ti mismo y excusases a tu hermano.
  • Más útil es un hombre pacífico que un sabio.
  • No es mucho portarse bien con los buenos y mansos, pues esto agrada naturalmente a todos; y cada uno de buena gana tiene paz y ama a los que concuerdan con él.
  • Tú sabes muy bien excusar y disimular tus faltas y no quieres admitir las disculpas ajenas.
  • Un hombre apasionado convierte un mal en bien y fácilmente cree lo malo.
  • Un hombre bueno y pacífico todo lo convierte en bien.
  • Vive tú primero en grande paz y podrás apaciguar a otros.

 

También quise tomar otros pasajes de la “Imitación”, para ampliar el sentido cristiano de la paz, aún tan necesaria para nosotros:

 

  • De buena gana queremos sean los otros perfectos y nosotros no enmendamos los propios defectos.
  • Es mucho más seguro oír y tomar consejo que darlo.
  • Mucho más seguro es obedecer que mandar.
  • No hay paz para los impíos.
  • Queremos estén los demás sujetos por leyes y reglamentos, y nosotros no toleramos que nos sea prohibida cosa alguna.
  • Si no puedes hacerte a ti como deseas, ¿cómo quieres lleguen los otros a lo que tú deseas de ellos?
  • Todo desean la paz; mas no todos hacen lo necesario para alcanzar la verdadera paz.
  • Vivirá contento y la paz el que tenga pura la conciencia y exenta de todo pecado.

¿Para qué sirven estos principios? Pues bien, como historiador, quería hacerles recordar los sapientes capitulares de Carlo Magno: “Aunque es preferible practicar el bien o conocerlo, es necesario conocerlo antes que practicarlo”.

Así es como en nuestro país deben estar presentes los pensamientos y el lenguaje de la paz, recordando que “la concordia hace grandes las cosas pequeñas; la discordia en cambio destruye las cosas grandes”.

 

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