Crónica de una polémica posesión en Congreso

Foto cortesía

A las 8 de la mañana los vacíos pasillos del Edificio Nuevo del Congreso vieron deambular a un hombre de gafas negras, jata y guayabera. Iba arrastrando un bastón y vestía igual que la foto que le dio la vuelta al mundo hace un año cuando fue capturado por presunta conspiración para enviar cocaína a Estados Unidos.

El hombre conocido como ‘Jesús Santrich’ y cuyo nombre verdadero es Zeuxis Pausias Hernández Solarte, estaba acompañado de una comitiva de 20 personas integrada en su mayoría por familiares y miembros del partido Farc. En el primer piso se subió al ascensor con calma, respiró el vaho frío que expelen las altas paredes del Congreso y con un suspiro pidió a su acompañante que pulsara el 6.

Caminó apurado a la oficina que lo iba a recibir, esquivó a los periodistas como un profesional pidiendo permiso, respondió una sola pregunta e ingresó sin mayor aspaviento.

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En la puerta del piso séptimo y mientras se realizaba la posesión, más cámaras se comenzaron a ubicar, más periodistas probaban los micrófonos (un, dos, tres, ¿me escucha Miguelito?) y las luces led comenzaban a iluminar la puerta café de una de una oficina que con seguridad nunca había sido iluminada de esa forma.

Acompañado de los congresistas Pablo Catatumbo e Iván Cepeda, así como de algunos miembros de su familia, ‘Santrich’ fue posesionado por el primer vicepresidente de la Cámara, Atilano Giraldo, y el secretario general, Jorge Humberto Mantilla.

En el acto formal también hizo presencia el reemplazo de ‘Santrich’, Benedicto de Jesús González, quien ya había renunciado como congresista, pero seguirá trabajará en el equipo parlamentario.

La oficina 706B del Edificio Nuevo del Congreso empezó a ser la protagonista, cerrada, hermética. Los más osados pegaban el oído a la puerta esperando algo, lo que sea. La espera interminable de los actos reservados comenzaba a desesperar a los periodistas cuando salió ‘Santrich’.

A la salida se vio asediado por las cámaras, esta vez el cordón de seguridad que le permitía tomar su distancia de los periodistas ubicado en los diálogos de La Habana, no existía, los micrófonos se agolpaban con violencia alrededor de su boca buscando la palabra, la voz.

En un primer momento ‘Santrich’ se quedó quieto, como en shock. Respondió las dos primeras preguntas en el mismo sitio, con su acento playero y su retórica de los 60.

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“Buenos días a todos los que se encuentran aquí. Agradezco a quienes han elevado sus voces porque se haga realidad el acuerdo de paz de La Habana. Espero que la perfidia no siga insistiendo en hacer trizas lo que los colombianos sueñan en función de la reconciliación nacional”, dijo.

Después empezó a caminar con la turba detrás demandando respuestas. “¿Qué le dice al Presidente?”. Se escuchó la voz de un periodista que fue acallada por el barullo: “Al Presidente hay que pedirle sosiego, que no debe juzgar y debe respetar la presunción de inocencia. Estoy dispuesto a enfrentar cualquier patraña que venga y al Procurador le digo que estudie un poco más el derecho”.

Siguió caminando. “Si la justicia colombiana funciona, en derecho vamos a ver una victoria más. Y quienes han hecho los montajes van a tener que responder”. El camino se acortaba. Una a una, los periodistas bajaron las escaleras con cuidado por dos pisos hasta el ascensor que se cerró en las narices de los comunicadores.

‘Santrich’ salió para la Corte Suprema de Justicia y en la tarde se quedó en la sede del partido Farc. Se espera que desde hoy comience a ejercer sus funciones de congresista.