Lógica de la regla fiscal | El Nuevo Siglo
Miércoles, 24 de Junio de 2020
  • La flexibilización truculenta
  • Coyuntura inédita exige medidas audaces

 

 

Colombia se encuentra inmersa, como muchos otros países, en una profunda encrucijada fiscal. De la manera lúcida como se resuelva esta coyuntura dependerá el éxito o el fracaso que tengamos en la inmensa tarea que está por delante de recuperar el crecimiento económico y el empleo de la postración en que los ha sumido la pandemia

El panorama fiscal de 2020 es suficientemente elocuente para ilustrar la delicada encrucijada que vivimos. Según el Director de la DIAN los recaudos del gobierno central caerán este año entre 20 y 24 billones de pesos. Las perspectivas de las rentas de los departamentos y municipios no son menos críticas. Se estima que durante el periodo de la pandemia los ingresos tributarios de las entidades territoriales disminuirán cerca del 50 por ciento. Y no menos graves son las penurias que atraviesan los sistemas de transporte masivo de nuestras grandes capitales, comenzando por el Transmilenio de Bogotá, que han estado trabajando tan solo al 35% de ocupación durante tres meses.

Como sucede siempre con las guerras o las grandes calamidades, la primera oleada de gastos que ellas demandan se atiende fundamentalmente con crédito público. Con más deuda pública. Y después, cuando pasa la emergencia, se establecen nuevos impuestos y el mismo crecimiento económico que sigue a la depresión inicial, ayudan a recoger parte importante del endeudamiento en que incurren inicialmente los Estados. Así sucedió tanto con la Primera como con la Segunda guerras mundiales. Y este también fue el camino como se financiaron los grandes programas de gasto público del New Deal, que se pusieron en marcha para sacar a los Estados Unidos de la gran recesión de los años treinta del siglo pasado.

En Colombia se ha resuelto -con buen criterio- que por el momento no habrá una nueva reforma tributaria para incrementar los recaudos públicos. A ella quizás lleguemos, pero no antes de dos años. Con lo cual, la inmensa tarea de financiar tanto los gastos de “primeros auxilios” que el coronavirus está demandando, como los de más aliento que habrán de reflejarse en el programa de gastos contracíclicos que el Gobierno debe empezar a bosquejar desde el Marco Fiscal de Mediano Plazo, que presentará a finales de este mes, así como en el presupuesto para la vigencia de 2021, tendrán que financiarse en gran medida con más endeudamiento público.

Por eso estuvo bien que la comisión asesora de la regla fiscal recomendara que la figura del “déficit fiscal máximo autorizado” se suspendiera hasta finales del próximo año. No tenía sentido que ante semejante emergencia como la que vivimos el Gobierno siguiera con las manos atadas a restricciones para su endeudamiento público, que tienen razón de ser para épocas normales, pero no para las actuales.

El exministro Cárdenas Santamaría se ha lamentado que dicha restricción fiscal se hubiera levantado aduciendo que se perderá credibilidad y que se correrá el riesgo de politización. No compartimos esa apreciación. Por el contrario: lo que estaba creando una delicada falla de credibilidad ante los mercados era justamente la manera como se venía manejando en los últimos meses la figura de la “regla fiscal”.

Se la venía cambiando como si fuera una masa de plastilina, a medida que aparecían las necesidades de gastos ineludibles asociados a la pandemia. En efecto: el “déficit fiscal máximo tolerado” se fue modificando así en pocas semanas: primero fue el 2,2% del PIB, luego el 4,9%, enseguida el 6,1%. De seguir así, hubiéramos dado al traste con los remanentes de credibilidad de la política fiscal.

Fue mucho más realista, entonces, lo que se hizo. Cerca de 70 países han suspendido sus reglas fiscales durante la dura época que se vive en todo el mundo. Esto no significa que se vaya a echar la casa por la ventana de la irresponsabilidad fiscal. El Gobierno, y concretamente el Ministro de Hacienda, tendrán que velar para que los nuevos endeudamientos que se contraigan estén dentro de las capacidades de pago futuras del país. La misma comisión asesora de la regla fiscal se ha constituido durante el año y medio que viene en veedora de la prudencia fiscal. Los mercados y las agencias multilaterales de crédito estarán atentos también para que no haya sobrendeudamiento.

Pero lo que no podíamos hacer de ninguna manera era quedar amarrados en una camisa de fuerza, frecuentemente modificada por las circunstancias actuales que, por su gravedad, no tienen antecedentes en la historia reciente del país. Es evidente que a situaciones extraordinarias, medidas extraordinarias.