Los 'hijos' de Califato, un problema de alto riesgo

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El califato físico dejó de existir con la caída de Baghuz en marzo de 2019 pero la amenaza que representa Estado Islámico se mantiene, e incluso parece haberse recrudecido en los últimos meses, y aún queda otro importante problema sin resolver, el de los hijos de los milicianos y de quienes les apoyaron, atrapados en campos como el de Al Hol, en el noreste de Siria, para los que sigue sin haber salida ni respuesta.

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, llamó la atención sobre estos niños. Según su oficina, casi 58.000 menores de edad de 60 nacionalidades están confinados y hacinados en campos de la zona controlada por las milicias kurdas sirias. Más de 8.000 de ellos son "nacionales de terceros países", una cifra en la que no se incluye a los sirios ni tampoco a los iraquíes.

"Las tremendas condiciones de estos campamentos suponen un terreno fértil para grupos extremistas o terroristas como Estado Islámico, que aprovechan el sufrimiento de la gente como herramienta de reclutamiento", advirtió Bachelet, repitiendo un mensaje que se ha convertido en un mantra que han venido repitiendo tanto la ONU como las organizaciones humanitarias y de Derechos Humanos.

En particular, se ha reprochado que los países de origen de muchos de estos niños, o al menos de sus progenitores, se nieguen a recibirlos de vuelta. Es más, como recordó la jefa de Derechos Humanos de la ONU, en algunos casos se les está privando "de su nacionalidad, lo que potencialmente les convierte en apátridas".

Repatriación sin sus madres

Algunos países, entre ellos Francia, Bélgica o Países Bajos, han procedido a repatriar a algunos de estos menores, en ocasiones sin estar acompañados de sus progenitores, en particular de sus madres, que son las que en la inmensa mayoría de los casos están recluidas junto a ellos en Al Hol, así como en Ain Issa y Roj.

"Repatriar a niños sin sus padres y específicamente sin el consentimiento parental, en casos en los que los padres están vivos, podría contravenir el Derecho Internacional y suscita cuestiones morales sobre el bienestar de los menores", subrayan Myriam Francois y Azeem Ibrahim en el informe 'Los hijos de los detenidos de Estado Islámico. El dilema de Europa', publicado por el 'think-tank' Center for Global Policy.

"Pero dejar a las familias en los campos corre el riesgo de exponer a los niños a una mayor radicalización y a un creciente resentimiento, lo que planteará graves desafíos de seguridad si no se aborda", previenen los autores, que alertan además de la posibilidad de que los campos se "desintegren" como resultado de una vuelta del conflicto a esta parte de Siria. Esto podría provocar que los menores fueran reclutados por los grupos armados o fueran víctimas de las hostilidades.

Mantener a estos niños -y a sus madres y el resto de detenidos- en estos campos, en condiciones pésimas, con apenas servicios básicos y con la nueva amenaza ahora del Covid-19, supone además, como previenen Francois e Ibrahim, una fuente excepcional de propaganda para grupos terroristas como Estado Islámico.

Pero tampoco sería una opción para ellos el que, por cambios en la composición de fuerzas en el terreno, los campos pasaran a estar controlados por el Gobierno de Bashar al Assad. Ya en el pasado, recuerdan, el presidente sirio procedió a "la manipulación y la liberación estratégica de prisioneros", en referencia a yihadistas excarcelados en los compases iniciales del conflicto, por lo que los detenidos, en particular los de origen occidental, podrían convertirse "en moneda de cambio".

Por otra parte, advierten de que optar por retirar la ciudadanía, como se ha hecho en algunos casos a personas que gozaban de doble nacionalidad, "no resuelve la cuestión y envía el problemático mensaje, que resuena como la propaganda de Estado Islámico, de que los musulmanes nunca 'pertenecerán' realmente a Europa". Por ello, apuestan por emplear todos los recursos disponibles para investigar y de ser necesario procesar a estas personas, y "rehabilitar, cuando sea posible, a los adoctrinados por Estado Islámico".

Mientras esto ocurre, defienden Francois e Ibrahim, es necesario crear en los campos de detención "infraestructuras tanto para la educación laica como para desaprender la ideología violenta" aprendida bajo el yugo de Estado Islámico, habida cuenta de que buena parte de los menores solo han conocido esa realidad y muchos de ellos nacieron durante el 'califato'.

Como recuerdan a su vez Liesbeth van der Heide y Audrey Alexander en un extenso informe sobre esta problemática publicado por el Centro de Lucha contra el Terrorismo de la academia militar estadounidense de West Point, Estado Islámico siempre ha puesto un gran "énfasis" en los niños como elemento clave para garantizar su futuro y, "en particular en su cima, el grupo dedicó esfuerzos a implicar y formar a sus nuevas generaciones".

Algunos niños se enrolaron en el grupo terrorista por decisión propia, mientras que otros muchos se vieron "asociados a través de conexiones familiares o nacieron bajo el dominio de Estado Islámico", resaltan las autoras, incidiendo en que por tanto las experiencias de estos menores, en particular los de origen extranjero, "no son monolíticas" sino que varían en función de su edad, origen, género o estatus familiar.

Esto también afecta al "nivel de educación que alcanzaron, el entrenamiento que recibieron y el papel que desempeñaron" así como pueden afectar a "su exposición a la violencia", destacan Van der Heide y Alexander. Pero también está teniendo un impacto sobre ellos el hecho de mantenerlos en los centros de detención, sobre todo si no reciben la ayuda y el apoyo que necesitan en su situación.