Eficacia económica de Trump

  • PIB en su nivel más alto en cuatro años
  • Más allá de quisquillosidades políticas

 

En la última semana una de las ‘batallas’ que ha emprendido el presidente estadounidense Donald Trump se sustenta en lo que califica como un sesgo malintencionado de muchos motores de búsqueda en internet que llevan a que sólo se muestren informaciones negativas o mentirosas sobre su persona y gobierno. El señalamiento hace parte de una controversia aún mayor que sostiene, con un sector de la prensa norteamericana, sobre la que afirma propaga falsas noticias o versiones subjetivas o parciales sobre su labor en la Casa Blanca. Como es apenas obvio, los medios señalados por el mandatario le replican con extrema dureza, algunos con argumentos serios y otros insistiendo en una tendencia caricaturesca.

Sin embargo, no pocos analistas de la política estadounidense suelen decir que más allá de la creciente quisquillosidad de la opinión pública de ese país, que tiene mayor caja de resonancia en esta era de las redes sociales, y más aún frente a un personaje que polemiza y polariza a diario como Trump, la calificación más objetiva de su gestión no debe basarse en los dictámenes mediáticos ni tampoco en el contrapunteo permanente del caracterizado bipartidismo norteamericano. Si este fuera el rasero, entonces habría que concluir que al mandatario le ha ido bien en año y medio largo de gestión, pues hoy las encuestas evidencian que gran parte de las bases y dirigencia del Partido Republicano lo apoyan o califican de acertadas sus ejecutorias, más allá de las controversias menores o exógenas a su papel como titular de la Casa Blanca.

Agosto ha sido un mes particularmente movido para Trump. De un lado, los escándalos derivados de situaciones propias de su vida íntima así como de la reiterada y nunca concretada trama de la infiltración rusa en la campaña electoral del segundo semestre de 2016, llevaron a no pocos de sus detractores, tanto en la prensa, el partido Demócrata como en otros sectores, a advertir que se enrumbaba a la posibilidad de un juicio político, alternativa que los abogados del mandatario descartan y, por el contrario, no dudan en asociar con una maniobra típicamente efectista de sus rivales políticos con miras a impactar las elecciones legislativas próximas, en donde los Republicanos lucharán a brazo partido en varios estados clave para mantener el dominio del Senado y la Cámara.

A la par de lo anterior, la Casa Blanca se anotó varios avances en los algunos flancos de la ‘guerra comercial’ que decidió abrir con China, la Unión Europea y otros países con  miras a disminuir el abultado déficit comercial que arrastra la potencia norteamericana. Por ejemplo, tal y como lo había anunciado en campaña, logró ya un principio de acuerdo para renegociar el acuerdo de libre comercio con México.

En materia de política internacional volvió a retomar esta semana las difíciles negociaciones para forzar una desnuclearización de Corea del Norte, sin duda una de los pulsos geopolíticos más duros de la Casa Blanca en la última década y en el que fracasaron sus antecesores.

Pero si de revisar los resultados de la gestión del actual inquilino de la Casa Blanca se trata, sin duda alguna, no hay mejor indicador que la economía, un sector que se mueve por factores objetivos y reales, en donde las quisquillosidades políticas y mediáticas poco o nada se reflejan. Y allí es claro que el mandatario está ganando la partida, al punto que el miércoles se informó que el crecimiento del PIB fue revisado ligeramente al alza en el segundo trimestre, alcanzando su ritmo más fuerte en cuatro años. Según la estimación del Departamento de Comercio, la expansión del sistema productivo estadounidense alcanzó un 4,2 por ciento interanual, un indicador que no veía desde 2014, en el segundo mandato de Obama. A ello se suma que la confianza de los consumidores va en aumento, el desempleo baja, hay una inflación controlada, el mercado bursátil muestra dinamismo y el plan de reactivación económica lanzado por Trump el año pasado, que inicialmente generó ciertas reservas, está dando resultados concretos.

Como se ve, la imagen que la prensa refleja de Trump no parece la más real y acertada. Prueba de ello es que pese a todas las controversias de agosto, la última encuesta de CNN reportó un aumento a 42 por ciento de su aprobación. Puede que peque por su exceso de exposición mediática y su agresiva forma de polemizar. Pero, al final del día, la economía saca la cara por la gestión del actual titular de la Casa Blanca. Y eso, en Estados Unidos, tiene un peso superlativo y con fuertes impactos políticos. Habrá que esperar a los comicios de noviembre para ver el resultado.