Debacle cardenal vs euforia embajadora

Foto cortesía Santa Fé

Radiografía del fútbol bogotano, que tiene un equipo adelante y al otro en el último lugar

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Alejandro Munévar

Especial para EL NUEVO SIGLO

La actualidad de los equipos más representativos de la capital en el rentado nacional es un reflejo de la situación actual de cada club en cuanto a lo administrativo se refiere.

Santa Fe sigue sin encontrar soluciones para enderezar el camino, un camino que lo está llevando al descenso, mientras que Millonarios, gracias a un proyecto “solido” o, bueno, al menos que ha tomado buenas decisiones, cabalga puntero en la liga.

Crisis cardenal

No vamos a mentir cuando digamos que en Santa Fe las cosas vienen mal hace rato. A ver, para que entiendan. La culpa de que el cuadro esté en donde esté no es solamente de Eduardo Méndez o Juan Andrés Carreño. Las cosas empezaron a ir mal desde la administración de César Pastrana.

Ahora bien no podemos demeritar lo realizado por Pastrana. Al fin y al cabo con él a la cabeza el Santa Fe logró su tan anhelada séptima estrella, la octava, la Copa Suramericana y la Suruga Bank, pero en medio de tantos triunfos deportivos algo pasaba en lo administrativo. De otra manera los actuales directivos podrían dar razón de la venta de jugadores importantes como Yerry Mina al Palmeiras, Luis Manuel Seijas al Inter de Portoalegre, entre otros. Al final la respuesta que dan es que no saben qué se hizo esa plata, que no eran precisamente unas cuantas monedas.

Pastrana dejó envejecer al equipo. Razones puede haber muchas. Quizá por el romanticismo de mantener la nómina ganadora, dejó que se hicieran grandes y a la hora de la verdad no encontró recambio para los referentes, que en la cancha cada vez daban menos pero a la hora de cobrar, su sueldo no era equivalente a lo que hacían en el terreno de juego. Así las cosas, cuando Pastrana decide renunciar para irse a la Federación Colombiana de Fútbol le dejó a Juan Andrés Carreño un equipo con más problemas que soluciones. Una divisa sin liquidez y lo peor sin un proyecto a largo plazo estructurado.

Carreño hizo lo que pudo o más bien lo que supo. Organizó una base de jugadores jóvenes pensando en el futuro. Reforzó la cantera. El único problema es que a Carreño se le olvidó que en un club grande los procesos deben ir acompañados de resultados y estos nunca aparecieron.

El ahora expresidente Carreño renunció a su cargo y para tomar la batuta llegó Eduardo Méndez, un viejo conocido de la afición, que ya había sido presidente en las épocas oscuras del club, cuando no levantaba cabeza y peleaba por mantenerse en la mitad de la tabla. Pues bien, las riendas del club ahora las tiene un tipo con más experiencia que Carreño. Quizá con menos afinidad con los medios de comunicación, pero que hasta el momento –cerca de cumplir un mes al frente del equipo– no ha logrado cambiar el rumbo. Sacó a Patricio Camps de la dirección técnica. Trajo a uno de sus protegidos, Harold Rivera, que hay que decirlo le ha dado una cara distinta al equipo, pero aún sigue sin ganar. A Camps le dieron 4 partidos. ¿Cuántos le darán a Rivera?

En Santa Fe llueve, truena y parece que no va a escampar. Y ojo que la crisis no va a amainar con una o dos victorias. La crisis dejará de serlo cuando el rojo bogotano se salve del descenso. Los hinchas de títulos –sí los que acompañan al equipo solamente en las buenas– pensarán que celebrar salvarse de la B será un sacrilegio, pero por ahora es lo único que van a poder celebrar si la situación no cambia.

Para destacar de Santa Fe: el equipo femenino, que el fin de semana empató en el primer partido de cuartos de final contra Millonarios y pelea por meterse en las semifinales.

Victorias azules

En Millonarios, las buenas decisiones están empezando a tener repercusión. Los directivos decidieron invertir bien su dinero trayendo técnicos de renombre en los últimos años que han sabido dar frutos. Primero a Miguel Ángel Russo, un timonel experimentado, campeón de América en la Libertadores, con mística y trabajo. Los guió a la estrella 15. Su salida quizá no fue manejada de la mejor manera por parte de la directiva, pero al fin y al cabo hizo lo que tenía que hacer: sacar campeón a un equipo con una nómina reducida, sin mucho talento, pero con bastante corazón.

Para remplazar a Russo hicieron quizá el mejor movimiento que han hecho en toda su historia: traer a Jorge Luis Pinto. De Pinto todo se ha dicho: que es estudioso, experimentado, curtido, con metodología, exigente, hasta amable con los medios. El semestre pasado el adiestrador nacido en San Gil, Santander, llevó al equipo a las semifinales, se quedó afuera de la final por un error de cálculo de sus jugadores, pero así es el fútbol.

Este semestre el equipo cabalga primero en la liga. Sigue teniendo una nómina reducida, pero es en estas situaciones en donde se nota realmente la mano del técnico. Ha logrado potenciar las habilidades y virtudes de los jugadores que tiene. Ha sumado uno o dos nombres para reforzar el plantel. Y ya empieza a pensar en el re cambio. Pinto es sin lugar a dudas el mejor técnico del rentado nacional y Millonarios hizo un golazo trayéndolo. Ojalá las directivas sigan creyendo en el proceso del santandereano, no se afanen cuando los resultados no lleguen, porque si hay alguien capaz de lograr alcanzar todas las metas que tienen es Pinto.