El laberinto del Brexit

  • Inamovibles de la negociación
  • Londres se enroca ante Europa

El retiro del Reino Unido de la Unión Europea se ha convertido en uno de los más duros forcejeos políticos, económicos e institucionales de nuestro tiempo, así como en un elemento desestabilizador de la dinámica gubernamental  británica. Titular de la democracia parlamentaria más antigua y eficiente de Occidente, Londres continúa liderando un país poderoso e influyente en el mundo. Mantiene un escaño en el Consejo de Seguridad de la ONU y su diplomacia y servicios secretos son de los mejores a nivel global. Sus Fuerzas Armadas son fundamentales para la eventual defensa de Europa y las operaciones aliadas en otras latitudes. A su turno, la relación con Canadá y los antiguos países del Commonwealth le permite influir de manera decisiva en múltiples escenarios y organismos internacionales. Igual se mantiene como una de las potencias bancarias más poderosas del viejo continente.

Pese a todo lo anterior, la negociación para una salida ordenada de la Unión Europea, determinada por el Brexit a través de un referendo, se ha convertido en un proceso de extrema complejidad y escenario constante de disputas internas en el gobierno, los partidos políticos y demás instancias de poder. La salida de la administración de Theresa May y de la diplomacia de los políticos conservadores más radicales que apoyaron la ruptura con Europa, muchos de ellos reconocidos líderes de la opinión pública, mantiene en vilo la gobernabilidad de la Primera Ministra, a quienes sus críticos –pese a ser sus copartidarios- la acusan de degradar a la Nación y aceptar los términos de negociación de la UE, lo que convertiría el país en una especie de ‘colonia’ de Bruselas. Ello ha llevado a que la dirigente conservadora en los últimos meses haya endurecido su postura en la negociación para fijar los términos de salida del bloque comunitario y que estos sean equilibrados para las partes.

Mientras ello ocurre, en el Parlamento inglés siguen con preocupación la disputa comercial entre Estados Unidos y China, lo mismo que la creciente y renovada amistad, con acuerdos militares a bordo, de la potencia asiática con Rusia.

Es claro que la Unión Europea, que gasta pocos recursos en defensa militar, considera que una ruptura con el Reino Unido tiene un alto costo en muchos órdenes y afectará la economía colectiva. Los ingleses, a su turno, tienen acuerdos de libre comercio unilaterales y han mostrado muchas veces su capacidad para activar su industria y potencial comercial. Ello evidencia la dificultad del divorcio. Una de las primordiales preocupaciones, por ejemplo, es la de poder garantizar la movilidad a los turistas e inversionistas de la UE, tal y como lo ha reiterado May.

En el entretanto, los medios políticos londinenses y los poderosos tabloides de la City fustigan duramente al Presidente del Consejo Europeo y Mandatario de Francia por sus posturas contra el Reino Unido. Una tensión inusual entre instancias y países amigos pero que muestra el grado de polarización al que se ha llegado en el marco del Brexit. Bruselas, por su parte, insiste en que la política de la Ministra inglesa es inflexible y por eso han sido rechazadas la mayoría de sus propuestas.

Es evidente que no se puede hacer una política exterior de largo aliento sin apoyo interno. Por lo que la Primera Ministra ha aumentado la presión para advertirle a Bruselas que si no le gusta su propuesta de separación ordenada y progresiva, que esa instancia presente otra. Un escenario más complicado, luego de que el titular del Consejo Europeo, al que acusan de torpedear las distintas propuestas de May, dijera que era admirador de su política, algo que cayó mal en el Reino Unido, que considera que con amigos así nadie se puede confiar ni darles la espalda.

Por ahora es claro que Bruselas se resiste a aceptar una zona de libre comercio entre Irlanda y Londres. Los 27 países de la UE, aupados por el Presidente francés, se oponen a esa zona vital para el futuro económico del Reino Unido. Sin esa fórmula Londres se pondría la soga al cuello, al tener que levantar barreras aduaneras entre las dos irlandas. A ello se suma que la UE afirma que no se puede separar la libre circulación de bienes, con la de servicios, capitales y personas. Ese es otro punto neurálgico en la trabada negociación, por más que en otros aspectos se puedan hacer mutuas concesiones.

Así las cosas, es evidente que en materia diplomática no se han agotado las negociaciones. Se espera que tras una honda reflexión Bruselas recapacite y cambie unas condiciones que podrían asfixiar al Reino Unido y defenestrar políticamente a May.