Expresidentes sub júdice

  • Kirchner, Lula, Correa, Maduro…
  • “Socialismo del siglo XXI” en el banquillo

Mala hora para los mandatarios del llamado “socialismo del siglo XXI”, la tendencia política que primó años atrás en América Latina bajo la inspiración e incluso financiación del chavismo venezolano.

De un lado, pese a todas las maniobras que el cuestionado Partido de los Trabajadores intentó a lo largo de los últimos meses, el condenado y encarcelado expresidente brasileño Inácio Lula Da Silva tuvo que resignarse a que su situación judicial le impedía volver a postularse para los comicios presidenciales de octubre, por más que estuviera liderando las encuestas. Al final triunfó la institucionalidad y el exmandatario tuvo que avalar la aspiración de quien venía fungiendo como su fórmula vicepresidencial.

De otro lado, el expresidente ecuatoriano Rafael Correa está siendo procesado por presunto secuestro por la justicia de su país. Precisamente ayer un  tribunal penal suspendió una audiencia que estaba destinada a resolver si llamaba a juicio al exmandatario, quien vive en Bélgica, por el presunto plagio de un opositor político suyo en Colombia. El viernes la jueza del caso, una vez estudie las pruebas de la Fiscalía, tomará una decisión al respecto.  Ya hay una orden de privación de libertad sobre el expresidente.

De otro lado, ayer también la expresidenta argentina Cristina Kirchner compareció ante los tribunales que la investigan por lavado de dinero. Esto ocurrió apenas un días después de que el lunes un juez solicitara la  prisión preventiva de la exmandataria en el marco del proceso "los cuadernos de la corrupción". Aunque la expresidenta no será capturada por ahora, pues en su condición de senadora actual primero debe proceder su desafuero parlamentario -algo complicado porque el kirchnerismo domina el Parlamento- , es claro que la dirigente política se encuentra entre la espada y la pared.

A lo anterior debe sumarse que el actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien lidera un régimen cuasi dictatorial, sería denunciado en las próximas semanas ante la Corte Penal Internacional debido a la comisión de delitos de lesa humanidad y otras infracciones graves a los derechos humanos cometidas en el marco de las acciones de su gobierno para aferrarse al poder pese a la crisis política, económica, social y humanitaria que vive esa nación.

Por último, si bien es cierto que el presidente boliviano Evo Morales no está siendo procesado penalmente, la oposición en su país lo acusa de incurrir en maniobras fraudulentas para poder volver a candidatizarse y acceder a un cuarto periodo, pese a que un referendo en 2016 negó tal posibilidad.

Todo lo anterior no se puede considerar, en modo alguno, como una simple coincidencia. Un expresidente que hizo parte de ese pico de izquierda populista que se apoderó de una parte de los gobiernos latinoamericanos ya está condenado y tras las rejas por un caso de corrupción. Otra ya tiene orden de prisión preventiva y debe esperarse a si procede su desafuero para vislumbrar si va a prisión. Un tercero también tiene girada una orden de detención pero esta no se ha hecho efectiva porque vive en el exterior. Y un cuarto, Maduro, ya tiene demandas ante la CPI y vendrán más por graves violaciones a los derechos humanos. En tanto que el quinto, aunque no es procesado penalmente, es evidente que se ha saltado o acomodado todo el aparato institucional con tal de seguir en el poder a como dé lugar.

Es claro, entonces, que el modelo del llamado “Socialismo del siglo XXI”, con todas sus particularidades y diferencias puntuales nacionales, se confirma como un fracaso político, económico, social, institucional y democrático. Los escándalos de corrupción que rodean a la mayoría de esos regímenes prueban que, lamentablemente, la izquierda no supo manejar el poder y cayeron en los mismos vicios que criticaban a sus adversarios de centro y derecha.

El continente más temprano que tarde deberá sacar conclusiones y señalar las lecciones aprendidas de lo que significó este viraje ideológico que cambió el eje geopolítico de la región y que hoy, años después, ya se reversó ante el evidente fracaso del modelo populista.