Incertidumbre electoral “gigante” en Brasil

Foto Montaje El Nuevo Siglo
Faltan 20 días para la primera vuelta presidencial, pero pareciera como si quedara un año. El líder en las encuestas, Bolsonaro, permanece internado en el hospital por una puñalada, mientras que Haddad, el sustituto de Lula, apenas entra a la campaña con el izquierdista Gomes sacándole ventaja

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EN MENOS de un mes,  Brasil tendrá unas elecciones presidenciales tan atípicas como las de 1985. No por un sistema electoral que eligió de forma indirecta al Presidente hace 33 años (Neves), sino porque los dos favoritos, Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro, no han podido hacer campaña: uno dio un paso al costado en su aspiración presidencial y el otro sigue en el hospital tras ser apuñalado.

La polarización entre dos bandos claramente definidos marca la campaña. En un lado, Bolsonaro representa aquellos que, tras 12 años de izquierda en el gobierno, no quieren que el socialismo vuelva al poder.

Es un ex militar que dejó el uniforme para hacer política logrando su mejor momento cuando le hacía oposición al gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), tolda fundada en los años 70 por el hoy ex presidente encarcelado.

Mientras, Lula reclama el modelo democrático que derrocó a la dictadura, pero carece de legitimidad política después de ser condenado por corrupción. Luego de dos meses de interponer recursos locales e internacionales, el martes decidió renunciar a su aspiración presidencial tras darse cuenta que ninguno de estos fue sido efectivo. En su reemplazo, llega Fernando Haddad, un hombre cauto al que le viene bien el debate, pero no tiene suficiente cercanía con las masas como para lograr el apego del electorado en los escasos 20 días que le quedan de campaña.

La desventaja de Haddad no solo es su manera de ser. En América Latina sí han existido candidatos desprovistos de carisma pero con mucho tiempo para romper el paradigma de la simpatía electoral. Tampoco su perfil intelectual es un punto débil en un país cuyo máximo exponente -con Lula- es Fernando Henrique Cardoso, un sociólogo que decidió entrar a la política para luchar contra la dictadura y, luego, en medio de numerosos episodios y coincidencias, llegó a la Presidencia, convirtiéndose en un héroe de la transición a la democracia y el desarrollo económico.

Dividida en dos, el problema del sucesor de Lula es que la izquierda no está unida alrededor de su candidatura, pese al llamado que el ex presidente le hizo a Ciro Gomes –candidato socialista- para que se uniera a la campaña.

En el noreste, región más pobre del país, considerada por el PT como su bastión electoral, Gomes ha encontrado un fuerte apoyo que, en parte, se ha dado por la incertidumbre de Lula, quien dio un paso al costado faltando menos de un mes para los comicios.

La atomización de la izquierda queda demostrada con su decisión. Siendo ex ministro de gobierno de Lula, se creía que Gomes iba a ser el sucesor del mismo o seguiría el mandato del ex presidente, apoyando a Haddad que venía de ser alcalde de Sao Paulo.

Dos días después de ser elegido como el sucesor de Lula, Haddad anunció el jueves que confiaba en que el electorado lo apoyará, endosando los votos. No es tan claro hasta qué punto esto va a pasar, teniendo en cuenta que Gomes ha jugado un rol determinante en los más de seis meses de campaña.

A diferencia de Haddad, quien se caracteriza por su mesura y progresismo, como el uso de bicicleta y una política a nivel fiscal responsable, Gomes tiene un tono similar al de Bolsonaro, que lo favorece en medio de la polarización, como indican las encuestas.

¿Segunda vuelta?

En el último sondeo hecho por Ibope, el ultraderechista Bolsonaro se ubica primero con 26% de los votos, por detrás suyo aparece Ciro Gomes, con el 11%. A solo un punto está Haddad (10%)  y más abajo Alckim y Marina Silva, la comunista que en un momento sonó con fuerza para reemplazar a Lula.

Favorable para el ex militar, el escenario puede variar dependiendo de cómo se tomen las últimas encuestas que incluían a Lula, en las que aparecía de primero. Según Datafolha, más del 30% de los brasileños dijo que votaría por quien eligiera el ex presidente, situación que habrá que verse en el correr de las tres semanas que quedan de campaña.

“La gente irá informando durante estas semanas tomando una cierta distancia del trauma y reposicionándose”, ha dicho Haddad, recalcando que tiene “mejor plan” que las otras candidaturas.

Al mismo tiempo, Bolsonaro enfrenta problemas al interior de su aspiración. Una semana después del atentado sigue internado en un hospital de Mina Gerais (sur del país) luego que tuviera que ser operado por segunda vez el pasado jueves.

Medios locales han dicho que su campaña está dividida, pero el candidato ha desmentido cualquier falta de unidad: “Mucho se ha hablado en el intento de dividirnos y, en consecuencia, debilitarnos. ¡No caigan en esa! ¡No hay división!”.

Para algunos las diferencias son generadas por su fórmula, Hamilton Mourão, quien ha ganado protagonismo con su ausencia. Sin la posibilidad de ir a los debates, el aspirante vicepresidencial ha dicho que, de ser habilitado por la Corte, representaría al candidato en los mismos, pero ha remarcado que el Bolsonaro “es insustituible”.

En medio de un clima tenso e incierto, un ex militar dijo, en entrevista con Estado de Sao Paulo el fin de semana pasado, que la “intolerancia generalizada” podría “cuestionar la legitimidad del próximo gobierno”.

A 20 días de las elecciones, es casi imposible que algún candidato gane en primera vuelta. El balotaje será, pues, un hecho.