Memorias del subsuelo: radiografía de nuestra superficie

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Esta novela escrita por Dostoyevski en 1864 profundiza en temas como la racionalidad, el libre albedrío, la contradicción interna entre pensar, sentir y hacer, la frustración o la dignidad

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SI NOS atreviéramos al ejercicio de concebir el arte como un espejo ¿qué sentiríamos al enfrentar los reflejos de aquello que hemos aprendido a esconder bajo nuestra superficie y a ignorar de forma casi refleja, como si nos hiriera de manera inconfesable?  En su novela Memorias del subsuelo publicada en 1864, el escritor ruso Fiódor Dostoyevski nos regala la oportunidad de sostener en nuestras manos un espejo muy particular. Uno que nos permite estrellar la cabeza contra algunas de las paredes que nos encierran pero que paralelamente veneramos con una especie de resentimiento constante. En su libro de apuntes para El adolescente, Dostoyevski sostiene que ha intentado evocar la condición trágica del hombre subterráneo y su sufrimiento, ese auto flagelo constante y su castigo voluntario que acompaña a un reconocimiento de su incapacidad para alcanzar aquellas aspiraciones e ideales que a su manera personal, anhela. Dice el autor: ¨Yo solo he evocado la mirada lúcida que estos miserables hunden en la fatalidad de su condición, una fatalidad tal, que sería inútil reaccionar contra ella¨.

 

Memorias del subsuelo es considerada como unas de las obras más significativas de la literatura rusa. No tanto por sus características técnicas o por la construcción de una compleja voz narrativa, sino más bien por una riqueza intertextual que posibilita la ampliación y profundización de temas complejos como la crítica a la racionalidad, el libre albedrío, la contradicción interna entre pensar, sentir y hacer, la frustración o la dignidad. La manera en la que este antihéroe dostoyevsiano entreteje dichos temas a través de sus cuestionamientos y experiencias dan a esta obra una profundidad reflexiva cautivadora y altamente confrontadora. La primera parte es principalmente el monólogo del protagonista, un funcionario frustrado, enfermizo y miserable de 40 años que empieza a compartir con un público supuestamente inexistente aspectos de su propio carácter, creencias, sufrimientos, culpas y resentimientos pero sobre todo, nos muestra sus contradicciones y conflictos internos. En la segunda parte de la novela el narrador relata momentos de su pasado en donde el contenido de la primera parte adquiere mayor claridad y contexto.

           

Al hacer evidente su intención, el narrador nos pone de manera directa frente a esa futura incomodidad que se presagia por venir. Se trata de ese espejo del que hablábamos y que solemos ignorar o esconder porque a veces duele. Nos dice: ¨Quiero hacer una prueba para ver si es posible ser completamente franco y no temer a la verdad desnuda¨.  El narrador confiesa que las líneas que leemos son fruto de 40 años en el subsuelo viviendo atrapado en sus inseguridades, incoherencias e incapacidades etc. Aunque él afirma que no escribe para nadie, una estrategia literaria que puede apuntar hacia conseguir que el lector crea más en la sinceridad de lo narrado, la escritura de su mundo subterráneo interno se convierte en la exteriorización de una experiencia interna que ya desde el siglo XIX se ha ido haciendo cada vez más común a través de nuestra sociedad.

 

Paralelo con Dante

 

La narración a través de la novela se desarrolla dentro de un marco de crisis profunda y continua que ha venido gestándose a través de décadas en el interior del protagonista: infancia, niñez, amor su trabajo y relaciones etc. Esta crisis que va mucho más allá de las dificultades y frustraciones cotidianas impone al narrados una sinceridad delirante que la gran mayoría de nosotros se reserva, generalmente en circunstancias menos dramáticas, para nuestras especulaciones y deseos inconfesables. George Steiner, un reconocido teórico francés, sostiene que en esta obra de Dostoyevski el alma humana y la sinrazón se ven confrontadas en la sima de un abismo de aflicción y el lector, como testigo inmerso o distante según lo soporte su conciencia, puede llegar a descubrir verdades tan espeluznantes como las que Dante descubre en el infierno.

 

Este narrador que nos habla desde el reflejo de incontables seres anónimos que nos rodean. Lleva nuestra atención hacia diferentes tipos de violencia que nos impactan desde nuestra niñez, atravesando nuestras familias, relaciones de pareja y hasta experiencias de ocio. Nos hace reconocer también esas violencias que hemos aceptado interiorizar y que en la forma de una voz muda en nuestra mente; llena de miedos, prejuicios y resentimientos, alimenta la impotencia al reconocer el precio que ponemos a nuestra propia esclavitud. Y así, aunque observemos aquellas verdades que queman como el fuego seguimos caminando al ritmo casi inerte de un mundo en donde casi todo ha sido hipotecado.

 

Esta capacidad reflexiva y analítica del ser humano, este poder de la razón aunque es una poderosa herramienta puede ser también un terrible carcelero y verdugo. La crítica a la razón pura y ese resistir ante la ley natural del determinismo aunque no pueda vencerse, hace de este narrador un espécimen particular de sufriente ya que aunque no puede derrumbar los muros que la razón impone ni aunque se estrelle contra ellos de cabeza, declara su libertad por la búsqueda incesante de un posible propósito que de alcanzarse seguro mutaría al siguiente instante. El narrador declara entonces su voluntad de independencia frente a la razón amparado en la majestuosidad de sus propios absurdos.

 

No es extraño que la tragedia de este hombre subterráneo sea deshumanizarse. Se convierte en un insecto atrapado en un mundo que desea ver postrado a sus pies. Dostoyevski nos habla si tenemos el coraje de oír. Nos habla de la crueldad del humano y de su tendencia tanto individual como colectiva hacia disminuir en sí mismo los últimos rezagos de su humanidad. ¿Qué ves en tu espejo?

 

@AndresRivera89 af.rivera233@hotmail.com