El consumismo y el amor

Septiembre fue escogido como el periodo anual del amor y la amistad y se conmemoró, comercialmente, el 21 pasado, fecha que destapa la venta de regalos ofrecidos en los almacenes para pinchar la relación afectiva, principalmente entre las parejas atraídas por la feromona y la pichada.

Repasando los años vividos se recuerda que la ceremonia del “día del amor y la amistad” aconteció , más o menos , en 1969; una festejo novedoso que exclusivamente celebraban pocos novios y amigos, pues se trataba de algo importado de otras tierras, impulsadas al consumo como expresión afectiva. Antiguamente, es decir, antes de que la invasión económica atropellara la inocencia y la libertad, las relaciones se expresaban con sinceridad y respeto.  Las uniones de hombres y mujeres las guiaban una serie de valores, eran reglas inviolables, como, por ejemplo, la conservación de la virginidad y su respeto. El himen era sello de virtud.

Con la llegada del vicioso consumo, factor determinante del éxito del comercio y la industria, entonces apareció la propaganda y por este medio se impulsó la necesidad de adquirir lo innecesario realmente, pero ambicioso para salir de la mediocridad y estar acorde con la moda. En adelante, para seducir, había que adquirir y regalar y de ahí en adelante se transformó la lealtad, la fidelidad, el romanticismo y únicamente el interés y el negocio impactaron los amoríos.

Es un capítulo sociológico que debe estudiarse detenidamente para comprender los trastornos que han alterado el mundo y claudicado los factores que emocionalmente influyen en la conducta, es por esto que los divorcios están de moda y las uniones maritales de hecho son una costumbre que reina desbaratando los antecedentes del hogar.

La fuerza de la economía no es un poder de estos últimos siglos, pero si hay que admitir que su influencia hoy en día es determinante, no solamente en detalles como el que dio lugar a este comentario. No, la paz de la humanidad ha sido siempre una consecuencia del equilibrio de la supervivencia, pero claro está que en un principio la confraternidad y la solidaridad eran fuentes de tranquilidad y sociabilidad, en esta época el interés personal es una causa última y por ello hay tantos tropiezos en todas partes, por cuanto que las gentes no pueden conseguir lo que se propaga en el mundo del consumo y el que no tiene no existe. Ya no se puede sostener que el que piensa existe, sino el que consume es lo que es y nada más.

La drogadicción no es una adicción de estas épocas, siempre ha existido afán por huir del mundo real, pero su incremento en estos siglos es por causa de la economía del comercio desatado o sino que los digan los ingleses cuando en 1839 invadieron a la China con el opio. De todas maneras sigo pensando que el mejor capital ahorrable es el verdadero amor, ¡ahora agotado!