COMPLICADO PROYECTAR ESCENARIOS HACIA LA PRIMERA VUELTA
¿Qué marcaban las encuestas hace cuatro años y qué pasó?

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LAS ENCUESTAS, sobre todo las políticas, son una fotografía de un momento determinado, exacto e irrepetible, por lo que su análisis no debería ir más allá del inmediato futuro.

Y eso es precisamente lo que está ocurriendo por estos días con los sondeos de opinión que se han conocido respecto al avance de la campaña presidencial, cuando faltan cinco meses para el primer pulso en las urnas, en la competencia por la sucesión en la Casa de Nariño.

La mayoría de estas mediciones coincide en que hay un gran porcentaje de consultados que todavía no ha decidido por quién votar, o afirma que lo hará en blanco o simple y llanamente responde que no sabe ni están enterados de los nombres de los candidatos o sus propuestas, como mínimo.

Como es obvio, si la sumatoria de estos porcentajes está por encima del 50%, en modo alguno los resultados de dichas encuestas se pueden considerar representativos frente a lo que eventualmente pase el día de las urnas.

En segundo lugar, como lo indicara un análisis de este diario la semana pasada hoy no se puede hablar de campaña presidencial como tal, porque en realidad lo que existe es una contienda de cara a las consultas interpartidistas en las que las coaliciones escogerán a su candidato único. Estos comicios, como se sabe, se realizarán el 13 de marzo, de manera paralela a las elecciones parlamentarias.

Así las cosas, no pocos analistas llaman la atención en torno a lo complejo que resulta poner a competir en una misma encuesta nombres de candidatos presidenciales que se sabe llegarán a primera vuelta, como Gustavo Petro o Sergio Fajardo, con precandidatos que apenas están compitiendo para las consultas interpartidistas, y solo cuando estas se lleven a cabo se podrá saber a ciencia cierta si continúan en la carrera electoral o terminan apoyando a otro aspirante.

Octubre 2017

Este no es un fenómeno político inédito, por el contrario, si se analiza lo que hace cuatro años pasaba en la campaña presidencial de 2017-2018, se puede ver a las claras que por entonces la mayoría de las encuestas eran encabezadas por Fajardo, con segundo lugar de Petro, luego estaban nombres como los de Marta Lucía Ramírez, Germán Vargas Lleras, Juan Manuel Galán o Alejandro Ordóñez, entre otros. Pero tanto en octubre de hace cuatro años como ahora no se tenía definido el nombre del candidato único del Centro Democrático. Como se recordará, estaban comenzando apenas las encuestas eliminatorias en el uribismo, en donde competían precandidatos como los entonces senadores Iván Duque, María del Rosario Guerra y Paloma Valencia, así como el ex viceministro Rafael Nieto Loaiza y el exministro Carlos Holmes Trujillo.

De otro lado, tampoco había candidato único en la izquierda, si bien Petro era el aspirante más fuerte de este sector político, también estaban en lista el senador Jorge Enrique Robledo (Polo) y el dirigente Carlos Caicedo, entre otros.

A ello hay que sumar que, aunque Fajardo estaba lanzado a nombre de su movimiento político (Compromiso Ciudadano), seguía en conversaciones con la Alianza Verde, con algunos sectores del Polo y de otros rubros independientes, con el fin de hacer una coalición de cara a la primera vuelta, y no para las consultas interpartidistas, a votarse en marzo de 2018, en las que ya el uribismo, el conservatismo y algunos sectores de izquierda habían aceptado participar.

Por entonces, al igual que hoy, todas las encuestas también ponían a competir a candidatos presidenciales seguros como Petro y Fajardo, con nombres de la consulta uribista, dirigentes conservadores, líderes de izquierda y otros aspirantes lanzados a la Casa de Nariño pero que se sabía que difícilmente llegarían a la primera vuelta.

Lo preliminares que resultaron estas mediciones quedó evidenciado en lo que finalmente pasaría en la primera y segunda vuelta presidenciales, en donde el ganador absoluto fue Iván Duque, el candidato uribista elegido en diciembre de 2017, cuando terminó la ronda de encuestas eliminatorias. En cuestión de semanas, pese a que no sonaba en ninguno de los sondeos del segundo semestre, Duque se posicionó en las nuevas encuestas de enero, luego ganó con una votación récord de cuatro millones, la consulta interpartidista de la centro derecha y, como se dijo, se impuso claramente en las dos rondas definitivas para conocer al sucesor de Juan Manuel Santos.

De igual manera, Petro, que en octubre de 2017 figuraba segundo y tercero en la mayoría de los sondeos, terminó ganando lejos la consulta interpartidista de la izquierda, con más de dos millones de votos, y en mayo clasificó a la segunda vuelta presidencial tras alcanzar 4,8 millones de respaldos, perdiendo luego ante Duque en el balotaje final pese a sumar más de ocho millones de apoyos ciudadanos, un volumen político inédito para un candidato de izquierda en Colombia.


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Fajardo, que encabezaba las encuestas durante gran parte de 2017, no clasificó a la segunda vuelta, pese a haber sumado en la primera 4,6 millones de votos. Fue evidente que no haber participado en las consultas interpartidistas le generó una grave afectación política, electoral, publicitaria, programática y de exposición mediática. Lo mismo le ocurrió a Vargas Lleras, quien comenzando el 2017 punteaba en la mayoría de los sondeos.

Comparación

Como se puede ver, las encuestas del último trimestre de 2017, si bien eran válidas desde el punto de vista metodológico y de oportunidad política, enfrentaban la difícil circunstancia de tratar de proyectar cuál sería el escenario de la recta final de la campaña presidencial sin tener en cuenta que un partido tan fuerte como el Centro Democrático no había elegido todavía a su aspirante presidencial, y tampoco se podía prever la forma determinante en que los resultados de las consultas interpartidistas terminaron modificando el ajedrez de la campaña. Esto no solamente por la inédita votación de 10 millones de colombianos, sino porque los dos ganadores se tomaron los sondeos de preferencias electorales y nunca más los volvieron a soltar.

Si eso pasó hace cuatro años, cuando no se conocía la importancia de las consultas, en esta ocasión el escenario parece más complejo toda vez que ahora no se proyectan dos sino tres consultas, cuya composición todavía está muy cruda e incluso analistas no descartan que antes de diciembre surja una nueva coalición, en cabeza de los exgobernadores y exalcaldes.

A eso hay que sumar que hay otros candidatos presidenciales que dicen estar jugados a llegar a la primera vuelta pase lo que pase.

Así las cosas, se entiende la importancia trascendental de las encuestas que se realizan periódicamente, ya que permiten hacerse una idea de cómo está evolucionando la montaña rusa de las preferencias electorales. Sin embargo, como se dijo al comienzo, su nivel de certeza está supeditado al momento actual de la campaña y constituye un riesgo tratar de proyectar sus conclusiones más allá de los próximos meses sin saber, exactamente, cuántas coaliciones se formarán en la contienda por la sucesión de Duque, cuáles de ellas irán a consultas interpartidistas y qué pasará en estas con respecto a todos los nombres que están en la palestra. Y eso sin contar que hay partidos como el conservador, los liberales, La U y los verdes que ni siquiera han escogido su candidato.