Ojo a delirios de Maduro

  • Intolerables acusaciones al presidente Duque
  • OEA y ONU deben tomar cartas sobre el asunto

La comunidad internacional ya casi ni le pone atención a las peroratas diarias del desprestigiado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Es tal la cantidad de incoherencias, argumentos artificiosos, explicaciones fantasiosas y acusaciones delirantes que dice y hace la cabeza de ese régimen dictatorial, que ya nadie le reconoce el más mínimo índice de credibilidad. Incluso la propia oposición en su país ha optado por no replicar esas desgastadas descargas discursivas, sabedora que en no pocas ocasiones son una estrategia del gobierno chavista para forzar reacciones de sus contradictores internos y poder así proceder a judicializarlos bajo las más engañosas imputaciones. Un peligro muy alto, ya que los críticos no solo corren el riesgo de engrosar la larga lista de presos políticos, sino que también pueden ser desaparecidos por los servicios de inteligencia oficiales o, como ocurrió esta semana con un concejal opositor –nacido incluso en Colombia-, que fue detenido días atrás y se reportó luego que se había “suicidado” lanzándose al vacío en una vista judicial, versión que nadie en Venezuela ni en la comunidad internacional da por cierta.

Si bien es cierto que desde la propia campaña presidencial en Colombia el chavismo enfiló baterías contra varios de los candidatos a la sucesión en la Casa de Nariño, desde que ganó el presidente Iván Duque el mandatario venezolano no ha cesado de insultarle y acusarle de cuanto disparate se le ocurre. El menú de señalamientos es variopinto: que planifica una invasión militar a la vecina nación; que arma complots con los líderes de la oposición antichavista que se han refugiado en nuestro país; que el gobierno colombiano estuvo detrás del dudoso atentado que sufriera Maduro semanas atrás en Caracas; que sobredimensiona la crisis generada por los centenares de miles de venezolanos que huyen por la frontera; que orquesta estrategias para adueñarse de las contingentes de gasolina, bolívares y víveres en la zona limítrofe y por eso hay desabastecimiento en la “patria bolivariana”; que acordó con el Presidente estadounidense invadir a Venezuela para repartirse las reservas de petróleo y oro… Incluso, esta semana llegó al límite de decir que desde la Casa Blanca le dieron “la tarea” al Mandatario colombiano de asesinar a su homólogo de Miraflores.

Tanto como candidato, luego como presidente electo y ahora en ejercicio, Duque ha tenido una sola línea de acción en el tema Venezuela: primero, recalcar que lo que existe en la vecina nación es una dictadura criminal y violadora de los derechos que está generando un éxodo masivo que es la crisis humanitaria más grave de las últimas décadas en el continente; segundo, que la comunidad internacional debe movilizarse para que la democracia vuelva a ese país y para ello debe acudir a instancias como la Corte Penal Internacional, ante la cual, junto a otros cinco mandatarios americanos, ya denunció a Maduro; tercero, que ni él ni el gobierno colombiano tienen ánimo belicista y, por lo tanto, todas las acusaciones de Caracas son infundadas y delirantes a cual más; y cuarto, que para la Casa de Nariño es evidente que el chavismo quiere provocar a Colombia, no solo con los infundios de Maduro y compañía, sino con intolerables incursiones militares en la frontera y reiterados anuncios de movilización de tropas a la misma en aplicación del controvertido concepto de la “guerra preventiva”…

Sin embargo, es evidente que entre más el gobierno colombiano hace caso omiso a las peroratas del mandatario venezolano, este aumenta el calibre de sus histéricas acusaciones. Y ante ello, si bien el mecanismo conducente en los cánones diplomáticos es emitir sendas notas de protesta (sobre todo al no tener embajador en Caracas), también es necesario denunciar ante organismos como la OEA o la propia ONU la gravedad de las mentiras del régimen dictatorial vecino, y cómo ellas no solo buscan ocultar la crisis política, económica, social e institucional en que el chavismo sumió a Venezuela, sino que incluso podrían ser una excusa montada para tratar de justificar algún acto de agresión contra nuestra población, territorio y soberanía.

Como se ve, han escalado a tal nivel de irracionalidad las acusaciones de Maduro al Presidente Duque y las instituciones colombianas que es necesario aumentar el nivel de la réplica y alertar a la comunidad internacional de la bomba de tiempo y la amenaza para la seguridad continental en que se ha convertido ese régimen dictatorial que, aunque aislado y debilitado cada día más, sin duda acudirá a cuanta maniobra se le ocurra para evitar ser sacado del poder por su propio y sufrido pueblo.