Primera ola del covid no ha acabado en Colombia

Foto archivo Anadolu

Si bien hay algunas regiones del país en donde en las últimas semanas se ha registrado un notorio incremento de contagios de covid-19, existen dos asuntos claros. El primero, no es una segunda ola de la pandemia sino que hasta ahora esas zonas están llegando al pico de la pandemia. Y, segundo, ninguna autoridad nacional o regional está contemplando un nuevo confinamiento poblacional drástico, como el que se registró entre marzo y mayo.



Esas dos premisas deben tenerse en cuenta en medio del debate que se está abriendo por estos días en torno a la posibilidad de otra cuarentena. Lo cierto es que la mayoría del territorio colombiano continúa en una especie de “meseta epidemiológica”, por el aumento diario de positivos de coronavirus en zonas específicas como Antioquia, Tolima, Meta y Santander. Sin embargo es país está lejos de caer en la grave situación que registra Europa, en donde ya varios países tomaron dicha medida extrema ante el crecimiento exponencial de casos.

Si bien Colombia en el primer semestre puso su espejo retrovisor en el viejo continente, primer foco global de la pandemia, las circunstancias ahora son tan diferentes como los kilómetros de distancia que los separan.

La primera de las razones es que las naciones europeas, que tuvieron su pico del covid entre marzo y abril, están registrando una segunda ola de la virulenta enfermedad, teniendo como principal ‘caldo de cultivo’ el relajamiento de las medidas sanitarias y la alta movilidad con motivo de las vacaciones de verano, entre finales de junio y comienzos de septiembre.

En Colombia el escenario epidemiológico es otro. No se está dando un ‘rebrote’, sino que la pandemia, que hizo su irrupción por Bogotá y los  departamentos caribeños (Atlántico, Bolívar, Magdalena, César) y Amazonas, tuvo después un desplazamiento simultáneo hacia el sur. Tras bordear los límites guajiros bajó hacia las áreas fronterizas del oriente, para finalmente volver a subir hacia el interior, impactando Meta, Huila, Tolima, Cundinamarca y Antioquia.

Autoridades sanitarias consideran que lo que pudo haber ocurrido, acorde con esa hoja de ruta del coronavirus, es que estas últimas regiones adoptaron medidas de bioseguridad que efectivamente lograron contenerlo, restándole velocidad y capacidad de expansión. Sin embargo, con el paso de los meses, dada sus relativamente bajas cifras de contagios y decesos, así como con la reapertura gradual de la economía, una gran parte de la población de esos cinco departamentos  ‘flexibilizó’ en grado máximo las medidas de autocuidado e incurrió en múltiples y constantes actividades de aglomeración (desde fiestas, uso desordenado del transporte público, eventos deportivos hasta sepelios, entre otras).

Otra diferencia fundamental que, sin duda, ha ayudado a Colombia, y en general a América Latina, a contener la expansión del virus es que desde se empezó a propagar en la región, el uso del tapabocas o mascarilla fue obligatorio. Por el contrario, en Europa esta medida se implementó ya muy avanzada la crisis sanitaria y en algunos países solo después el llamado pico epidemiológico.

Alerta máxima

El mundo bordea ya los 10 meses viviendo y luchando contra el covid-19, sobre el cual se mantienen más dudas que certezas. Una de estas últimas, sin embargo, es el creciente consenso en torno a que si bien las cuarentenas generales sirven para frenar la velocidad de transmisión del virus, tienen graves efectos en la economía (parálisis de la actividad productiva) y la salud mental de las personas.



Tanto la Organización Mundial de la Salud como expertos epidemiólogos de todo el mundo coinciden ahora en señalar que es más efectivo para enfrentar el virus, una vez se confirma una persona positiva para covid-19, aislar al contagiado y de inmediato activar el sistema de búsqueda de contactos que tuvo. Este grupo se somete a aislamiento preventivo vigilado, mientras el resto de las personas puede seguir circulando, obviamente con las medidas de bioseguridad y aislamiento.

Y esa es la estrategia que, precisamente, adoptó Colombia desde el pasado junio, cuando se dio paso a la reapertura inteligente, inclusive sin haber llegado al pico de la pandemia. Es más, en Bogotá, que por su alta densidad poblacional y actividad productiva estuvo hasta hace pocos días encabezando los registros diarios sobre contagios, se implementó la geo-referenciación para seguir la evolución del aumento de casos por zonas y por ello se procedió a las cuarentenas parciales y focalizadas.

Carlos Álvarez, coordinador de estudios covid-19 en Colombia para la OMS y asesor del Gobierno en esta crisis, precisa que el caso de Colombia es distinto al de Europa “porque acá el confinamiento no llevó a una supresión sino a la reducción del número reproductivo efectivo (del virus) de 2,6 a 1”. Si bien dijo que volver a un confinamiento total es una posibilidad que no se pude descartar, tal decisión “depende del comportamiento de la población”.

A hoy es claro que la observancia ciudadana de las normas de autocuidado así como el marcado cumplimiento de los protocolos de bioseguridad en actividades en espacios públicos y cerrados, acompasada con la dotación a la red hospitalaria de miles de camas UCI para pacientes con covid (hoy tiene 6.869 solo para los afectados por este virus), llevó no sólo que desde mediados de agosto Bogotá entrara en “meseta epidemiológica”, sino que conjuró por entonces la amenaza de un reconfinamiento, tal cual había advertido la Administración Distrital si la ocupación de las UCI llegaba al 80%.

La situación en Antioquia

Hoy el caso opuesto a Bogotá lo está registrando Antioquia, donde hace tres días se declaró la alerta roja hospitalaria ante el sostenido aumento de contagios y fallecidos por el coronavirus. Este departamento, que en los primeros meses de pandemia, registraba positivos diarios por debajo de 500, pasó a un poco más del millar hacia mediados de julio, cuando la capital del país presentaba el triple de éstos. Semanas después el territorio paisa tuvo una reducción de positivos diarios, por debajo de los mil, hasta el 3 de octubre cuando comenzaron a ascender, marcando un pico de 2.750 el domingo pasado.



En cuanto a los fallecimientos por el coronavirus también han registrado un aumento, ya que sin terminar el mes acumula 713, cuando en septiembre fueron 726. Además, este martes y miércoles se informó de 38 decesos, aunque la cifra más alta fue el 1 de octubre con 43 vidas perdidas.

Precisamente la grave situación sanitaria en Antioquia motivó este miércoles una reunión del ministro de Salud, Fernando Ruiz, con las autoridades departamentales y municipales para definir una estrategia inmediata dirigida a minimizar el impacto de la misma y reforzar el plan de contingencia.

El Ministro explicó que el desarrollo de la pandemia se ha venido presentando de una forma lenta en la medida que Antioquia y Medellín fueron efectivos en la contención primaria de la epidemia y por eso la progresión de la curva allí se ha dado de una forma más lenta que en el resto del país.

“En Colombia hemos tenido al menos tres olas de contagio, la primera en la Región Caribe y Pacífica, la segunda en Bucaramanga, Cali y Bogotá, y la tercera en Medellín, Manizales, Ibagué”, sostuvo Ruiz. Agregó que esto indica que estamos entrando en la situación de pico, “en condiciones bastantes parsimoniosas, en el sentido que tenemos una meseta de afectación que se prolongará, seguramente, por las próximas semanas y ante la cual se deben tomar medidas efectivas”.

Y, precisamente por ello, y ante el puente festivo que se avecina, que abre con la celebración del Halloween, el gobernador de Antioquia y el alcalde de Medellín decidieron que regirá el toque de queda continuo de viernes a lunes para los menores de edad, mientras que para los adultos será entre las 10 de la noche y las 6 de la mañana. Además habrá ley seca los tres días.

Repunte en otras regiones

Y si bien el caso de Antioquia mantiene las alarmas encendidas, hay también otros departamentos que, como ya reseñamos, registran notorio repunte de casos positivos, esto porque habrían sido los últimos a donde llegó el coronavirus en su hoja de propagación por Colombia.

Santander, Huila, Meta y Tolima llevan al menos cinco semanas en un sube y baja de contagios que aunque, en números, pudiera considerarse una variación relativamente pequeños, los picos son más altos que los de meses anteriores y muy significativos frente a su densidad poblacional.

Solo para tener una idea podemos tomar como referencia los registros de los últimos ocho días (miércoles a miércoles): Santander, 2.852 nuevos contagios y 104 fallecidos; Huila 2.896 (96), Tolima 2.270 (84) y Meta 1.489 (25).



Como se ve, tanto el Gobierno nacional como los expertos epidemiológicos han advertido que es posible un repunte del covid, en todo el país, hacia finales de noviembre y comienzos de diciembre. Ello ha revivido el temor de un nuevo confinamiento estricto, un fantasma todavía lejano pero que se podrá ‘exorcizar’ aún más si  hay responsabilidad individual para cumplir con las disposiciones sanitarias adoptadas.