En Colombia estarían amenazadas cerca de 800 especies animales

/AFP

Las extinciones naturales de la biodiversidad y las causadas por el ser humano estarían sucediendo a velocidades alarmantes, al alcanzar el 94 % en Latinoamérica y el 68 % en el escenario global.

Así lo expuso el profesor Diego Mejía Carmona, coordinador de la Oficina de Gestión Ambiental (OGA) de la Universidad Nacional (UNAL) Sede Palmira, con base en el informe “Planeta vivo 2020”, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

Durante la charla “Biodiversidad: su importancia y forma de medirla”, dictada en la UNAL Sede Palmira, el académico precisó que la pérdida de la biodiversidad habría ocurrido entre 1970 y 2016 afectando a cerca de 400 especies y 4.870 poblaciones de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces.

Señaló además que “en Colombia estarían amenazadas cerca de 800 especies de animales, distribuidas así: 313 de vertebrados, 74 de invertebrados (sin contar especies vegetales y otros organismos), 112 de aves y 40 de mamíferos”.

“Estamos desapareciendo especies y afectando a los ecosistemas a un ritmo tal, que posiblemente nosotros también vamos en esa misma dirección”, alertó el profesor.

Según el informe del WWF, entre las principales causas de la pérdida de biodiversidad, un 51,2 % se debe a los cambios de uso del suelo por la producción de alimentos que ocurren hasta hoy (2021). Le siguen la degradación de estos, la pérdida de hábitat y la introducción de especies invasivas. En esto último, el docente señala que “muchas de estas especies no entraron a invadir, sino que los seres humanos las introducimos al ecosistema”.

Uno de los ejemplos que menciona en el contexto colombiano es el crecimiento exponencial de la población de hipopótamos (entre 65 y 80) en cauces y ríos del Magdalena Medio, después de que llegaran al país en los años 80 en una importación realizada por el narcotraficante Pablo Escobar para su antiguo zoológico privado en la Hacienda Nápoles, en el municipio de Puerto Triunfo (Antioquia).

Sobreexplotación

En la línea de la producción alimentaria, otra de las causas de la pérdida de biodiversidad es la sobreexplotación de algunos ecosistemas acuáticos y terrestres.

“Por ejemplo, en este momento la pesca marítima en el mundo se ha disminuido a niveles gigantescos, ya no se encuentran los atunes de 4 m porque los hemos sobreexplotado, y ahora solo hay subespecies de atún más pequeñas”, menciona el coordinador.

Así mismo, la potencial extinción de los mares por la contaminación y el calentamiento global asociado con el cambio climático conduce a la pérdida de la biodiversidad.

Igualmente, el profesor resalta que las semillas que se distribuyen hoy en el mundo son muy pocas, lo cual obedecería a que ahora las grandes compañías de este gremio tienden a vender solo semillas de una especie para que sea la dominante.

“Ello ha llevado a que, por ejemplo, semillas de algunos organismos que hace un siglo eran tremendamente variadas y se encontraban en el mercado, ahora disminuyeron su diversidad genética en los cultivos con la subsecuente pérdida de capacidad de adaptación de estos y el riesgo en las regiones puede llegar a causar hambrunas más adelante”, comentó el docente.

Proteger la biodiversidad

Por último, advierte que “es importante que paremos este ritmo frenético y absurdo en que nos hemos metido, detener la explotación y el cambio de los ecosistemas para dedicarnos a protegerlos”.

Entre las opciones para proteger la biodiversidad restante y vigente en el mundo, el coordinador propone asumir la tarea de restaurar ecosistemas, es decir preservar y manejar los ambientes naturales con sus comunidades de especies y organismos.

Esto puede ser posible mediante alternativas como inventarios de fauna y flora, para conocer la diversidad biológica, con el registro de las especies de plantas y animales de una zona específica y cómo sobreviven en un entorno constante y cambiante. De estas herramientas, por ejemplo, si se encuentra que desaparece una especie, se puede pensar con anticipación qué está ocurriendo con el ecosistema.

El docente de la UNAL concluye que es pertinente: primero, la investigación para entender mejor a las especies, sus conductas y conservación, y segundo la educación para compartir y difundir la información que se genere mediante la investigación.

“Podríamos compartir el conocimiento no solo con los decisores y los científicos, sino también con las comunidades, y que estas sean partícipes del cuidado de las especies, que sepan prevenir mejor el deterioro”, concluye el coordinador Mejía.