¡No nos arriesguemos!

Diciembre, pandemia y posibles vacunas

* Rol clave de alcaldes y autoridades locales

 

El próximo martes arranca diciembre. A diferencia de otros años el último mes de 2020 significa el mayor reto a la disciplina social e individual que hayan tenido los colombianos en las últimas décadas. En otras ocasiones el llamado principal por estas fechas era a evitar el uso de la pólvora y el exceso de licor. Ahora la cuestión es más complicada: la pandemia del covid-19 se encuentra en lo que se ha denominado “meseta” en la curva epidemiológica, lo que significa que el promedio de contagios no disminuye de forma significativa pero tampoco aumenta en proporción alarmante.

En ese orden de ideas, como bien lo advierten las autoridades de salud, es imperativo que la población no relaje el cumplimiento de las medidas bioseguridad y los demás protocolos sanitarios para evitar lo máximo posible el riesgo de infección. Desatender ese llamado podría llevar al país a lo que está sucediendo en Europa y Estados Unidos en donde hay un rebrote bastante drástico del virus, al punto que ya marca récord en número de contagios respecto a la primera ola y la tasa de mortalidad se incrementa preocupantemente.
En ese orden de ideas, el arranque de la temporada de fin de año, caracterizada por su espíritu festivo, implica para los colombianos la necesidad de cambiar los patrones conducta que suelen preponderar por estas fechas. Es decir, que las grandes celebraciones y los eventos masivos deben limitarse lo más posible. No es momento de verbenas, procesiones, caravanas, bazares ni otro tipo de actos que impliquen aglomeración de personas. Tampoco deben las autoridades permitir el flujo descontrolado de turistas y visitantes a muchos destinos tradicionales.
Hay que ser claros: la gran responsabilidad de mantener estas medidas de control recae en los alcaldes. El Gobierno nacional y las autoridades departamentales ya han impartido suficientes directrices al respecto. La Policía y demás organismos de seguridad y control del orden público deben estar prestos a colaborar con los mandatarios municipales para hacer cumplir las precauciones sanitarias y de bioseguridad.
Sabemos que no es un tema fácil. De hecho, en muchas poblaciones estas son precisamente las temporadas que permiten a una gran cantidad de habitantes conseguir recursos para mantenerse el resto del año, producto de los ingresos derivados del turismo y otros rubros relacionados. Prueba de ello es que algunos alcaldes y concejos han admitido que se encuentran en un dilema frente a la petición, e incluso de exigencia, de sus comunidades para que los dejen realizar las tradicionales festividades patronales y de fin de año. Señalan esas autoridades que tras la cuarentena y demás restricciones aplicadas para enfrentar la pandemia, poder trabajar en este remate de 2020 es la única tabla de salvación que tiene una gran cantidad de familias, comerciantes pequeños y empleados de esos sitios turísticos para paliar el impacto de la grave crisis social y económica de los últimos meses.
Corresponde al Gobierno nacional y a los mandatarios departamentales apoyar a esos alcaldes y presentar soluciones eficaces y prácticas a los habitantes para que la urgencia de conseguir recursos para suplir su diario vivir no los lleve a incurrir en acciones de riesgo sanitario, tanto para ellos como para los visitantes.
El estudio de seroprevalencia que el Instituto Nacional de Salud empezó a revelar la semana pasada permite establecer que el ritmo de la pandemia no es uniforme en todo el país. Así como en algunas regiones se puede evidenciar que la curva de contagios va en declive, en otras es alta la posibilidad de que se presente en las próximas semanas o incluso en enero un nuevo pico de covid-19. De allí que, como lo hemos reiterado en estas páginas, no es momento de bajar la guardia ante la pandemia ni mucho menos de considerar que los recientes anuncios en torno a varios proyectos de vacunas que empezarían a ser aplicadas en el corto lapso, lleve a que en Colombia la población se confíe y relaje bajo la falsa percepción de que ya hay una cura para el coronavirus y, por lo tanto, medidas como el uso obligatorio de tapabocas, el lavado de manos permanente, el distanciamiento social y otras recomendaciones empiecen a dejarse de lado.
Afortunadamente hasta el momento la posibilidad de que se vuelvan a imponer cuarentenas y otras restricciones a la movilidad ciudadana y el sistema productivo no parece cercana. Así como ocurrió en los recientes puentes festivos y el último “Día sin IVA”, depende de la disciplina individual y colectiva que esta circunstancia continúe así. Entendiendo que la población está cansada de todas las limitaciones impuestas desde marzo pasado y que existe un sentimiento mayoritario de ansiedad ciudadana por retomar la normalidad, más aún para las festividades navideñas y de cambio de año, no es momento de lanzarse a las celebraciones masivas. Urge la ponderación y el autocuidado en cada hogar. Ya habrá otras oportunidades para recuperar el tiempo perdido. Por ahora el llamado es uno solo: no nos arriesguemos.